19/10/2019
Internacional

El terremoto de los 'antipolíticos' sacude las primarias en EE.UU.

Los republicanos están nerviosos y los demócratas, intranquilos. La pugna por la presidencia, que se preveía apacible, arranca imprevisible y sin un claro favorito

Dori Toribio - 29/01/2016 - Número 19
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El terremoto de los 'antipolíticos' sacude las primarias en EE.UU.
Mikel Jaso

Nadie lo vio venir. Tras meses de eterna y sangrienta precampaña, por fin arrancan oficialmente las primarias estadounidenses en un escenario que pocos supieron anticipar: el ascenso de los antipolíticos. Hace un año, todos los pronósticos aseguraban que las elecciones presidenciales de 2016 para elegir al sucesor de Obama quedarían reducidas a una lucha entre dos titanes y sus dinastías políticas: Hillary Clinton y Jeb Bush. Hoy aquellas quinielas están rotas en pedazos, cumpliendo esa máxima que asegura que en EE.UU. todo es posible. Incluso que el empresario multimillonario sin experiencia política pero con mucha cultura de reality show, Donald Trump, irrumpa en la escena republicana por un capricho presidencial y rompa todos los esquemas.

Cuando lanzó su campaña hacia la Casa Blanca en la primavera de 2015, pocos lo tomaron en serio. Analistas, medios y políticos auguraban que desaparecería tras sus 15 minutos de gloria. Pero Trump llega a las primarias como líder de las encuestas republicanas, tras seis meses consecutivos en los primeros puestos. También en los estados de Iowa y New Hampshire, las dos primeras citas del largo ciclo de caucus y primarias que arranca el 1 de febrero y culminará en junio.


Trump amenaza con llegar hasta el final y hacerse con la nominación presidencial republicana. Tiene fans y dinero suficiente para hacerlo. Veremos si también votantes. “Seré el mejor presidente que Dios ha creado jamás”, presume el polémico multimillonario, que no es el único en llegar hasta aquí contra todo pronóstico y alejado del establishment. El ultraconservador senador por Texas, Ted Cruz, se ha consolidado como otro de los favoritos. Estas primarias pueden acabar siendo una disputa entre los dos candidatos más polémicos de la carrera, ambos en la periferia ideológica de su horrorizado partido. Con un tercero que trata de abrirse camino, el senador por Florida Marco Rubio, algo más moderado y respetado en la cúpula republicana.

Ya no es una lucha entre Clinton y Bush, cumpliendo la máxima de que todo es posible en la política de EE.UU. 

¿Qué tienen todos ellos en común? Dicen recoger el sentir popular de decepción y hartazgo contra la élite política tradicional. Aseguran que no les gustan las formas de Washington y llegan para cambiarlas. Algunos desde dentro, aunque resulte contradictorio, como los senadores Cruz y Rubio. Otros desde fuera, como Trump, el neurocirujano Ben Carson y la ex directora ejecutiva de Hewlett-Packard, Carly Fiorina, que nunca han pisado Washington. Los outsiders están aquí para quedarse.

Pero en estos tiempos de resentimiento ciudadano con la política de siempre, este discurso no es rentable solo entre las filas republicanas. Si hay un candidato que ha conseguido poner en pie a las bases de su partido con la promesa de “una revolución política” es el senador de Vermont, Bernie Sanders. No dice ser antipolítico. Pero sí se declara socialista, término que levanta ampollas aún hoy en EE.UU. y le da muy pocas posibilidades reales de victoria. Es otra forma de estar lejos del establishment, volcado en la gran favorita Hillary Clinton. Sanders ni es ni quiere ser como los demás demócratas: “Una de las grandes tragedias a la que nos enfrentamos hoy es que mucha gente ha dejado de creer en el sistema político. Creen que no hay ninguna razón para votar a la misma gente. Así que no votan”. A sus 74 años, Sanders le pisa los talones a Clinton en los primeros estados en celebrar primarias. Su progresismo levanta pasiones entre los jóvenes y entre los que quieren a un demócrata en la Casa Blanca, pero no a otro Clinton.

