Ciencia

Bronowski. Un clásico desconocido

El ascenso del hombre, que ahora se traduce al español, no es una historia de la ciencia al uso

Bronowski. Un clásico desconocido
Capitán Swing
Jacob Bronowski ((Lódz, 1908 - Nueva York, 1974) fue un matemático, biólogo e historiador de la ciencia de origen polaco y nacionalizado británico, que es recordado en el ámbito anglófono como guionista y presentador de la influyente serie documental The Ascent of Man, producida por la BBC y estrenada en 1973. Aquí son muy pocos los que conocen al personaje y su obra. Fue la inspiración de la archiconocida serie Cosmos, del archiconocido (este sí) Carl Sagan. De hecho, los realizadores de ambas series fueron los mismos. Es imposible saber si Bronowski hubiera alcanzado las cotas de popularidad de Sagan de no haber fallecido prematuramente, a los 66 años, apenas un año después de su lanzamiento al estrellato televisivo, con lo que se truncó la incipiente carrera de un gran divulgador en ciernes.

El sabelotodo

Bronowski era un raro exponente de la “tercera cultura” (por recurrir a la afortunada expresión de John Brockman para referirse a la comunión de la ciencia y las humanidades). Como él mismo declaró: “Me crie en la indiferencia hacia la distinción entre literatura y ciencia”. Seguramente no es tan difícil encontrar otros científicos capaces de hacer gala de un gran conocimiento de las humanidades, o de combinar su eminencia en el campo de la neurología con el estudio de la historia de Portugal. Pero solo unos pocos tienen la capacidad de entretejer un conocimiento profundo de la historia, el arte, la antropología, la literatura y la filosofía con un conocimiento igualmente exhaustivo y profundo de la ciencia, y además hacerlo sin resultar cargante ni pretencioso. Bronowski era un diletante, en el sentido más virtuoso del término (incluso destacó como jugador de ajedrez, hasta el punto de que existe un torneo londinense que lleva su nombre). Su bautismo televisivo fue en un popular programa de la BBC titulado The Brains Trust, donde respondía preguntas (de ciencia, pero también de otros muchos temas) planteadas por los espectadores. Pronto se convirtió en “el sabio de la tele” (algo así como un Eduard Punset a la inglesa, salvando las distancias) y en un personaje tan carismático que llegó a ser parodiado por los Monty Python como el arquetipo de “sabelotodo”.

El libro hace un recorrido por el progreso tecnológico, científico y artístico de la humanidad

Tras el éxito de Civilization, otra memorable serie documental presentada por el prestigioso historiador del arte Kenneth Clark, la BBC decidió producir una contrapartida de estilo más actual y menos ampuloso, centrada en la historia de la tecnología, pero con una perspectiva muy amplia que incluyera el arte como inspirador del progreso científico, y Bronowski era el candidato perfecto a presentador. La serie tuvo tanta aceptación que el mismo año de su emisión se editó un libro homónimo con la transcripción casi literal del guión, del que enseguida se vendieron más de un millón de ejemplares.

A pesar de la fugacidad de su carrera como comunicador científico, Bronowski dejó una profunda huella en el mundo anglosajón. Casi 40 años más tarde, el libro se reeditó con el añadido de un prólogo de Richard Dawkins, y es esta última edición la que llega ahora en versión española de la mano de la joven e intrépida editorial Capitán Swing.

El rey de la divulgación

En vista del tiempo transcurrido, sería de esperar que el texto de El ascenso del hombre tuviese un regusto rancio y obsoleto, y así es, inevitablemente, en lo que respecta a algunos campos que han experimentado un desarrollo tan explosivo en las últimas décadas como la ingeniería genética (que entonces estaba en mantillas), la informática (aún no existía internet ni había teléfonos “inteligentes”), la neurología (el cerebro seguía siendo en gran medida una caja negra) o la paleoantropología (Lucy aún yacía enterrada en el desierto de Etiopía). Pero, por lo demás, el mensaje de Bronowski sigue estando plenamente vigente y su obra se ha convertido en un clásico de la divulgación y la historia de la ciencia en lengua inglesa.

“La televisión es un medio excelente para poder exponer cualquier tema”, escribió

A lo largo de 13 capítulos, el libro hace un recorrido por el progreso tecnológico, científico y artístico de la humanidad, desde el paleolítico hasta la era nuclear pasando por los albores de la civilización, los griegos, los imperios romano e islámico, el nacimiento de la ciencia moderna con Galileo y Newton, la revolución industrial, la confección de la tabla periódica de los elementos químicos, el nacimiento de la medicina experimental con Pasteur, la teoría de la evolución de Darwin y el nacimiento de la física moderna con Einstein. No es una historia de la ciencia al uso (aunque, después de Cosmos, la selección y el tratamiento de los temas se hayan convertido en un estándar). Se nota su origen televisivo (para bien) y el discurso de Bronowski no tiene nada que envidiar al de Sagan en cuanto a amenidad, elocuencia y poesía. Como escribe en la introducción, “la televisión es un medio excelente para poder exponer cualquier tema por diversas razones: su visualización es poderosa e inmediata, es capaz de hacer que el espectador se sienta transportado a los lugares y los hechos que se están describiendo, y resulta lo suficientemente familiar para que sienta que lo que está presenciando no son solo hechos descritos, sino el resultado de la acción de la gente”.

Bronowski era un racionalista y un iconoclasta que no se conformaba con exponer los logros de la ciencia, sino que se complacía en provocar, estimular y picar a sus espectadores y lectores: “Esa es la esencia de la ciencia: haz una pregunta impertinente, y estarás en camino hacia una respuesta pertinente”. Y esta actitud no se circunscribía a la esfera científica, sino que la hacía extensiva a todas las formas de aprendizaje. Por eso consideraba importante inculcar a los estudiantes cierto cinismo e irreverencia hacia las enseñanzas de sus maestros, para hacerles ver que no habían ido allí a venerar el conocimiento establecido, sino a juzgarlo y cuestionarlo. Se mostraba amable y comprensivo con el pensamiento mágico de los antiguos, pero sin dejar de remarcar que la magia no es una respuesta, sino solo una palabra vacía de contenido explicativo.

Como escribe Dawkins al final de su prólogo: “Hay magia —la clase correcta de magia— en la ciencia. También hay poesía, y poesía mágica en cada página de este libro. La ciencia es la poesía de la realidad. Si Bronowski no dijo eso, es la clase de afirmación que habría hecho este polifacético, elocuente, discreto erudito, cuya sabiduría e inteligencia simbolizan lo mejor que hay en el ascenso del hombre”.

El ascenso del hombre
El ascenso del hombre
Jacob Bronowski
Prólogo de Richard Dawkins
Traducción de Pedro Pacheco, Capitán Swing, Madrid, 2016, 376 págs.