7/12/2019
Análisis

China proyecta el nuevo Ejército de Xi Jinping

La mayor reorganización de las fuerzas armadas chinas desde 1950 tiene como objetivo prepararse para ganar guerras y encarar los retos de seguridad interior

Xulio Ríos - 04/03/2016 - Número 24
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China proyecta el nuevo Ejército de Xi Jinping
Tropas del Ejército chino marchan en el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. ANDY WONG - POOL / GETTY
La defensa es una de las “cuatro modernizaciones” (con la industria, la agricultura y la ciencia y tecnología) enunciadas en los años 60 por el entonces primer ministro Zhou Enlai para lograr el desarrollo del país. La Revolución Cultural (1966-1976) dio al traste temporalmente con aquel empeño, pero la reforma y apertura de Deng Xiaoping (a partir de 1978) rescató un objetivo que aun hoy día, en tiempos de las “cuatro tareas integrales” (sociedad acomodada, Estado de derecho, reforma y disciplina del Partido), sigue guiando el discurrir conceptual y fáctico de la larga transición china.

Si bien la economía ha concentrado de forma notoria  las prioridades del Partido Comunista de China (PCCh) en las últimas décadas, la defensa no se ha quedado atrás. El “desarrollo pacífico” exige también disponer de unas capacidades militares adecuadas y a ello se han destinado importantes recursos. Así lo atestiguan los sucesivos incrementos de las partidas destinadas a este fin, año tras año por encima del objetivo de incremento del PIB. Los dirigentes actuales, obsesionados con la recuperación de la grandeza de antaño, son conscientes de que la decadencia del país se originó por el atraso, entre otros, en esta materia. Y se han conjurado para que no vuelva a ocurrir.

La reforma militar da prioridad a la zona del oeste, un hecho directamente asociable al desafío terrorista

La reorganización iniciada en el Ejército chino, la mayor desde 1950, presenta como tarea central “prepararse para ganar guerras”, según invocación del propio presidente chino Xi Jinping, y representa un paso crucial para crear un Ejército moderno y fuerte, acorde con la posición internacional e intereses de China en seguridad y desarrollo. Estipula cinco nuevas zonas de comando militar (oriental, occidental, meridional, septentrional y central) en lugar de las siete que tenía anteriormente, en un nuevo esfuerzo de centralización. La reorganización otorga cierta prioridad a la zona del oeste (40% del territorio, incluyendo Xinjiang, Tibet, Qinghai, Sichuan…), que aglutinará a más de un tercio de las fuerzas armadas chinas, un hecho directamente asociable al desafío terrorista, indicando una clara inclinación a usar los efectivos militares para encarar los retos de seguridad interior.

Por otra parte, los cuatro máximos departamentos del Ejército chino (el Estado Mayor General, el departamento político general y los de logística y armamento) se han reorganizado en 15 agencias dependientes de la CMC (Comisión Militar Central), la entidad estatal-partidaria que dirige las fuerzas armadas y que preside el también secretario general y presidente del país, Xi Jinping, aunando así la jefatura de las tres principales instituciones: Partido, Estado y Ejército.
En una directriz previa se indicó que la CMC se hará cargo de la administración general del Ejército Popular de Liberación (EPL), de la Policía Armada y de la milicia y fuerzas de reserva, evitando así cualquier atisbo de descoordinación.

Saneamiento militar

El Diario del Ejército calificó esta reforma de un “avance sustancial y un paso histórico” para ganar en eficacia, asegurando la lealtad al Partido y excluyendo cualquier horizonte de “nacionalización”, un concepto en discusión desde hace varios años en paralelo a la demanda de una mayor profesionalización que aconsejaría la despartidirización de las fuerzas armadas. El Ejército Popular de Liberación sigue siendo el Ejército Rojo del PCCh y en sus filas solo este partido tiene cabida (a diferencia de otros segmentos del aparato estatal en los que pueden militar miembros de los llamados ocho partidos –numerus clausus- democráticos legales). La reestructuración afianza el liderazgo “absoluto” del PCCh y centraliza en manos de su Comité Central y en el presidente Xi la máxima dirigencia de las fuerzas armadas. Un proceso que no es ajeno al cierre de filas en el seno del propio PCCh en torno al rumbo de la reforma ante el periodo que aventuran convulso en los próximos años.

