25/1/2020
Política

Barcelona, ciudad okupada

La ciudad se lleva bien con los okupas, salvo cuando hay algún desalojo y se arma el belén

Francesc Arroyo - 10/06/2016 - Número 37
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Barcelona, ciudad okupada
Vecinos del barrio de Sants colaborando en los trabajos de reconstrucción del centro social Can Vies. Toni Albir / EFE
Barcelona se lleva bien con los okupas. Basta con entrar en la red y comprobar que hay diversas publicaciones en las que se orienta al personal sobre las principales casas okupadas en la capital catalana, así como respecto a las condiciones legales de las okupaciones. Eso no quita para que, de cuando en cuando y coincidiendo con algún desalojo, se arme el belén. Pero luego las aguas vuelven a su cauce y, en general, los okupas vuelven a recuperar el local. Y los hechos se repiten, independientemente de que la ciudad esté gobernada por la derecha, por el centro o por la izquierda. En general, son gente pacífica que abre las puertas de los recintos okupados a los vecinos organizando actividades diversas: desde reparto de alimentos para familias con problemas (Banc Expropiat, en Gràcia) hasta el empleo de la agricultura ecológica (Can Masdeu, en el distrito de Nou Barris). En casi todos ellos subyace una ideología de corte ácrata y mantienen una organización asamblearia que enlazan con algunos de los postulados de la CUP. Movimiento que apoya las actividades de los okupas, poniéndose a su lado en los conflictos que esporádicamente los enfrentan a los cuerpos de seguridad.

Okupas y CUP comparten el convencimiento de que la propiedad privada está sujeta a límites. Hay casos extremos como el de la diputada Eulàlia Reguant, que ha llegado a justificar la okupación de segundas residencias en determinadas condiciones, pero por norma los edificios elegidos son de propiedad pública o de bancos.

Son espacios públicos okupados Can Vías (un edificio perteneciente a Transportes Metropolitanos de Barcelona, en Sants), Can Masdeu, la Kasa de la Muntanya (antiguo cuartel de la Guardia Civil, en el barrio de la Salut, cerca de Gràcia) y el Banc Expropiat (propiedad de una inmobiliaria que lo adquirió de una de las cajas de ahorro rescatadas, luego vendida por un precio simbólico al BBVA).

En estos momentos, el Banc Expropiat ha sido desalojado por segunda vez. La primera, el pasado 23 de mayo, la realizaron los Mossos d’Esquadra tras una orden judicial emitida a instancias de la propiedad. Desde entonces no hay calma total en esta zona central en el barrio de Gràcia. Primero se produjeron diversas manifestaciones y algaradas, con quema de vehículos privados y mobiliario urbano, a lo que respondieron las fuerzas de seguridad con contundencia. Unos y otros se acusan de excesos y lo más llamativo es el silencio del Gobierno catalán y de los partidos que lo apoyan (Convergència y Esquerra), que han evitado condenar a los manifestantes y apoyar a los agentes.

El Banc Expropiat

El banco estaba okupado desde el año 2011. La decisión judicial del desalojo se produjo hace meses. El entonces alcalde, Xavier Trias, la aplazó pagando un alquiler de casi 6.000 euros mensuales al propietario del local. El consistorio se hizo cargo también de los gastos asociados, incluido el IBI. Fue Ada Colau quien decidió poner fin al pago del alquiler. El ayuntamiento ofreció a los okupas un local público, pero estos, de momento, lo rechazan y se mantienen acampados. El pasado fin de semana, cinco de ellos volvieron a entrar para anunciar que había sido okupado de nuevo. Los mossos los desalojaron y los pusieron a disposición judicial.

El vecindario se halla dividido. Una parte apoya a los okupas, ya que desde el local se ofrecían servicios sociales. No obstante, consideran que es difícil prolongar la situación de conflicto que afecta de modo especial al comercio.

En tiempos recientes, el desalojo más sonado fue el de Can Vías, asunto que aún se arrastra en los tribunales con varios acusados de desórdenes y desacato. El desalojo se produjo el 26 de mayo de 2014. Era alcalde Trias, pero el caso lo había llevado a los tribunales el socialista Jordi Hereu. Tras varios días de incidentes y destrozos, los okupas, que tras 17 años de okupación pacífica contaban con un amplísimo apoyo vecinal, recuperaron el edificio. Allí siguen.Lo propio ocurre con la Kasa de la Muntanya.

En cada desalojo se reproduce la misma polémica: la minoría, violenta, ¿pertenece al movimiento okupa o son siempre los mismos, que aprovechan cualquier concentración para liarla en grande? No hay una respuesta clara.