18/9/2019
Política

Al paso alegre de la CUP

Con 10 escaños y tres concejales, la minoría anticapitalista marca el calendario y el debate a la Generalitat y al Ayuntamiento de Barcelona

Francesc Arroyo - 03/06/2016 - Número 36
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En Cataluña, quien marca el ritmo político es la CUP. Le basta para ello con tener 10 diputados en el Parlament y tres concejales en el Ayuntamiento de Barcelona, las dos principales instituciones políticas. En ninguna de ellas hay mayoría de gobierno ni posibilidades de formarla a corto plazo. Resultado: la minoría anticapitalista puede gestionar sus votos a su antojo. Pero no se limita a eso, sino que hasta ahora ha sido también capaz de imponer el calendario y los asuntos a discutir, tanto a la coalición Junts pel Sí como a las fuerzas municipales que encabeza Ada Colau.

En vísperas de una campaña electoral que se supone decisiva para todo, lo que se discute en Cataluña es si Junts pel Sí acepta o no lo que la CUP exige en los presupuestos de la Generalitat o la actuación de las fuerzas de seguridad: Mossos d’Esquadra y Guardia Urbana de Barcelona. Lo que dice la CUP.

Lo que se discute son las condiciones de la CUP a los presupuestos y sus críticas a las fuerzas de seguridad

La fuerza de los antisistema deriva de un hecho incontestable: los demás son incapaces de ponerse de acuerdo en nada, de modo que se habla de lo que deciden sus diputados o sus concejales y quien no quiera apuntarse al guion, queda fuera del debate. Le está pasando al PP, lo que no es nuevo, pero le ocurre también a Ciudadanos. Puede que esté creciendo su reconocimiento (lo que no implica necesariamente intención de voto) en el resto de España, pero en Cataluña el partido de Rivera es cada día más invisible, pese a ser el grupo de la oposición con más diputados del Parlament. Y es que la verdadera oposición no es otra que la CUP.

Catalunya sí que es pot (la versión parlamentaria de Ada Colau más Podemos más ICV) es cortejada de vez en cuando por Convergència, algo que sienta mal a ERC. Pero Lluis Ravell y sus muchachos no se lo toman muy en serio. Saben que se trata de un gesto destinado a dar celos a la CUP. Los socialistas, por su parte, insinúan su disposición a un pacto de presupuestos que les otorgue una imagen de equidistancia. El problema es que exigen la renuncia a los gestos independentistas, algo que no pueden asumir los de Junts pel Sí sin dinamitar la coalición. Y para eso ya está la CUP.

Todos estos movimientos repercuten en Junts pel Sí mostrando sus fisuras. Esquerra trata de contemporizar con la CUP, no vaya a ser que en las próximas elecciones autonómicas les coma parte del electorado. Una conllevancia que Convergència está digiriendo fatal ya que deja a Mas y Puigdemont (aún no se sabe quién va primero) como los malos de la película. Al final, si como anuncian Mas y Francesc Homs la falta de presupuestos arruina la posibilidad del proceso independentista, les echarán la culpa a ellos, que no han querido ceder a las exigencias de la CUP, todas de fuerte contenido social o simbólico.

Porque la CUP no pide la luna sino, para decirlo en palabras de su diputado Benet Salellas, los “presupuestos del Tripartito”. Es decir, un plan de barrios y atención a los más desfavorecidos. El plan de recuperación de los barrios más pobres lo está acometiendo el Ayuntamiento de Barcelona y ERC no le haría ascos. Convergència aún no sabe qué decir. De momento ha optado por arremeter contra Esquerra, acusándola de no ser capaz de defender unos presupuestos que, recuerda Homs, no son de Convergència sino del Gobierno de la Generalitat, donde también está ERC.

Portavoces de CDC acusan ahora al grupo anticapitalista de ser el principal enemigo del independentismo

Pero claro, la CUP pide además gestos que muestren la voluntad de desobediencia a la que se aludía en la declaración parlamentaria del 9 de noviembre. En concreto: recuperar los tributos suspendidos o anulados por el Tribunal Constitucional. En el primer caso, el que gravaba los depósitos bancarios; en el segundo, los que afectan a los pisos vacíos y a las nucleares. Y exigen aumentar el IRPF a las rentas altas y una reducción para las más bajas. Oriol Junqueras se muestra dispuesto a ambas cosas, siempre que se considere rentas altas por encima de los 90.000 euros, pero Carles Puigdemont dice que un incremento en el IRPF es inviable. La CUP ha ignorado su respuesta y ha precisado que entiende por renta alta las superiores a 60.000 euros al año. Los opinadores cercanos a CDC se han despachado y sostenido a coro que la CUP se ha convertido en el principal enemigo del independentismo. Los anticapitalistas son, prácticamente, el brazo armado de Rajoy, afirman. Así de claro.

Y eso que la CUP se pasa el día criticando el uso de las armas, sobre todo por parte de los Mossos (ahí tiene otro frente con Junts pel Sí) y de la Guardia Urbana de Barcelona, donde mantiene a raya a Colau. Para que todo se mezcle, el otro día el concejal barcelonés Josep Garganté asistió a una manifestación a favor de los okupas de Gràcia y recibió un golpe de porra. No se lo dio un guardia urbano sino un mosso d’esquadra. A eso se le llama solidaridad de cuerpos, o quizás que contra la CUP, todo vale.