19/6/2019
FDL 2016

Beberse la luz

Pétronille, la última novela traducida de Amélie Nothomb, es una historia de amistad y una oda al champán

AHORA / Zita Arenillas - 27/05/2016 - Número 35
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Beberse la luz
Amélie Nothomb. JOEL SAGET / AFP/ Getty
Desde hace mucho tiempo, existe una inmensa secta de imbéciles que oponen sensualidad e inteligencia. Es un círculo vicioso: se privan de placeres para exaltar sus capacidades intelectuales, lo cual solo contribuye a empobrecerles.” Es lo que afirma la niña de poco más de dos años que protagoniza Metafísica de los tubos (2000), de Amélie Nothomb, cuando su abuela le descubre el placer del chocolate.

Esa historia de iniciación es una de las numerosas novelas en clave autobiográfica que ha publicado la escritora belga. Nacida en Kobe, Japón, en 1967 —aunque podría haber nacido en Bélgica en 1966, según algunas fuentes—, es hija de un diplomático, razón por la que ha vivido, además de en Japón, en China, Bangladés o Birmania.

Un buen compañero de borrachera debe ser de confianza, no decir nunca que no a una copa y tener buen beber

Autobiográfica es también la reciente Pétronille. En este caso, el leitmotiv es otro placer: el champán. Y también en esta ocasión hay una censura para quienes no saben gozar: “Beber intentando evitar la embriaguez resulta tan deshonroso como escuchar música sacra protegiéndose contra el sentimiento de lo sublime”. En una entrevista concedida a El mundo con motivo de la publicación de Barba azul (2012), la autora dijo: “Mi propio proyecto alquimista es convertirme en oro a fuerza de tomar champán”. Haya habido o no transmutación de la materia, la última novela de Nothomb es maravillosa.

Escritoras borrachas

Para disfrutar del alcohol, sin embargo, es necesario tener un “compañero o compañera de borrachera”. Y debe reunir tres características: ser de confianza, no decir no a una copa cuando se la ofrecen y tener buen beber. Nada más llegar a París en 1997, Amélie Nothomb busca a ese alma gemela (“En la Ciudad de la Luz, tiene que haber alguien con quien beberse la luz”). Y la encuentra en Pétronille Fanto. Esta joven escritora en ciernes —a lo largo de la novela el lector será testigo de su eclosión— acude a una firma de libros. Cuando Nothomb le pregunta su nombre para ponerlo en la dedicatoria, se da cuenta de que es uno de sus lectores con los que se cartea —cosa que hace en la vida real—.

Pétronille Fanto es en realidad Stéphanie Hochet. Los títulos por ella publicados que se citan en la novela también están alterados. Es una “novelista francesa malhumorada, impetuosa y con mucho talento”, dijo de ella Nothomb en el programa Página dos de RTVE. En Pétronille se trata de una chica que se parece físicamente a Christopher Marlowe, que imita muy bien al Robert de Niro de Taxi Driver, que quisiera tener como padre al Lino Ventura de Gángster a la fuerza y cuya palabra comodín es “precarizante”. Y es tan aguda, fascinante y sarcástica como Nothomb. Las dos escritoras comparten hilarantes anécdotas, como la visita a Londres: la autora de Estupor y temblores (1999) fue a entrevistar a la diseñadora de moda Vivienne Westwood, quien solo le prestó atención cuando le pidió que le explicara cómo eran las cacas de Beatrice, su perro, al que ella tuvo que sacar a pasear.

La autora cuenta sus rituales para escribir y deja entrever el esnobismo del negocio editorial francés

Pétronille es una novela sobre la amistad entre dos mujeres, una amistad sincera, tierna, con las tensiones propias de la verdadera camaradería. También es un retrato de la izquierda francesa: “Todos los alemanes del Este son conscientes de la felicidad perdida”, dice un personaje secundario; “esos libreros burgueses deberían pagar a los escritores que van a perder dos horas de su vida firmando en una librería”, dice el alter ego de Hochet. Y, también, el lugar en el que la autora cuenta sus rituales a la hora de escribir, compara a los escritores con pájaros —y, como tal, declara disfrutar comiéndose los huevos (libros) de los demás— y deja entrever el esnobismo del negocio de la edición en el país galo.

Desde su debut en 1992 con Higiene del asesino, Nothomb ha dado al mundo editorial un libro al año (aunque dice que escribe al menos tres o cuatro). “Por más que sé que escribir es peligroso y que al hacerlo pones en riesgo tu vida, siempre acabo cayendo en la trampa”, dice en el enigmático final de Pétronille. Seguramente, en un año habrá otro huevo suyo en las librerías. Mientras, probablemente brinde por que la hayan nombrado embajadora internacional del champán.

Pétronille
Pétronille
Amélie Nothomb
Traducción de Sergi Pàmies, Anagrama, Barcelona, 2016, 152 págs.