26/6/2019
Internacional

Clinton y Trump, cada vez más cerca de la nominación

La demócrata y el republicano ganan las primarias de Nueva York mientras ambos partidos se enzarzan en una batalla interna

Dori Toribio - 22/04/2016 - Número 30
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Clinton y Trump, cada vez más cerca de la nominación
La candidata presidencial demócrata Hillary Clinton saluda a sus seguidores tras ganar las primarias de Nueva York frente a Sanders. J. Sullivan / Getty
Las primarias estadounidenses están a poco más de un mes de su última cita con las urnas. Se han repartido ya más de la mitad de los delegados en juego y queda una quincena de estados por votar. Los candidatos han luchado con uñas y dientes para ganar en Nueva York: Donald Trump nació en Queens, Bernie Sanders es de Brooklyn y los Clinton se asentaron allí tras ocho años en la Casa Blanca.

Hacerse con la victoria en casa era una cuestión de honor para todos. Y en el fragor de la lucha no solo han hecho daño a sus rivales. También a sus propios partidos. Nueva York ha marcado un antes y un después en el tono político y la aritmética electoral de las primarias. Las sólidas victorias de Trump y Clinton dan un fuerte impulso a sus campañas hacia la nominación presidencial. Para el magnate republicano, el avance aún no es suficiente. En el caso de la exsecretaria de Estado, es definitivo.

Tras las victorias consecutivas de Sanders en el último mes, Clinton recupera el protagonismo y consolida su amplia ventaja de delegados y superdelegados. La distancia entre ambos es rotunda y lo será cada vez más a partir de ahora, aunque el senador de Vermont aún no quiera darse por vencido.

El mapa de la etapa final de las primarias es muy favorable para la ex primera dama. El 26 de abril espera triunfos en Pensilvania, Maryland y Delaware tan sólidos como el de Nueva York, el cuarto estado más demócrata del país, donde venció a Sanders por casi 20 puntos. Todos estos son estados con primarias cerradas, donde solo pueden participar los votantes registrados como demócratas, pero no los independientes, un escenario que beneficia a Hillary, con un desbordante currículum en las filas demócratas y el apoyo de los pesos pesados del partido.

Sanders siembra dudas sobre la honradez de Clinton y esta sobre la capacidad de su adversario

Sanders es un senador independiente que se decantó por el partido azul para lanzar su campaña hacia la Casa Blanca. Ambos se han enzarzado en un combate ideológico sobre quién es más auténtico. Sanders cuestiona a diario los vínculos de los Clinton con Wall Street. “No sabemos de dónde le llega el dinero. ¿Podemos confiar en una candidata así?”, clama el senador de mitin en mitin. Sabe lo que hace. El gran punto débil de la exsecretaria de Estado es la desconfianza que genera entre muchos estadounidenses. Sembrar dudas sobre su honradez es una táctica electoral rentable. Pero Clinton devuelve los ataques, dejando caer dudas sobre la preparación de Sanders para ser presidente: “Lleva más de un año hablando de hacer cosas que obviamente no ha estudiado o no comprende de verdad, y eso plantea interrogantes.”

El tono es cada vez más agresivo. Sanders ha llegado al punto de poner en cuestión al propio partido demócrata. Les acusa de violar las reglas de financiación de campaña, mientras sus seguidores protestan por el reparto de superdelegados, pesos pesados que cuentan con un voto único en la convención y que están volcados en Clinton. El senador prometió una revolución política y sigue en pie para cumplirlo, aguantando las presiones para que se retire de las primarias y sus duros reproches no abran una grieta interna difícil de sanar antes de las presidenciales. “Es comprensible que esto se haya puesto algo más tenso y que los intercambios sean más duros”, justifica la presidenta del partido demócrata, Debbie Wasserman-Schulz, en Fox News. “Pero cuando comparas el talante de nuestros debates con la guerra civil que continúa arrasando el lado republicano no me preocupo, porque nosotros sabemos cómo volver a unirnos.”

