5/12/2020
Análisis

América Latina. 10 claves para afrontar la caída del comercio internacional

La creciente fragmentación de las relaciones comerciales es producto de la nuevas reglas del juego de la economía mundial

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América Latina. 10 claves para afrontar la caída del comercio internacional
Cosechadoras de soja en Campo Novo do Parecis, a unos 400 kilómetros al noroeste de Cuiabá, en Mato Grosso, Brasil. YASUYOSHI CHIBA / AFP / GETTY
La caída del comercio mundial y regional es una señal de alerta que pone de relieve la magnitud de los cambios que están ocurriendo y que seguirán sucediendo en el mundo. Circunstancias que reclaman grandes dosis de voluntad política, pragmatismo en el fortalecimiento del mercado regional y una gran concertación entre países para incidir y proyectar a América Latina en las nuevas reglas del juego que están reconfigurando la economía y el comercio mundiales.

1. Comercio y crecimiento económico mundial

La relación entre comercio internacional y crecimiento económico ha sido una constante a lo largo de las décadas recientes. En los últimos 50 años, solo en cinco ocasiones el crecimiento del comercio fue inferior al del producto interior bruto (PIB) mundial. Una de esas coyunturas se ha dado en 2015, cuando, según las estadísticas de la OCDE, el comercio mundial creció apenas el 2% y el PIB lo hizo al 3%. (Otro hecho notable que destaca la OCDE, y que se dio en las otras cuatro similares circunstancias, es que la economía mundial entró en recesión.) Peor situación, sin embargo, tuvo la relación comercio-crecimiento en el caso de América Latina. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el comercio exterior de la región se contrajo en un 15% y, lo que es aún más negativo, el crecimiento interregional bajó en un 23%. Estas cifras merecen una reflexión sobre los desafíos que enfrenta el mundo pero, sobre todo, la región latinoamericana.

2. Desplome de la demanda de materias primas

La caída del comercio internacional obedece a causas bien conocidas. Por una parte, los grandes desequilibrios financieros generados en los años 2008 y 2009 no han sido superados en muchos países con gran peso en la economía mundial. Otro hecho notorio es el desplome de la demanda global de materias primas debido a la ralentización de la economía china y el bajo crecimiento que aún persiste en los países de la Unión Europea. Estos factores tuvieron un impacto muy fuerte sobre la evolución de la economía latinoamericana, que, en su conjunto, cerró el año 2015 con un crecimiento negativo (-0,4%).

3. Cambio de prioridades en pekín y crudo barato

Es preciso recordar que buena parte del contrapeso que tuvo en el comercio mundial la caída del PIB de los países desarrollados en los años 2008 y siguientes lo proporcionó el vigoroso crecimiento de la economía china. Pero ese avance, luego de haber alcanzado altas cifras en décadas pasadas, comenzó un proceso de decrecimiento sostenido impulsado últimamente por el cambio de las prioridades que se ha fijado el Gobierno chino para su economía. Hay una clara preferencia asignada al mercado interno y al sector servicios sobre las actividades manufactureras y de exportación. Dado el importante peso de China en el comercio mundial, este cambio en las prioridades de su modelo de desarrollo ha tenido un fuerte impacto en los precios de las materias primas de las cuales depende especialmente América Latina y, en particular, los países del sur del continente. Se trata del efecto sobre la demanda de alimentos, recursos energéticos y metales. La caída de los precios afectó al valor de las exportaciones a nivel mundial de forma significativa. Un producto tuvo un desplome particularmente espectacular: el petróleo. Los excesos de producción por la entrada de novedosas fuentes de producción como el fracking y nuevos pozos han generado una caída espectacular del precio, afectando fuertemente a los países productores y a su capacidad de compra e inversión en los mercados internacionales.

4. Incertidumbre y expectativas frustradas

Un elemento adicional lo proporcionan la incertidumbre de la economía internacional, las expectativas frustradas de crecimientos pujantes en Japón y la Unión Europea y la propia dinámica consumidora e inversora de los países productores tradicionales de petróleo. La incertidumbre de la economía internacional no cesa de sorprendernos. No estábamos acostumbrados a temer a la deflación, sino a la inflación. No se recuerda un periodo semejante de abatimiento de la confianza del consumidor, y la falta de apetito de las inversiones en varias de las principales economías del planeta pone de relieve un exceso de ahorro sobre la inversión pese a la aparición de los intereses negativos. Las políticas económicas fueron asumidas casi totalmente por los bancos centrales, cuyo stock de medidas, luego de haber aportado grandes volúmenes de liquidez y de reducir las tasas de interés a cifras negativas, se está agotando sin que el frente fiscal haya reaccionado con mayor firmeza e iniciativa ante estos hechos.

5. América del sur, la más afectada

¿Cómo impacta esta situación sobre la coyuntura económica de América Latina y cuáles son las medidas políticas que deberían activarse para enfrentar la situación creada?

La economía latinoamericana en su conjunto cerró el año 2015 con un crecimiento negativo

Comencemos por recordar que estamos en un momento de alta imprevisibilidad y de grandes riesgos, en el que la prudencia y la flexibilidad de las políticas deben ser fundamentales. El primer impacto sobre la región se comenzó a sentir en el año 2014. En 2015, como se ha señalado, la economía latinoamericana tuvo un crecimiento ligeramente negativo. Esta situación se hizo particularmente grave en los países de América del Sur, con algunas excepciones como las de Perú, Bolivia y Paraguay, donde el ajuste del producto fue menor que los del promedio. En cambio, se sintieron fuertes impactos en grandes economías como Venezuela, Brasil y Argentina que tienen el mayor peso sobre los promedios regionales. En estos países además de los impactos externos hay factores políticos y económicos de orden interno que han agravado la situación y continúan agravándola, aunque aparecen señales de recuperación en algunos de ellos.