Los candidatos que dicen no ser como los demás están poniendo en aprietos a los grandes partidos. Los caucus de Iowa y las primarias de New Hampshire son prueba de ello. Estas dos citas electorales marcan el resto de la contienda porque son las primeras, tienen gran tradición histórica y una peculiar naturaleza electoral. La atención de los medios está volcada en ellas. Iowa es un estado del cinturón granjero del Medio Oeste con tres millones de habitantes, de tendencia conservadora, pocas minorías y apenas unos 200.000 votos en los caucus. No es representativa del resto del país. Pero, aunque cueste entenderlo, es un estado esencial que puede inclinar la balanza electoral. Para ganar, los candidatos recorren los 99 condados casi puerta a puerta. Los votantes exigen contacto directo. Con estas condiciones populares, entre los republicanos despuntan Donald Trump y Ted Cruz, ferozmente empatados, y el demócrata Bernie Sanders, a poca distancia de Hillary Clinton tras un inesperado acelerón de año nuevo. Se consolidan así las candidaturas de los que no estaban en las quinielas ante los atentos ojos del país y el escrutinio de los ciudadanos de Iowa. El electorado se toma esta cita política muy en serio. La fría noche de los caucus los votantes registrados salen de sus casas a 20 grados bajo cero, discuten en asambleas electorales durante horas sobre las virtudes de los candidatos y votan escribiendo a mano en un trozo de papel. Pese a ser un voto informal, dice la tradición que para llegar a ser presidente hay que quedar entre los tres primeros en Iowa.

La presión es mucha. También en New Hampshire, estado de la costa Este del país que presume de ser el primero en celebrar primarias abiertas, en sentido tradicional. Una jornada de urnas que tiene bastante influencia en la carrera electoral para lo minúscula que es la región. Sus motivados votantes también son conscientes de su responsabilidad política. Sobre todo en la pequeña localidad de Dixville Notch, con una docena de habitantes. Allí salen a votar cuando el reloj marca la medianoche, y cuando cierran las urnas, generalmente un minuto después de las doce, anuncian los resultados. Son los primeros del país en hacerlo, de ahí el lema “New Hampshire votes first”.

En este estado moderado, tanto Trump como Sanders arrasan en las encuestas, con más de 20 puntos por delante de sus rivales inmediatos. “Son dos hombres muy diferentes, pero comparten algo importante: una habilidad innata para conectar con el estado de ánimo imperante”, asegura Paul Brandus, periodista de West Wing Reports e historiador presidencial, que recuerda que Iowa y New Hampshire tienen economías fuertes, con una tasa de desempleo que ha caído a la mitad de la media nacional.

La cosa es seria. Históricamente, los candidatos que pierden en estas primeras citas pueden verse obligados a abandonar la carrera porque los que ganan o sorprenden ven cómo sus campañas se disparan por la simbología de su victoria, la atención mediática y un aumento brutal en la recaudación electoral.

El partido, volcado en Hillary

Del lado demócrata, Sanders sorprende tanto en New Hampshire como en Iowa, donde Clinton contaba con ganar. Una victoria ajustada no basta para disipar el miedo de que se repita lo que ocurrió en 2008, cuando perdió ante un joven Barack Obama que se consolidó por sorpresa en los caucus. “Si Hillary pierde en Iowa y New Hampshire se activará el botón de pánico en el Partido Demócrata”, augura Mark Murray, editor político en la cadena NBC. “La mayoría de senadores, congresistas y gobernadores ya han dado su apoyo a Hillary Clinton. El partido está firmemente volcado en ella.”

Trump y Cruz dicen recoger el sentir popular de hartazgo. El demócrata Sanders triunfa entre los jóvenes

Su equipo de campaña trata de mantener la cabeza fría y confía en que incluso con un mal comienzo en las primarias, la exsecretaria de Estado se hará con la nominación presidencial demócrata y después arrasará frente a cualquier candidato republicano. Pero no está siendo tan fácil como pensaban. El escenario republicano es más numeroso y sangriento. Que Trump haya llegado hasta aquí trastoca todas las reglas del juego electoral. Sin experiencia, con un pasado demócrata y una campaña negativa construida sobre los mimbres del denostado discurso del miedo, mensajes xenófobos y demagogia. Nada le pasa factura. Nadie le planta cara. Y quizá ya sea tarde para hacerlo. A golpe de polémicas y despropósitos, Trump atrae una cobertura mediática continua. Cuenta con el apoyo de Sarah Palin y la admiración de Vladimir Putin. Presume de ser un experto gestor empresarial que enriquecerá al país. Y de ser el único candidato que se paga la campaña con su propio dinero, por lo que no debe favores a nadie. Muchos lo creen. Y lo conocen, porque es un famoso televisivo desde hace décadas. Miran a Trump no como a un político, sino como a un ciudadano enfadado más. Un outsider real con agallas para decir lo que todo el mundo piensa, que “hará que Estados Unidos sea grande otra vez.”

La crisis de los republicanos

En las bases conservadoras hay mucha decepción con el liderazgo de Obama, al que reprochan debilidad ante el mundo. Hay además hartazgo con el desencuentro interminable entre los dos grandes partidos y desconfianza ante la situación general: yihadismo, cambios sociales, lenta recuperación económica… Por eso cala el discurso de Trump. Y el de Cruz. Y el de todos aquellos que apuestan por los extremos y la política del puño sobre la mesa.