La lucha entre los republicanos es sangrienta desde hace meses. Los ataques negativos de la campaña salpican ahora también a la cúpula del partido, aumentando la profunda crisis interna que arrastran los conservadores. La rotunda victoria de Trump en Nueva York es la prueba de ello. El magnate ganó las primarias en casa superando por primera vez la barrera del 50% de los votos, su victoria más importante hasta el momento. Un triunfo incuestionable que le acerca a la nominación. Pero aún no la tiene en el bolsillo. El camino es complicado. Trump pone punto final a las últimas semanas de mala racha, consigue un impulso clave para la próxima tanda de primarias en la región y demuestra que puede ganar en grandes estados de naturaleza diversa y liberal. Su victoria cobra aún más fuerza teniendo en cuenta que es extremadamente impopular en la ciudad más poblada del país, Nueva York, donde las andanzas del multimillonario hace años que ocupan los tabloides. En esa urbe no se entiende su discurso proteccionista, agresivo y xenófobo. Aun así, Trump ha conseguido dejar a gran distancia a su rival más inmediato, el senador de Texas Ted Cruz, que cayó al tercer puesto, por detrás del gobernador de Ohio John Kasich, por su perfil ultraconservador y unos desafortunados comentarios sobre “los valores de Nueva York”.

Es ya imposible que Cruz se haga con los 1.237 delegados necesarios para ganar la nominación presidencial republicana. Pero su estrategia consiste en difuminar esta realidad y seguir adelante hasta la convención del partido en julio, por lo que pueda pasar. Trump espera grandes victorias en las próximas primarias en Connecticut, Maryland, Rhode Island y Pensilvania el 26 de abril, y en Indiana el 3 de mayo. Pero quizá no sea suficiente. Y ese es el gran interrogante que queda por despejar: ¿conseguirá Trump llegar a los 1.237 delegados antes de julio, o los republicanos se verán abocados a una convención abierta por primera vez desde 1976? Es probable que no haya respuesta hasta la última cita de las primarias, el 7 de junio en California. La tensión entre los conservadores asciende a niveles desorbitados ante la perspectiva de una convención con una segunda votación. La campaña de Cruz está volcada en arañar hasta el último delegado para evitar la victoria de Trump. Con ese mismo objetivo aguanta Kasich en la carrera. Aunque él sólo ha ganado unas primarias hasta ahora, las de su estado, tiene una potente carta que lo mantiene en pie: no es Trump ni Cruz, dos de los personajes más detestados por el establishment conservador. Kasich insiste, citando las encuestas, en que es el único que puede salvar al partido republicano y ganar a Clinton en noviembre.

Defenderse a cualquier precio

Pero Trump está dispuesto a defender su liderazgo a cualquier precio. Y ha elevado sus ataques hasta la cúpula del partido, a la que acusa de conspirar para evitar que se haga con la nominación republicana. Se queja de que las reglas de las primarias están amañadas y pone como ejemplo Luisiana o Colorado, donde ganó el voto popular, pero no la mayoría de delegados. El partido le recuerda que estas reglas fueron fijadas hace muchos meses. “Aunque cada estado es diferente, el proceso es fácil de entender para aquellos dispuestos a aprenderlo”, respondió en un comunicado el jefe de Estrategia del RNC (Comité Nacional Republicano), Sean Spicer.

¿Conseguirá Trump los 1.237 delegados antes de julio o será la primera convención  abierta desde 1976?

Las oscuras amenazas de Trump aumentan y advierte que si no le abren camino, “julio será un mes muy duro” para todos y “espera que no haya violencia”. Esto no es ninguna sorpresa. Coincide con el mensaje de fondo de su campaña electoral: el sistema no funciona. Sus sucesivas victorias demuestran que hay votantes que se sienten identificados con estas demostraciones de ira contra el partido republicano y la política tradicional. Pero a estas alturas de la carrera, este argumento es de doble filo. De ser el candidato, el magnate necesitará en noviembre la maquinaria del partido al que está insultando. Él asegura ser muy consciente de ello, promete entre dientes moderarse antes de otoño y trata con esfuerzo de mostrar cada vez más su talante “presidencial”.

Trump ha contenido los insultos a sus rivales y los mensajes incendiarios en las redes sociales. Además, acaba de contratar a dos pesos pesados republicanos, el exdirector político del partido, Rick Wiley, y el exasesor electoral de Ronald Reagan o George H. W. Bush, Paul Manafort, en un intento de profesionalizar su campaña, normalizar su candidatura y tender una mano conciliadora al establishment republicano. Así se lo piden ya muchos seguidores, como advertía el New York Post al darle su apoyo: “Si gana la nominación, esperamos que Trump cambie. No solo en sus posturas, sino también en sus maneras.”