26/1/2020
Opinión

Segunda muerte de Olof Palme

El Gobierno sueco suscribió un convenio con la OTAN en 2014. Suecia podría ser útil para la defensa en caso de un ataque ruso a los países bálticos

Peter Landelius - 01/04/2016 - Número 27
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Segunda muerte de Olof Palme
ÁLVARO VALIÑO
Durante la guerra fría, mientras las superpotencias contaban sus misiles en medio del campo de batalla preparado —Europa—, líderes socialdemócratas como Olof Palme, Willy Brandt y Bruno Kreisky se esforzaron en reducir la tensión entre los bloques mucho antes de que naciera el término soft power.  Países neutrales y libres de armas nucleares como Suecia y Finlandia ofrecieron un terreno útil para el proceso diplomático que llegó a llamarse el Proceso de Helsinki. Comenzaron a surgir zonas libres de armas nucleares.

Tras la caída del muro de Berlín, el Pacto de Varsovia murió de muerte natural, pero la OTAN sobrevivió. Igual que los demás estados europeos, Suecia redujo sus gastos militares. Si bien Suecia mantuvo su neutralidad, los sucesivos gobiernos de ese país han tomado medidas para vaciarla de su contenido. La relación con la OTAN se ha ido intensificando poco a poco, tanto en lo diplomático y  operativo como en lo logístico e industrial. En 2010, el servicio militar obligatorio fue sustituido por un Ejército profesional, competente para participar en expediciones al extranjero, pero “incapaz de defender el país por más de una semana”, según el jefe de las fuerzas armadas suecas.

La Rusia de hoy es aún más débil que la Unión Soviética en su día. Washington lleva tiempo reduciendo sus tropas en Europa porque las necesita en otras partes del mundo. Justo antes de perder las elecciones de 2014, el gobierno sueco de centroderecha  suscribió un convenio con la OTAN para poder recibir instalaciones militares, armas y tropas en territorio sueco (parecido al que España firmó para la base de Morón el año pasado). Dentro de pocas semanas, el actual Gobierno  de centroizquierda propondrá al Parlamento confirmar el acuerdo.

Por motivos de prestigio, el gobierno revanchista de Vladimir Putin muestra su músculo militar en las proximidades. Chechenia, Ucrania, Georgia y Siria quedan cerca de Rusia y lejos de EE.UU. Una agresión  limitada en el tiempo y en el espacio no puede ser respondida con una guerra nuclear, tendría que ser respondida con fuerzas convencionales.

Hasta ahora, Rusia tiene pocos motivos geopolíticos para atacar Suecia en el improbable caso de una conflagración más ámplia.  En esta parte de Europa su interés estratégico es llegar a los grandes mares, lo que hoy es más fácil gracias a los cambios climáticos. Salir del Báltico sigue siendo difícil porque hay que pasar por Dinamarca o Noruega. Atravesar territorio sueco para llegar al Atlántico sería difícil, lento y  costoso.

En cambio, Suecia podría ser útil como base de la defensa avanzada de la OTAN en caso de un ataque ruso a los países bálticos. Entonces el archipiélago de Estocolmo, supuestamente tan atractivo para submarinos soviéticos, podría servir para proteger submarinos de la OTAN. El comandante de la OTAN, general Philip M. Breedlove, acaba de pedir permiso para comenzar los ejercicios de transporte de armamentos a Suecia. Hoy no estamos ante una nueva guerra fría, hay una paz caliente, como bien dijo Ian Bremmer recientemente en El País. La mayoría de los suecos no quieren que su país sea miembro de la OTAN y el Gobierno sigue asegurando que Suecia está fuera de alianzas militares. Más vale bajar la temperatura que echar leña al fuego.