15/10/2019
Análisis

Nubarrones en la economía mundial

Síntomas de desaceleración, aumento de la deuda y el agotamiento de la política monetaria apuntalan la sensación de fragilidad

Carlos Sebastián - 04/03/2016 - Número 24
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Nubarrones en la economía mundial
En EE.UU. no quedan pozos rentables. “Hoy nuestro objetivo es sobrevivir”, afirmó Danny Campbell, presidente de la Asociación Petrolera de Permian Basin en Texas, en la cena de gala. M. STRAVATO / THE NEW YORK TIMES/CONTACTO
La ralentización del crecimiento y del comercio, la caída de los precios de las materias primas y las turbulencias en los mercados financieros están lanzando señales sobre la fragilidad de la economía mundial. Y lo cierto es que no parece que esas señales sean espejismos que se vayan a disipar fácilmente, sino que reflejan un conjunto de preocupantes aspectos de la realidad económica global. Repasemos los más relevantes.

Los datos parecen concordar relativamente bien con la hipótesis del estancamiento secular formulada por un economista tan experimentado como Larry Summers. Junto a una notable desaceleración de la productividad agregada, ligada a los pobres avances en sectores servicios que ocupan cada vez a más gente, se está produciendo un claro estancamiento en los niveles de inversión productiva, que en alguna medida puede explicarse por el abaratamiento relativo de los bienes de capital y por la menor intensidad en capital físico de las nuevas tecnologías, pero que puede encerrar una falta de confianza.

Estancamiento secular

En cualquier caso, lo que está suponiendo es un persistente exceso de ahorro, y no solo por la elevada propensión a ahorrar de los países asiáticos sino también por el significativo deterioro de la distribución funcional y personal de la renta en el mundo occidental hacia grupos con mayor propensión a ahorrar. En este contexto de desequilibrio entre ahorro e inversión es en el que, tanto Summers como el premio Nobel Michael Spence, piden un incremento sustancial de la inversión pública.

El mencionado desequilibrio produce un nivel muy bajo del tipo de interés real, en el que abunda la agresiva política monetaria seguida por buena parte de los bancos centrales, que está conduciendo a tipos de interés nominales nulos e, incluso, negativos. Todo ello ha despertado un mayor apetito por el riesgo que se ha traducido en una mayor inestabilidad financiera, pues hay ingentes volúmenes de fondos moviéndose por el sistema en busca de mayores rentabilidades y dejando a su paso burbujas de mayor o menor intensidad desinfladas bruscamente, que ocasionan significativos desequilibrios financieros. La idea de Summers es que el lento avance secular experimenta aceleraciones impulsadas por esas burbujas, que al explotar crean crisis de balance (desequilibrios en los balances de los agentes) más difíciles de superar.

Un preocupante aspecto del estancamiento secular, apuntado también, recientemente, por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es la caída de la tasa de empleo, incluso en los países en los que el paro está casi en mínimos históricos, como en Estados Unidos. Summers muestra que en la recesión de finales de los años 70 se produjo una caída permanente en la tasa de empleo y que con la Gran Recesión se ha producido otra bajada significativa, de la que apenas se ha recuperado con la mejora de la coyuntura.

Efectos sobre la desigualdad

La deslocalización de puestos de trabajo a países que tenían grandes bolsas de paro encubierto y las características del cambio tecnológico pueden ser las causas de este hecho. Las consecuencias del mismo sobre el incremento de la desigualdad y la aparición de bolsas de pobreza relativa son preocupantes. La representación del aumento de la desigualdad por el peso creciente que el 1% de los más ricos tiene en la renta total resulta muy llamativo, pero hay otros datos tan espectaculares o más.

El empobrecimiento de la clase media en Estados Unidos, y en otros países, es muy notable, y, como muestra el último premio Nobel de economía Angus Deaton, ha llegado a producirse una disminución de la esperanza de vida de los asalariados sin estudios universitarios (incluidos los blancos). En los últimos 40 años, la mediana de los salarios no ha crecido en términos reales, cuando el PIB estadounidense se multiplicó por 2,9, y en los últimos 20 la retribución media de los empleados con estudios primarios y secundarios se ha reducido casi  un 20%. La suma de menor renta y menor empleabilidad, en un contexto de deficiente cobertura sanitaria, explica la menor longevidad.

En EE.UU. está disminuyendo la esperanza de vida de los asalariados sin estudios universitarios

El aumento de la desigualdad no parece ser coyuntural. Junto a los mismos factores que han ocasionado la caída de la tasa de empleo, mencionados antes, hay otras causas de orden institucional. “Gobernar para las élites” es el título de un informe reciente de Oxfam que se puede aplicar también a los países desarrollados. La desregulación en mercados con información asimétrica y/o posiciones dominantes, la regulación sesgada en otros mercados, la deficiente supervisión y la mala calidad del gobierno corporativo son ejemplos claros de fallos institucionales que inciden negativamente sobre la distribución.

Y la polarización de la distribución fortalece a los que tienen interés en bloquear las reformas que permitieran superar esas distorsiones. Puede producirse así una trampa institucional, de naturaleza análoga, aunque obviamente de menor intensidad, a la que mantiene en el subdesarrollo a muchos países: fallos institucionales condicionan los resultados económicos y su distribución y el deterioro de esta da más poder a las minorías favorables a mantener ese estado de cosas. Las consecuencias son menor estabilidad económica y política, mayor desequilibrio entre ahorro e inversión y, a la larga, menor crecimiento.

Endeudamiento imparable

Otro rasgo preocupante de la situación actual de la economía mundial es el elevado endeudamiento, que no deja de crecer, tal como recogen los informes McKinsey sobre el particular. No se ha producido una corrección significativa de los desequilibrios en los balances acumulados durante los años que precedieron a la Gran Recesión. En algunos países el sector privado ha registrado un ligero desapalancamiento, pero en otros la deuda privada ha seguido creciendo. Y en China el aumento en el endeudamiento ha sido espectacular. La agresiva política monetaria de la expansión cuantitativa ha contribuido a tener tipos de interés prácticamente nulos, lo que representa un alivio para los deudores, pero no ha incentivado el desapalancamiento ni ha elevado la inflación, lo que hubiera reducido los niveles reales de deuda.

Ante los síntomas de desaceleración, los niveles generalizados de deuda y el agotamiento de la política monetaria  —¿qué más se va a hacer si llega una nueva recesión?— producen una imagen de fragilidad que redunda negativamente en las expectativas. La caída en los precios del petróleo y de las materias primas es una magnífica noticia macroeconómica para los países importadores, pero está hundiendo las valoraciones de las empresas de energías fósiles, empeorando los resultados de los bancos implicados en la financiación de economías emergentes y de actividades de fracking, y todo ello eleva el sentimiento de fragilidad.

La caída del petróleo y de las materias primas está hundiendo las valoraciones de las empresas de energía

¿Y la economía española? Pese al fuerte crecimiento del PIB en 2015, su nivel está aún un 5% por debajo del de 2008 y solo el 69% de los españoles entre 25 y 54 años están empleados. Y, por encima de esta débil recuperación, seguimos divergiendo en las variables más relevantes para el crecimiento a largo plazo (productividad, innovación, etc.) de los países más avanzados de Europa. Los principales determinantes de esa divergencia son factores de orden institucional. Su superación no es imposible, pero requiere de una decidida voluntad política para aumentar la transparencia, mejorar la calidad normativa y reducir las prácticas clientelares. ¿Será posible comenzar el proceso en este nuevo tiempo político?