20/6/2019
Europa

Embestir o desactivar el yihadismo en Europa

La UE no centraliza la información de los servicios de inteligencia

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Embestir o desactivar el yihadismo en Europa
Manuel Valls habla con la policía tras los atentados de París en noviembre de 2015.EPA / ERIC Feferberg / EFE
La toma de conciencia en Francia y en el resto de Europa de la amenaza del yihadismo que provocaron en su día los atentados contra Charlie Hebdo no se ha traducido en hechos reveladores”, dice a AHORA Farad Khosrokhavar, sociólogo franco-iraní de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París (EHESS). Es cierto que “se coopera un poco más, pero las instituciones europeas que podrían dar un sentido de conjunto no están al nivel requerido porque no hay una agencia que centralice la información de los servicios de inteligencia”, reconoce este investigador, autor de Le jihadisme: le comprendre pour mieux le combattre (Plon, 2015).  

Precisamente la primera iniciativa comunitaria lanzada por el ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve, tras los brutales atentados terroristas del 13 de noviembre en París fue reunir a sus homólogos  de la UE para tomar medidas que refuercen la lucha antiterrorista entre los socios. Cazeneuve pidió que se celebrara esa reunión al tiempo que las policías de Francia y Bélgica trabajaban conjuntamente, anunciando detenciones de supuestos implicados en la matanza reivindicada por Estado Islámico (EI). Esa cooperación, sin embargo, no deja de ser excepcional, enmarcada en una situación crítica para las autoridades. 

La lógica que siguen los servicios de inteligencia y las policías de los países de la UE consiste en priorizar el trabajo dentro de las fronteras nacionales. Además, las estructuras comunitarias no dejan espacio para albergar la agencia de información de la que habla Khosrokhavar. “Bajo el Tratado de Lisboa, la seguridad es una competencia nacional y Europa no tiene capacidad de hacer nada, aunque desde Bruselas se hace hincapié en la necesidad de prestar atención a estos temas para que los miembros de la UE compartan información”, recuerda a este periódico Nigel Inkster, del think tank británico Instituto Internacional para Estudios Estratégicos (IISS). Por eso “es difícil para las instituciones europeas tener un papel de liderazgo en la lucha antiterrorista”, añade Inkster, investigador con 31 años de experiencia en los servicios secretos de inteligencia del Reino Unido.

Bruselas no puede liderar la lucha antiterrorista porque la seguridad es competencia nacional

Uno de los principales desafíos que plantea el yihadismo a los países de la UE es que no entiende de fronteras. “Aunque las autoridades europeas estén a estas alturas muy familiarizadas con las amenazas yihadistas transnacionales, contener y prevenir ataques de un actor como EI es un auténtico desafío: opera de forma transnacional, es muy competente en términos de propaganda, tiene una ideología religioso-política y busca interpelar a segmentos de la población musulamana”, explica Petter Nesser, investigador del Centro Noruego de Defensa (FFI). 

Autor del primer libro que ofrece una visión de conjunto del terrorismo yihadista en Europa, Islamist Terrorism in Europe (Hurst & Co, 2016), Nesser recuerda que aun así “la amplia mayoría de los atentados planeados por yihadistas en Europa han sido frustrados”. Esto no habría sido posible sin las medidas que están tomando los gobiernos europeos para enfrentarse a la amenaza yihadista. Por decisión del presidente Hollande y a raíz de los últimos atentados, en Francia se ha decretado el estado de emergencia, lo que otorga poderes especiales a las autoridades. Desde los ataques en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo y en un supermercado judío el pasado mes de enero se han movilizado hasta 7.000 militares de forma permanente. Ese número llegará a los 10.000 tras los últimos atentados, que suponen una “escalada en la violencia yihadista que hemos visto hasta ahora”, apunta Nesser. 

También tras la matanza de enero se aprobó en Francia un incremento de 2.680 nuevos puestos dedicados a la lucha contra el terrorismo. Lo que se llamó en ese momento “movilización general contra el terrorismo” también implica desde el pasado mayo una nueva ley sobre espionaje que, entre otras cosas, permite a las autoridades realizar escuchas a cualquier supuesto terrorista sin el visto bueno de un juez. Por otro lado, este verano se formó el Estado Mayor Operacional de Prevención contra el Terrorismo, un órgano del Ministerio del Interior galo que aspira a saber cuanto sea necesario de los individuos radicalizados en suelo francés con el objetivo de garantizar la seguridad.

“Hasta ahora, la respuesta en Francia ha consistido en reforzar la seguridad y los servicios secretos”, subraya a este semanario Olivier Roy, experto en el mundo islámico e investigador del Instituto Europeo de Florencia y que ha sido un cuarto de siglo consejero del Ministerio de Asuntos Exteriores francés. Paralelamente, Francia desarrolla desde hace un año la operación Chammal, una misión de bombardeos contra EI en Irak. En septiembre París decidió intensificar su intervención incluyendo objetivos en Siria. Tras los ataques de la capital francesa, Hollande golpea aún más fuerte a EI.

