18/9/2019
Análisis

Macri, el problema de un gran acierto inicial

La oposición exige al Gobierno que resuelva el problema fiscal a la misma velocidad que el cambiario, lo que está resultando imposible

Jorge Oviedo - 11/03/2016 - Número 25
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Una de las peores herencias que recibió el Gobierno de Mauricio Macri fue el cepo cambiario, ese esquema por el cual, como el kirchnerismo no podía conseguir los suficientes dólares al precio que quería fijar, optó por fijar las cantidades. Para las personas, comprar divisas al tipo de cambio oficial exigía pasar por controles impositivos, declarar destinos y usos y pagar, eventualmente, tasas diferenciales que luego podían computarse como adelanto de impuestos. Las empresas tenían que pedir permisos para importar, aunque se tratara de adquisiciones a casas matrices o filiales de la misma firma en países del Mercosur.

Cristina Kirchner y su ministro Kicillof, en la despedida, para fingir que el país no se había quedado sin dólares armaron un esquema de prohibiciones y limitaciones que incluía, como resultado, una cantidad enorme de cotizaciones. Al tipo de cambio oficial había que sumarle un 20% como anticipo impositivo si el uso era para turismo o gastos en el exterior. O 35% en otras ocasiones.

Un esquema disparatado

El enloquecido sistema también armó un mercado negro llamado “blue”. Muchos que lograban comprar dólares —aun con sobreprecios— en el mercado oficial, se lucraban vendiéndolo en el mercado paralelo, en un esquema que fue bautizado en la jerga financiera como “puré”.

La eliminación del cepo no produjo el estallido cambiario que pronosticaban los kirchneristas

La herencia económica que recibió Macri es casi la peor desde el regreso a la democracia en 1983, y aunque el cepo cambiario desapareció rápidamente, varios de los horrores que palidecían a su lado sobreviven. Algo parecido está ocurriendo con el conflicto en Nueva York con los holdouts o fondos buitre, que parece terminado o cerca de estar resuelto en menos de dos meses mientras al kirchnerismo y la previa gestión peronista no le bastaron 15 años. [El Gobierno estima que, en virtud de ese acuerdo, podrá emitir bonos por unos 15.000 millones de dólares en la que sería una de las mayores emisiones de deuda de los últimos 20 años en los países emergentes.]

En el poco tiempo previo a la asunción de Macri hubo fuertes discusiones sobre si el cepo debía ser eliminado de golpe o con gradualismo. Al final fue de golpe y no hubo el estallido cambiario que pronosticaban —y probablemente deseaban— los kirchneristas. Esa idea de éxito veloz ha hecho que dentro del Gobierno y entre sus seguidores y opositores se exija la misma velocidad para otros dolorosos legados, como la alta inflación y el elevado déficit fiscal.

El del déficit no es un problema menor. Parte del gasto público está destinado a financiar el coste de personal estatal contratado a tontas y a locas por los K para fingir que, al menos desde 2007, la economía no estaba estancada y con inflación alta y no creaba empleos que no fueran el puro subsidio estatal a personas que, en muchos casos, “no reunían los requisitos” y por tanto se les otorgaba una excepción con el beneplácito de la presidenta .

Pero resulta ahora que, como los sindicatos cobran aportes también de esas nóminas, el Gobierno se las ve difíciles para reducir planteles ostensiblemente innecesarios o incapacitados (según confesó muchas veces con su propia firma la entonces presidenta cuando los designó).
Detener pagos superfluos o inútiles también permitiría reducir el déficit y bajar la inflación, dos temas en los que a Macri se lo considera retrasado respecto de sus promesas. También reducir el impuesto sobre las rentas de los trabajadores, que el kirchnerismo llevó a niveles extravagantes, casi alemanes o escandinavos.

La cuestión de los ñoquis

Pero son muchos los sindicatos, incluso los de izquierda, los que han hecho movilizaciones en defensa de los “trabajadores”, que en muchos casos son mencionados despectivamente como ñoquis —por la masa italiana gnocchi, que por costumbre porteña suele comerse en las familias los 29 de cada mes—.
Los empleados públicos que son descalificados con la comparación son los que, supuestamente, aparecen solo los 29 de cada mes, cuando se pagan los salarios. El resto de los días no se presentan, pero parece que sus salarios pagan las cuotas sindicales y por eso les sobran los defensores. Rápidamente, el remanente de discurso agresivo del kirchnerismo identifica a los suyos como “gobierno de derecha que solo trabaja para los ricos y quiere descargar el ajuste solo en los pobres”.

Como dice el profesor y economista Juan Carlos de Pablo, los beneficiarios del gasto público suelen ser grupos de interés con acción coordinada. En cambio, los beneficiarios de los menores impuestos suelen ser “gente común, dispersa”. Es lo que parece estar pasando. Pero en la eliminación del cepo había de las dos clases de beneficiarios.

Por ejemplo, los importadores, a quienes se les daba permiso para traer insumos, productos y servicios y luego no se les vendían desde el Banco Central las divisas para pagar, hasta están representados por cámaras, que reclamaron oportunamente una deuda cercana a los 4.500 millones de dólares así acumulados. Y los exportadores, que querían con toda lógica y justicia dejar de pagar impuestos por vender al extranjero. En tiempos en que los mercados internacionales eran muy demandantes de productos argentinos, el matrimonio Kirchner llegó al extremo de prohibir las ventas al exterior de carnes vacunas. Esos disparates terminaron, pero ahora su derogación es para los kirchneristas la prueba de que “Macri gobierna solo para los ricos”.

No menos de 100.000 trabajadores habrían pasado al paro en 2015 en el sector de la construcción

De paso, la sobrevaluación cambiaria que generó el llamado cepo traía beneficios políticos. Una clase media que se sentía rica y gastadora en el devaluado Brasil o en la golpeada Europa. Y de paso el Estado, sin acceso al crédito internacional por el conflicto irresuelto con los holdouts en Nueva York, necesitaba que el Banco Central le cediera menos pesos al Tesoro para comprar a los exportadores los dólares para los pagos. Un poco menos de combustible para la inflación.

El kirchnerismo dejó en marcha un crecimiento del desempleo porque en 2014 comenzó a dejar de pagar los certificados de obras públicas. No menos de 100.000 trabajadores habrían pasado en 2015 al paro en el sector de la construcción, que tiene un buen sistema de detección y cobertura con seguro a los afectados. Pero según el kirchnerismo, que mantiene parte del poder de fuego mediático, “la culpa es de Macri”.

Un esquema disparatado para llegar al fin de un gobierno kirchnerista disparatado. Oficialistas y opositores al actual Gobierno le exigen que pare la inflación y resuelva la situación fiscal a la misma velocidad que el cepo, lo que está resultando imposible.