La campaña anticorrupción tiene en el saneamiento del propio Ejército un escalón sobresaliente. Un total de 42 generales fueron purgados en los últimos meses. La Comisión Militar Central dispondrá de un órgano de control disciplinario especial responsable de velar por el rearme ético y de llevar a cabo una inspección constante de toda su estructura, desde las unidades de base a los estados mayores, al frente del cual podría nombrar al general Liu Yuan, hijo de Liu Shaoqi (presidente chino que falleció en la cárcel durante la Revolución Cultural), muy próximo a Xi. Los casos de corrupción de Guo Boxiong y Xu Caihou, vicepresidentes de la CMC durante el mandato de Hu Jintao, son objeto de ejemplo de la intransigencia ciega contra la corrupción. Energía positiva y ecología política son los fundamentos de la nueva imagen del Ejército, según Xi Jinping.

Tras la decisión anunciada en septiembre —en el marco de las conmemoraciones del 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial— de disminuir el número de efectivos en 300.000, la reducción del número de regiones militares incide en la modernización de los ejércitos chinos con el horizonte de 2020, más profesionalizado —pero no menos ideologizado—, mejor estructurado y con mayores recursos (recientemente China anunció la construcción de su segundo portaaviones).

La reforma militar ejemplifica una vez más la voluntad clara de Xi Jinping de situarse al frente también de las fuerzas armadas, favoreciendo la creación de una estructura fuertemente centralizada y bajo su mando directo.

Presencia en el exterior

Una de las novedades más sobresalientes de la legislación antiterrorista recientemente aprobada en China es la legalización de la participación del EPL en operaciones antiterroristas en el exterior y también de la policía armada, para la que se requerirá la aprobación previa de la Comisión Militar Central y del Consejo de Estado, debiendo existir acuerdos en tal sentido con los países terceros afectados.

La dimensión exterior es cada vez más relevante, con efectivos en regiones como Oriente Medio o África. La importancia de los intereses chinos en zonas de riesgo, así como las amenazas provenientes de Xinjiang, donde los grupos islamistas radicales plantean un serio desafío en materia de seguridad, condicionan una lenta pero progresiva evolución del pensamiento estratégico chino.

Ya en mayo del año pasado, con el objetivo de proteger sus instalaciones petroleras en Sudán del Sur, Pekín envió a Juba un batallón de combate de infantería de 800 efectivos, evidenciando una clara evolución de la presencia militar china en el exterior. Un mes después, el EPL se dispuso a instalar un punto de apoyo logístico en Yibuti, en Obock, donde ya están acantonadas unidades estadounidenses, japonesas y francesas.

La dimensión exterior es cada vez más relevante, con efectivos en zonas de riesgo como Oriente Medio o África

El asesinato de tres altos responsables del grupo China Railways el pasado 20 de noviembre por terroristas yihadistas en el hotel Radisson Blu de Bamako influirá en la decisión china de reforzar en 2016 su dispositivo de seguridad en el extranjero en las zonas de riesgo. Esta tendencia ya se ha puesto de manifiesto con los acuerdos con personal vinculado en su día a Blackwater, convertidos en un poderoso y pragmático apoyo en las zonas de mayor peligro, en alianza con Frontier Service Group, financiado por el grupo chino CITIC (China International Trust and Investment Corporation), muy vinculado a la seguridad del Estado chino y especializado en la evaluación de riesgos y estrategias de seguridad de los grupos chinos en el extranjero.

Preocupaciones regionales

La coincidencia de esta amplia reforma militar con la intensificación de las demandas territoriales en los mares contiguos y la espiral armamentística que se vive en Asia-Pacífico sugiere una mayor preocupación por la seguridad. El agravamiento de las tensiones con Manila, Hanoi o Tokio, tanto en relación a las islas Diaoyu/Senkaku como a los archipiélagos del mar de China Meridional, junto a la presencia cada día más incisiva de los buques militares estadounidenses en aguas disputadas supuestamente para garantizar la “libertad de navegación” o un hipotético escenario de desencuentro grave con un Taiwán gobernado a partir de mayo por los soberanistas del PDP, puede dar lugar a escaladas de consecuencias imprevisibles. A fin de cuentas, si el Ejército chino justifica su reforma con el propósito de prepararse mejor para ganar guerras, ¿significa esto que los conflictos armados figuran en su agenda inmediata como un escenario inevitable y verosímil?

Aunque la prioridad sigue siendo la economía y China precisa de un entorno inmediato sustancialmente en calma para viabilizar sus ambiciosos proyectos (corredores económicos, rutas de la seda, etc.), en un contexto tan fluido y complejo no puede descartarse un golpe de mano que venga a evidenciar su liderazgo regional y, por añadidura, el real inicio del siglo chino en todo el mundo.