Afortunadamente, los países habían acumulado, en general, un cómodo stock de reservas internacionales que sirvió para reducir el impacto de la caída del comercio y de los precios de las materias primas. Además, una mayor calidad de la gestión macroeconómica se adhirió a las políticas de tasas de cambio variables para disminuir los impactos del choque externo.

6. Adiós a la exuberancia de la década dorada

Todos los datos nos hacen pensar que el deterioro de los precios de las materias primas va a continuar y no es previsible un retorno a la exuberancia de los precios de la década dorada. Es cierto que el petróleo, del cual dependen fuertemente varias de las economías de la región, se recuperará. Pero nadie asume, con las nuevas fuentes de producción y el reingreso al mercado de países como Irán, que hayan de alcanzarse los altos precios de los últimos años. Es previsible, además, que la recuperación de la economía estadounidense  impulse el retorno de capitales invertidos en el mundo en desarrollo en los años de bonanza y que el apetito por las inversiones, que fue muy fuerte en América Latina en esos tiempos, no tenga el vigor que hemos conocido.

7. Recomendaciones

Tres recomendaciones parecen posibles dentro del espíritu de flexibilidad y prudencia que exige el presente escenario. En primer lugar, es importante ingresar en acuerdos preferenciales con las diversas áreas económicas del planeta. Una segunda recomendación tiene que ver con la necesidad de avanzar en la dinamización de los tratados de comercio vigentes en la región. La tercera está relacionada con las políticas de desarrollo internas, el impulso de nuevas reformas económicas y la formación de capital humano.

8. Nuevas vías de comercio  y posturas concertadas

La apertura de canales de comercio en todas las direcciones es una política altamente recomendable en las actuales circunstancias.

Esa fue en todo caso la inspiración que durante décadas llevó a América Latina a promover el fortalecimiento del multilateralismo y la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La Ronda Uruguay del GATT, en 1986, puso de manifiesto la determinación de la región por incorporar la agricultura y los servicios a las negociaciones multilaterales del comercio internacional y a la creación de la OMC. Hoy, esas realidades atraviesan momentos críticos. La incapacidad de avanzar en la Ronda Doha y el progreso de las negociaciones entre grupos de países están provocando el debilitamiento de la OMC y el paso a una etapa de grupos negociadores que por su fuerza pueden determinar las reglas universales que antes aspirábamos a que surgieran del diálogo multilateral. El mundo enfrenta así los peligros de una fragmentación de las relaciones comerciales que consideramos tan arriesgada como inevitable.

El fracaso de Doha y el progreso de las negociaciones entre grupos de países están debilitando la OMC

América Latina no puede permanecer alejada de esas realidades y ha de procurar por todos los medios incorporarse a esos procesos, negociando como grupo y procurando incorporar equilibrios y defensas en su participación en el comercio mundial. Los avances de los grandes megatratados entre países, como los del Pacífico (TPP), el Atlántico Norte o el Sudeste Asiático (ASEAN), debieran promover un debate entre los estados latinoamericanos para adoptar posturas concertadas que permitan a la región incidir en las políticas que adopten finalmente esos acuerdos comerciales que influirán de forma inevitable en nuestro comercio internacional. Así lo han tenido en cuenta los países latinoamericanos que se han incorporado al Tratado de Libre Comercio con el Pacífico o los que integran la discusión de acuerdos especiales como el TISA, dedicado al comercio de servicios. También los países latinoamericanos que han concertado acuerdos preferenciales con Estados Unidos, Europa y algunos países asiáticos, preocupados por no quedar excluidos de los accesos principales a esos importantes mercados. La concertación de posiciones entre los países del continente es fundamental no solo para potenciar la presencia internacional de América Latina sino también para evitar que las fragmentaciones externas la fraccionen como región, lo que supondría un lamentable retroceso histórico.

 9. Aumentar el intercambio regional

Se debe aceptar que, luego de 50 años de tratar de impulsar tratados comerciales entre los países de la región —con la excepción de los estados de América Central—, los demás acuerdos han tenido un crecimiento débil y con grandes decepciones para los actores comerciales y la propia opinión pública. Esa situación, que no debió darse y a la que se llegó por falta de impulsos políticos indispensables, debiera hoy revertirse con urgencia para incrementar el desarrollo del comercio regional, que apenas supone el 17% del total.

Se ignora así el potencial de un mercado que se está acercando a los ocho billones de dólares de producto. Se precisa determinación política pero también la flexibilización de los esquemas de integración, más influidos por el reflejo de imitar la experiencia europea que por encontrar caminos propios adaptados a las realidades latinoamericanas. Y, por supuesto, se requiere la inevitable participación activa del sector privado, complementario del sector público, sin cuya participación todo esfuerzo de integración se verá debilitado o frustrado.

 10. Retomar la senda del desarrollo

La última clave tiene que ver con las políticas de desarrollo internas, en las cuales se produjo una gran expansión pero muy dependiente del ciclo internacional (y que han sufrido un fuerte retroceso en estos dos últimos años). Se debe retomar la senda de las reformas económicas pendientes y la imperiosa necesidad de privilegiar la formación de los recursos humanos en una educación de calidad, la tecnología y la innovación. También se precisa el aumento de la productividad general de los factores y la reforma del Estado. Si siempre fueron necesarias, hoy no pueden ser postergadas. Algunas experiencias exitosas en esos campos señalan que la tarea es posible, además de necesaria.