Refuerzo en Reino Unido

Junto a Francia, otro de los países que se encuentra bajo la amenaza de EI es Reino Unido. El Ejército británico también participa en los bombardeos contra la organización terrorista en Irak y Siria. Por eso no es casualidad que Scotland Yard ya disponga de unas renovadas fuerzas especiales para lidiar con ataques terroristas como los vividos en París. Además, los responsables de los servicios de seguridad británicos han diseñado planes para movilizar a militares y policías armados, aún cuando, por tradición, los agentes del orden de Reino Unido no patrullan con armas de fuego. 

“Hay que integrar a las  minorías ofreciendo educación y una mejor distribución de la riqueza”

El premier británico David Cameron también se ha manifestado a favor de aumentar la capacidad de las autoridades para acumular información sobre las comunicaciones de sus ciudadanos por motivos de seguridad. Esta tendencia, que consiste en reforzar la vigilancia de las telecomunicaciones, también se observa en otros países como Alemania, con un perfil bajo en Oriente Medio. Berlín se ha centrado en apoyar a los aliados de las potencias occidentales que luchan contra EI a través del envío de ayuda logística, que también ofrecen París o Londres. En ninguno de los países grandes de la UE se subestima la amenaza que representa EI. Pero los hay que ponen el acento en métodos de lucha contra el terrorismo yihadista que no son puramente represivos. 

“La guerra terrorista en Oriente Medio de Estado Islámico también está ocurriendo en nuestras sociedades. Uno no solo se puede proteger de esta amenaza con medios no militares, también hay que desarrollar un trabajo de integración de minorías ofreciendo educación, beneficios económicos y mejor distribución de la riqueza”, afirma Christian Mülling, investigador del Instituto Alemán para Política Internacional y Seguridad (SWP). Alude así este investigador a parte de las circunstancias que están detrás de la marcha de miles de jóvenes europeos a Siria e Irak para participar en mayor o menor medida en las actividades de EI. “Hay unos 4.000 europeos allí, y serían más si no fuera porque ahora los amenazan con retirarles el pasaporte”, apunta Khosrokhavar.

Según Roy, el problema del terrorismo yihadista es, sobre todo, un problema social que consiste en la radicalización de la juventud y en la fascinación por la violencia. “Estamos ante una cuestión social en la que el islam ejerce de espejo en el que se miran los radicalizados”, apunta. “Es lo que hay en el mercado: si alguien quiere estar en la portada de los diarios hay que matar gritando en árabe allahu akbar (dios es el más grande). 

En este sentido es vital el trabajo de prevención de la radicalización por parte de las autoridades y de la sociedad civil. “La prevención es la parte más difícil frente al yihadismo porque no puede implementarse únicamente por parte de los gobiernos y porque depende muchísimo de la sociedad”, señala Nesser. 

Tan necesarios como complejos se presentan también los programas de desradicalización desarrollados en países como Alemania, Reino Unido, Dinamarca o Bélgica, en los que cooperan desde las autoridades e instituciones  hasta los entornos familiares de los radicalizados. El terrorismo yihadista constituye, en suma, un problema poliédrico difícil de resolver que implicará más de una reunión de ministros del Interior de la Unión Europea como la convocada por Cazeneuve. 

Los responsables del Interior de los países miembros de la UE abordan cuestiones como la coordinación de la lucha contra el tráfico de armas, el restablecimiento de los controles en las fronteras y la creación de un Registro de Nombres de Pasajeros con el que poner en conocimiento de las autoridades los datos de quienes viajan por el continente. Estas son, sin duda, medidas a estudiar. Pero no son ni serán las únicas en una compleja lucha que involucra a los gobiernos, las fuerzas de seguridad y la sociedad de cada uno de los estados de la UE.

Schengen se tambalea

El Acuerdo de Schengen contempla de forma excepcional la restauración de controles en las fronteras, como ha ocurrido con la crisis de los refugiados en las zonas más afectadas: Hungría, Austria, República Checa, Eslovaquia o Alemania. Suecia se ha sumado a la lista de países que ha restablecido estos controles. Lo hizo en la víspera de los atentados de París. Dos días antes Eslovenia empezó a construir una valla en su límite con Croacia. 

“Schengen facilita el transporte de personas y mercancías, algo que resulta beneficioso para militantes de movimientos transnacionales”, recuerda Nesser. De ahí que Hollande anunciara el restablecimiento de los controles la noche de los ataques. Con esa medida Francia puede, entre otras cosas, vigilar quiénes entran en su territorio desde viveros yihadistas como Molenbeek, en Bruselas, donde la implantación del yihadismo tiene que ver con la atomizada situación de las fuerzas del orden. “Tenemos 19 municipios en Bruselas”, lo que implica que la gestión está “demasiado dividida”, según el ministro del Interior belga, Jan Jambon.