El Partido Republicano espera preocupado que se pase la moda de los celebrity candidates. Siguen confiando en que a la hora de la verdad, el voto moderado triunfe, el huracán Trump se calme, los políticos experimentados aceleren y las encuestas se equivoquen. Pero sobrevuela el fantasma de una convención dividida por primera vez desde 1976. Si nadie consigue los votos y delegados suficientes para hacerse con la nominación presidencial, la convención del partido el próximo mes de julio estará abierta. Ante esa perspectiva, la campaña se torna sucia, con ataques por debajo de la cintura y cuchillos en la espalda. Es el estallido de la gran crisis interna que atraviesa el Partido Republicano desde que nació el ultraconservador Tea Party. Tienen su alma ideológica dividida y de su reunificación depende su futuro. 

Los republicanos están nerviosos. Y los demócratas no están tranquilos. Son malos tiempos para los candidatos pragmáticos. Las primarias arrancan sin un claro favorito. Los pronósticos que aseguraban que este camino hacia la Casa Blanca sería más apacible que nunca dicen hoy que estamos ante una de las primarias más imprevisibles de la historia. El largo ciclo electoral de este país es una carrera de fondo plagada de sorpresas. Todo puede pasar hasta que el 8 de noviembre los estadounidenses voten a su próximo presidente. 

Los candidatos

Demócratas. Clinton confía en ganar la nominación, incluso con un mal comienzo en las primarias y a pesar de la sorpresa de Sanders

HILLARY CLINTON
HILLARY CLINTON
68 años

112 Millones**

Ha sido primera dama, senadora por Nueva York y secretaria de Estado. Con un currículum apabullante, es la gran favorita para convertirse en la primera presidenta de EE.UU. Los mayores obstáculos en su camino son el escándalo de los correos electrónicos, la gestión del atentado en Bengasi, la salud y el peso de su apellido. La historia tampoco se lo pone fácil: los demócratas no han conseguido retener la presidencia durante tres mandatos consecutivos desde 1948.

BERNIE SANDERS
BERNIE SANDERS
74 años

73 Millones**

Senador independiente y congresista de Vermont desde hace más de dos décadas. Se define como socialista, término que genera rechazo en el país y le da pocas posibilidades reales. Presume de haber forzado el mensaje de Clinton hacia la izquierda. Ataca a Wall Street, exige justicia social y moderación bélica, pero no ve claro el control de armas. Gruñón y explosivo, arrasa entre los jóvenes. Es una de las sorpresas de estas primarias y ha tambaleado la campaña de Clinton.

MARTIN O’MALLEY
MARTIN O’MALLEY
53 años

3,6 Millones**

Exgobernador de Maryland y exalcalde de Baltimore, con pocas posibilidades de ganar. Se presenta como una nueva generación de liderazgo demócrata, con importantes logros progresistas a nivel estatal: reforma sanitaria, alivios migratorios, control de armas y reforma del sistema de prisiones. La semilla de su gestión de la violencia policial en epicentros como Baltimore aún está entre interrogantes. No despega en las encuestas.

 

Republicanos. Un escenario numeroso y dividido. Sus candidatos aseguran querer cambiar Washington. Unos desde dentro, como Cruz o Rubio. Otros desde fuera, como Trump o Fiorina

DONALD TRUMP
DONALD TRUMP
69 años

35 Millones* hasta ahora ha gastado 5,8

Empresario multimillonario y estrella televisiva. Dio un primer aviso político en 2012 con el movimiento de los ‘birthers’, que ponía en duda que el presidente Barack Obama hubiera nacido en Estados Unidos. Se presenta como un ciudadano más, no un político, y “el único que se atreve a decir lo que todo el mundo piensa”. Sus ataques a inmigrantes, musulmanes, mujeres y discapacitados levantan odio y también pasiones. Es la gran sorpresa de estas elecciones.

TED CRUZ
TED CRUZ
45 años

64,9 Millones*

Senador de Texas desde 2013. Renombrado abogado constitucionalista, es una de las caras del ala derecha del partido, favorito del ultraconservador Tea Party y líder del bloqueo político que llevó al cierre parcial del Gobierno en 2013, en nombre del libre mercado. Hijo de exiliado cubano y madre estadounidense, nació en Canadá y renunció a esa nacionalidad para ser “solo estadounidense”. Es junto a Trump el favorito en Iowa, la primera cita de las primarias.

