15/10/2019
Ópera

Ópera. El libreto que sobrevivió al nazismo

El Teatro Real estrena Brundibár, que convivió con los prisioneros de Terezín

Juan Luis Gallego - 08/04/2016 - Número 28
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Ópera. El libreto que sobrevivió al nazismo
Uno de los dibujos de los niños del campo. Haas, Leo: ‘¡Niño, no hagas eso!’
Más de 35.000 personas murieron en cuatro años en el campo de concentración de Terezín, una ciudad fortificada a algo más de 60 kilómetros de Praga. Una cifra más, benévola incluso, en medio de la barbarie de aquellos años. Los nazis eligieron ese enclave para tratar de disfrazar la realidad y para convertirlo en una especie de escaparate de ficción con el que intentar convencer al mundo de que no eran tan malos, de que la “solución final”, la que consagró como plan de actuación el exterminio de los judíos, no era más que propaganda aliada. Para muestra, Terezín, una “ciudad balneario” administrada por judíos en la que los reclusos podían trabajar, educar a sus hijos y desarrollar diversas actividades culturales.

La realidad, obviamente, era otra. Terezín no era más que un lugar de tránsito del que, a la vez que llegaban convoyes con miles de judíos, salían otros en dirección a una muerte prácticamente segura en Auschwitz-Birkenau: de los 87.000 que fueron evacuados desde allí hacia el este solo 3.800 sobrevivieron. De los casi 7.600 niños que hicieron el mismo trayecto, solo 142. La administración judía del campo servía únicamente para transmitir las órdenes nazis, y el hacinamiento, el hambre y la insalubridad se pegaban a la piel de los prisioneros como una plaga mortífera.

Hans Krása compuso la ópera infantil antes de la guerra y fue interpretada 55 veces en Terezín

Había un resquicio de esperanza en ese lugar en el que los nazis llegaron a permitir una visita de la Cruz Roja y decidieron, en su burdo plan de falsear la realidad, permitir una cierta actividad cultural. A ella se aferraron los reclusos como única vía para engañar a la desesperación. Entre ellos se encontraba Hans Krása, compositor judío, autor, entre otras muchas obras musicales, de Brundibár, una ópera infantil que había compuesto antes del inicio de la guerra, con libreto de Adolf Hoffmeister, y que tuvo que reconstruir de memoria, ya en Terezín, donde fue interpretada 55 veces con la ayuda de los niños que allí habitaban.

Un recuerdo de la vida normal

Una de esas niñas fue Dagmar Lieblová. “Los ensayos empezaron en algún momento a principios del año 1943. Para todos los participantes era un gran acontecimiento. Desde el principio estuvimos totalmente entusiasmados —cuenta ahora—. Tanto en los ensayos como en las representaciones no pensábamos en si teníamos hambre o si nos amenazaban todo tipo de enfermedades o si cualquier día nos podían enviar a otro campo de concentración. Cantábamos con alegría y con entusiasmo.”

Lieblová, que tiene 86 años, ha venido a España para asistir a la próxima representación de Brundibár en el Teatro Real de Madrid. Seré los días 9 y 10, en cuatro funciones, y el domingo 24, en dos funciones, en su sala principal. El Teatro ha dispuesto también, en el nuevo espacio de exposiciones de la séptima planta, una muestra con dibujos y pinturas hechos por los niños prisioneros en Terezín, testimonios rescatados tras la liberación de la ciudad, cuando en sus instalaciones aún sobrevivían 1.600 menores de 15 años.

Brundibár era para nosotros como un cuento sobre la vida normal —recuerda Lieblová—, sobre el mundo en el que se vendían bollos y helados, donde los niños iban a la escuela y no tenían que llevar una estrella amarilla. Canté en el estreno del 23 de septiembre y después ya solo en unas pocas representaciones más. En diciembre de 1943 nuestra familia fue enviada a Auschwitz-Birkenau. A pesar de eso, para mí Brundibár en Terezín supuso una experiencia inolvidable.”

Hans Krása también fue enviado a Auschwitz, donde murió en 1944. La ópera que interpretaron los prisioneros de Terezín va a ser  representada por los solistas y coros de los Pequeños Cantores y la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid, bajo la batuta de Jordi Francés y dirección de escena de Susana Gómez.

A estos jóvenes intérpretes se dirigió el pasado domingo, día 3, al comienzo del ensayo general, Dagmar Lieblová, para recordarles el significado de una obra que, dijo, a ella y quienes la cantaron con ella en el campo de refugiados les servía para “soñar con la vuelta, algún día, a una vida normal” que, finalmente, “llegarían a disfrutar muy pocos”.

Brundibár cuenta la historia de dos hermanos que tratan de conseguir dinero para comprar leche para su madre enferma intentando cantar en la calle, pero se encuentran con la oposición de un malencarado feriante callejero —Brundibár— que no quiere competencias en su territorio. Desprendida en la versión actual del dramatismo que acompañó sus primeras representaciones, la ópera sigue sirviendo, sin embargo, para llamar la atención sobre una realidad tan vigente como entonces, la marginación infantil a causa de la pobreza, y un mensaje eterno: la importancia de la solidaridad de una comunidad como pieza clave para el cambio.

Brundibár
Brundibár
De Hans Krása Libreto de Adolf Hoffmeister
Dirección musical de Jordi Francés
Dirección de escena de Susana Gómez
Teatro Real de Madrid