23/7/2019
Política

Balance de legislatura: ciencia. La inversión en I+D+i retrocede una década

En los cuatro años de Gobierno de Mariano Rajoy la inversión en investigación ha caído un 26% y se han perdido 8.000 investigadores. Del 1,35% del PIB que se dedicaba a I+D+i en 2008 se ha pasado al 1,24%

Carlos Larroy - 11/12/2015 - Número 13
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Balance de legislatura: ciencia. La inversión en I+D+i retrocede una década
Quique García / AFP / Getty

El Gobierno de Mariano Rajoy ha acabado la legislatura dedicando un 26% menos a investigación que cuando llegó a la Moncloa. Esto ha supuesto la pérdida de 8.000 investigadores y que la inversión estatal en I+D+i haya retrocedido a los niveles de hace una década. En conjunto, la caída del gasto público en este sector, que ya comenzó en los últimos años de José Luis Rodríguez Zapatero, se sitúa en el 33%, lo que, además de haber causado una fuga de cerebros, ha roto la senda de crecimiento sostenido iniciada en los 80 que buscaba colocar a España en la media de los países de la OCDE en cuanto al peso de la inversión en I+D+i sobre el PIB nacional. Uno de los organismos más afectados ha sido el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

España partía desde una clara situación de desventaja porque la apuesta por la ciencia durante la dictadura fue prácticamente nula. Sin embargo, en los años 80 se instauraron las bases del actual sistema investigador, con un modelo de financiación y becas basado en la concurrencia competitiva. Esto permitió iniciar un crecimiento sostenido, que si bien tuvo sus altibajos, logró que la I+D+i, tanto pública como empresarial, alcanzara un peso en el PIB del 1,35% en 2008. Sin embargo, los recortes de las administraciones y del sector privado en los últimos años lo han reducido al 1,24%. España sigue de esta forma lejos de la media de los países de la OCDE (2,4%) y de los 28 estados miembros (1,92%).


Además, hay que tener en cuenta que el recorte del Gobierno del PP va mucho más allá que ese 26% recién apuntado. Porque si bien esa es la merma registrada en las cuentas generales, la caída de la inversión ha sido mucho mayor dado que el Ministerio de Economía ha dejado sin ejecutar, ejercicio tras ejercicio, buena parte de lo presupuestado con el objetivo de contener el déficit. Por ejemplo, el Gobierno solo usó el 54% de lo consignado para 2012 y 2013, es decir, se quedaron sin utilizar unos 2.500 millones anuales. 

Diferencia con otros países

Pese a los recortes en esta legislatura, el discurso de la necesidad de que España dejara atrás el modelo del ladrillo por uno basado en el conocimiento y el valor añadido continuó utilizándose en foros político-económicos, en discursos parlamentarios y en ruedas de prensa. También por parte de los principales líderes del PP. Lo que enervó a la comunidad científica, que durante estos cuatro años ha estado muy activa en las redes sociales y ha hecho campañas para demostrar que la fuga de cerebros es una realidad. Uno de los argumentos más repetidos para demostrar la escasa apuesta del Ejecutivo de Rajoy
El Gobierno ha apelado a la crisis para recortar en investigación, al contrario que Suecia, Alemania o Francia
por la ciencia ha sido explicar lo que se estaba haciendo fuera: “Alemania, Suecia o Francia también han aplicado políticas de austeridad, pero han dejado a salvo la inversión en investigación porque no la consideran un gasto, sino una inversión clave para salir de la crisis. De hecho, en cuanto empezaron los problemas, decidieron aumentarla”, remarca Juan Rojo, quien  fuera secretario de Estado de Universidades e Investigación entre 1985 y 1992.

Para Rojo, esta diferencia se explica en parte por la falta de cultura científica que hay en España, tanto en las administraciones como en la sociedad en general. “La idea de que esto está relacionado con la economía todavía no ha calado y en el mejor de los casos se piensa que tiene que ver con el conocimiento per se, por ejemplo, con la idea de que hay que tener museos”, lamenta el ex secretario de Estado. “El principal problema es que los jóvenes se están desanimando por la falta de oportunidades y la precarización del empleo —continúa—. Si rápidamente no se les insufla algún tipo de optimismo van a dejarlo, bien yéndose fuera, optando por otro camino o disminuyendo su ilusión por su trabajo.”