MARCO RUBIO
MARCO RUBIO
44 años

47,7 Millones*

Senador por el estado de Florida desde 2011, se define como ejemplo del sueño americano: hijo de emigrantes cubanos, un camarero y una limpiadora, que empezó como concejal en una pequeña ciudad de Florida, West Miami. Llegó al Congreso aclamado por el Tea Party, del que se ha distanciado con postulados que oscilan entre la moderación y el conservadurismo puro. Brillante orador, Rubio se lanzó a esta carrera como uno de los favoritos contra su mentor, Jeb Bush.

JEB BUSH
JEB BUSH
62 años

133,3 Millones*

Exgobernador de Florida. Hijo y hermano de presidentes. Sepultado por el terremoto Trump, no levanta cabeza. Conservador moderado, cuenta con el apoyo del ‘establishment’ y una recaudación electoral récord que puede permitirle llegar hasta el final en esta carrera de fondo. Pero no es suficiente. Casado con la mexicana Columba Bush, habla español con fluidez y defiende una reforma migratoria justa. Baila entre dos aguas cada vez que debe valorar la gestión de George W. Bush.

BEN CARSON
BEN CARSON
64 años

31,6 Millones*

Neurocirujano de éxito que a finales de los años 80 se especializó en la separación de gemelos siameses. Nacido en Detroit y conocido por sus actividades en la Iglesia Adventista del Séptimo Día, saltó a la fama política por sus ataques viscerales a la reforma sanitaria de Obama. El único afroamericano de estas primarias. Presume de ser un “conservador consumado”. Cae en picado desde que mintió sobre capítulos violentos de su adolescencia y una beca falsa en West Point.

CHRIS CHRISTIE
CHRIS CHRISTIE
53 años

18,6 Millones*

Gobernador de Nueva Jersey desde 2010, estado tradicionalmente demócrata. Conocido por su brutal sinceridad y por tender la mano al bipartidismo, como su colaboración con el presidente Obama tras el huracán Sandy, algo que los más conservadores nunca le han perdonado. Estaba en las quinielas de los grandes presidenciables hasta que un escándalo de corrupción en la gestión de infraestructuras de su estado salpicó a su cúpula política.

JOHN KASICH
JOHN KASICH
53 años

16,1 Millones*

Gobernador de Ohio. Republicano moderado con más de tres décadas de trayectoria política y gran popularidad en su estado, clave en las elecciones presidenciales. Se presenta como un líder experimentado, honesto y con mucha mano para que salgan las cuentas públicas. Intentó lanzarse a la carrera hacia la Casa Blanca en los años 90, pero no llegó a las primarias. En esta ocasión, cuando por fin lo ha conseguido, se mantiene a flote a duras penas.

RAND PAUL
RAND PAUL
53 años

16,4 Millones*

Senador por el estado de Kentucky desde 2011. Libertario como su padre, el excandidato presidencial Ron Paul, con quien ha coincidido en el Congreso y en el impulso de las ideas del Tea Party, un movimiento dividido en el apoyo a diferentes candidatos. Defiende menor presencia del Estado, menos intervenciones en el exterior y un mayor aislacionismo. Fue una de las pocas voces conservadoras en levantarse contra la vigilancia masiva de la NSA.

CARLY FIORINA
CARLY FIORINA
61 años

12 Millones*

Tiene una reconocida trayectoria empresarial en el sector tecnológico y poca experiencia política. Su campaña se basa en su historia de superación profesional: entre 1999 y 2005 fue directora ejecutiva de Hewlett-Packard y la primera mujer en dirigir una de las 20 principales empresas de EE.UU. Los medios la bautizaron como “la dama de hierro estadounidense”. Nació en Austin (Texas), hija de un profesor de Derecho, decano y juez federal y de una pintora.

MIKE HUCKABEE
MIKE HUCKABEE
60 años

7,7 Millones*

Exgobernador de Arkansas, donde nació en 1955, de padre bombero y madre oficinista de la compañía de gas local. Esta es la segunda vez que se lanza a la carrera hacia la presidencia del país. Lo intentó en 2008, acaparando gran parte del voto evangelista. Pero entonces perdió frente a John McCain. Presume de ser quien puede derrotar a los Clinton tras haber llegado a ser gobernador del estado sureño durante 10 años “pese a la herencia de su maquinaria política”.

RICK SANTORUM
RICK SANTORUM
57 años

1,3 Millones*

Exsenador y congresista por Pensilvania. Se presentó a las primarias republicanas de 2012 y ganó en 11 estados, incluido Iowa, aunque finalmente la nominación republicana se la llevó Mitt Romney, que terminó perdiendo las presidenciales frente a Obama. Esta vez no consigue despegar en las encuestas. Padre de siete hijos, se define como conservador católico y defensor de la familia, y demuestra un renovado interés por los votantes de clase trabajadora.

*Millones de dólares recaudados hasta octubre de 2015  **Millones de dólares recaudados hasta enero de 2016