Un ejemplo es Irene Lucas, una investigadora madrileña de 37 años que volvió de Alemania hace dos años a través de un programa de captación de talentos de la fundación Araid, dependiente del Gobierno de Aragón. Tanto a ella como a otra media decena de compañeros les dijeron que se iba a hacer todo lo posible para que cuando sus contratos finalizaran este verano pudieran quedarse fijos en sus respectivos centros. Pero los recortes lo hicieron imposible. El resultado fue que algunos tuvieron que marcharse, mientras otros lograron continuar pero en una situación muy precaria. Este último fue el caso de Irene Lucas, que es responsable del laboratorio de crecimiento de muestras del Instituto de Nanociencia de Aragón (INA), centro que con sus propios recursos está haciendo lo imposible por retenerla a base de contratos temporales de tres meses. Lucas señala que el INA, “a falta de un milagro”, no tendrá recursos para mantenerla a partir de 2017 y es por ello que si su futuro no se solventa para mediados de 2016 lo dejará y se marchará a trabajar de profesora en un colegio privado. 

Retener talentos

“Tengo un niño pequeño y no puedo estar todos los días pendiente de qué va a pasar mañana. A esta edad, necesitas una cierta estabilidad. Es deprimente pensar en todo a lo que has renunciado para poder dedicarte a esto y estar así. Mi sueldo no ha parado de bajar y las condiciones son cada vez peores”, lamenta. En estos casos, los recortes que los gobiernos autonómicos han aplicado sobre la financiación básica que dan a las universidades —destinada a sufragar los gastos corrientes y de personal— han hecho especial daño porque las han dejado sin apenas margen para retener a talentos con recursos propios.

La actual secretaria de Estado de I+D+i, Carmen Vela, dice ser consciente de las dificultades que sufre el sector y encuadra los recortes en el contexto de la grave coyuntura económica que sufría España a principios de legislatura. Pero remarca que su Ejecutivo amplió este año la tasa de reposición en el sector hasta el 100% y que no está de acuerdo con los discursos catastrofistas sobre el estado actual de la ciencia en España.
 
En este sentido, pone como ejemplo que el país está en el décimo puesto mundial en cuanto a producción científica. “Hoy en España se hace mejor ciencia de la que se ha hecho nunca”, añade. Los científicos consideran que esa décima posición es la “razonable” para un país como España, aunque advierten de que hay riesgo de perder peso a corto-medio plazo por la pujanza de otras economías y por los recortes que ha habido en España, ya que recuerdan que el resultado de los proyectos se suele ver dos o tres años después de comenzarlos.

Pero los problemas que tiene la ciencia española no solo se restringen a la falta de financiación. Cabe destacar dos más: la enorme burocracia que sufren los científicos y la todavía escasa apuesta empresarial por la innovación. En cuanto a la primera, la burocracia, los investigadores señalan que en esta legislatura incluso se ha retrocedido. 

Rendición de cuentas

La cuestión radica en que la escasez de fondos ha hecho que las administraciones se pongan especialmente duras en la supervisión de lo que se hace con el dinero público. Tanto es así que el vicerrector de Política Científica de la Universidad de Zaragoza, Luis Miguel García Vinuesa, considera que la actual rendición de cuentas es “delirante”. “No quiero que se entienda que estoy en contra de ella. Al revés. Debe haber una supervisión y si se pilla a alguien, sancionarle. Pero hemos llegado a un punto en el que los centros de gestión están

“Hay desconfianza empresarial y social a la innovación que se hace en España”, asegura Juan Rojo

saturados y tenemos científicos que están dedicando casi más tiempo a pedir financiación y justificarla que a lo que deberían hacer: investigar”, lamenta. Pone como ejemplo que a la Universidad de Zaragoza han llegado de repente auditores para revisar proyectos que acabaron hace dos años y que ya habían sido revisados por otros anteriormente.

Rojo cree que, ante los graves casos de corrupción política que se están dando, las administraciones han optado por incrementar la burocracia en todos los niveles para evitarlos. “Creo que es un error: el corrupto siempre encuentra la forma de llevarse el dinero; y, mientras tanto, se perjudica al resto. Si para viajar a Barcelona para reunirse con una empresa hay que hacer 16 trámites previos, se pierde mucha agilidad. Hay que evolucionar hacia un sistema de control a posteriori”, sugiere.

Otra arista del problema burocrático es la gran cantidad de administraciones que convocan concursos para proyectos de investigación (ayuntamientos, comunidades, ministerios, Unión Europea...), por lo que el investigador tiene que estar en constante alerta para ver cuándo salen publicados. Y más aún durante estos años, ya que no han sido pocas las ocasiones en las que Hacienda ha retrasado la convocatoria de las subvenciones o se ha optado a última hora por no sacarlas, lo que ha generado graves problemas  a los grupos de investigación. Precisamente, la Agencia Estatal de Investigación que el PSOE ideó poco antes de dejar La Moncloa pretendía, entre otros asuntos, poner orden en lo referente a las convocatorias estatales. Pero el PP pospuso su creación tres años y no ha sido hasta un mes antes de las elecciones, ya con las Cortes disueltas, cuando se ha decidido a aprobar los trámites para ponerla en marcha.

La rigidez burocrática también dificulta la contratación de investigadores extranjeros, ya que hay problemas para la homologación de títulos y el sistema es en gran parte funcionarial, lo que resta agilidad para captar dichos talentos y ofrecerles sueldos competitivos. Sin embargo, García Vinuesa apunta que uno de los beneficios del sistema español es que puede dar una mayor estabilidad laboral y en muchos casos ese es el argumento con el que se intenta convencer a los científicos para que vengan o no se vayan. Aun así, una solución que está muy en boga para ganar flexibilidad es crear institutos o agencias fuera del sistema, de forma que, al no depender por completo de las universidades, cuentan con menos funcionarios y más personal laboral. Este es un modelo muy extendido en País Vasco y Cataluña, comunidades que lideran la investigación en España.

Pocas patentes

Dichos institutos también tienen más facilidad para llegar a acuerdos con empresas. De hecho, la escasa transferencia de conocimiento es otro de los principales problemas del actual sistema. Porque si bien España es la décima potencia en producción científica, en cuanto a número de patentes suele estar en torno al puesto 20. Los científicos creen que el problema radica en que todavía hay desconfianza entre las dos partes: la universidad y las empresas. “La culpa no es de unos ni de otros”, apunta Rojo, quien entiende que esas reticencias irán disminuyendo conforme se den y se publiciten más casos de colaboraciones exitosas, así como cuando aumenten las empresas que vean la innovación como algo imprescindible para ser competitivas. El camino que queda por recorrer es muy largo. El mencionado 1,24% del PIB que España dedica a I+D+i incluye tanto la inversión pública como la empresarial. Y en la actualidad, apenas el 47% de dicho gasto proviene del sector privado. La diferencia con otros países es más que relevante. En Alemania, la aportación de las empresas supone dos tercios de la inversión en investigación y en Japón o Corea del Sur se alcanza incluso el 80%.
 
No obstante, es verdad que España cuenta con el hándicap de tener un tejido empresarial muy basado en pymes, la mayoría de las cuales no tiene capacidad para gastar en innovación con la excepción de ciertos sectores como el farmacéutico o el de producción de software, que basan precisamente su éxito en la I+D+i. Sin embargo, Rojo cree que el mayor problema está de nuevo en que España, como sociedad civil, aún tiene una escasa cultura científica: “Si un grupo de investigadores españoles se pone en contacto con una empresa para convencerla de que desarrolle un producto, es muy probable que les responda que no. Pero como ese grupo diga que la idea es alemana, las cosas cambian. En el fondo, la cuestión radica en la desconfianza empresarial y social que hay hacia la innovación que se hace en España”, lamenta.