14/12/2019
Ciencia

Dennett al desnudo. Cómo piensa un filósofo

En Bombas de intuición, el pensador ofrece un conjunto de herramientas para pensar en problemas filosóficos

Roger Corcho - 10/06/2016 - Número 37
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Dennett al desnudo. Cómo piensa un filósofo
Bruce Davidson / magnum / contacto
Desde hace décadas, el papel de la filosofía dentro de la cultura se ha visto cuestionado y puesto en duda en numerosas ocasiones. Como sus principales temas se habrían convertido en disciplinas científicas autónomas, las sobras no servirían más que para componer banalidades intrascendentes con las que no merecería la pena perder el tiempo. Se trata de una crítica injusta, y una de las mejores maneras de probarlo es recurrir a la obra del filósofo Daniel Dennett (Boston, 1942).

Muchos científicos piensan que la ciencia se reduce a lo que ocurre en los laboratorios, y todo lo que no tenga que ver con sus placas de Petri es una excentricidad. Sin embargo, es frecuente que muchos de estos científicos acaben por interesarse por alguna de las grandes cuestiones —como la conciencia o el libre albedrío—, y entonces se encuentran con serias dificultades. O se pierden en hipótesis absurdas —como suponer que la física cuántica resolverá el misterio de la conciencia—. O bien sus posiciones de partida ya asumen lo que quieren demostrar, como plantear que las neuronas individuales son conscientes en sí mismas (“¿Entonces estás diciendo que si quitáramos algunas de esas neuronas sensibles al rojo y las mantuviéramos vivas en una caja de Petri, y las estimuláramos con un microelectrodo, habría conciencia de rojo en la caja de Petri?”, preguntó Dennett a Francis Crick cuando este le explicaba su idea de los correlatos neuronales de la conciencia). Es lo mismo, denuncia Dennett, que atribuir propiedades mágicas a determinados tejidos del cuerpo. Para evitar caer en trampas, o se renuncia a tratar los grandes problemas o se procede según ese análisis lento y concienzudo de los argumentos, una tarea en la que Dennett lleva embarcado más de cinco décadas.

Cómo ser Daniel Dennett

En Bombas de intuición, su última obra traducida, Dennett presenta un conjunto de herramientas para pensar en problemas filosóficos. Aunque parezca que no se necesite más que un sofá, Dennett muestra que existen numerosas estrategias y planteamientos útiles —a los que él mismo ha recurrido constantemente en sus libros y discusiones con colegas— que ayudan a afrontar tales cuestiones. Como se centra en los recursos intelectuales que ha usado en sus propias investigaciones, el libro enseña a pensar tal y como lo hace el propio autor.

El fin de la mayoría de las propuestas del libro es detectar errores en las ideas propias y ajenas

No estamos ante un manual de autoayuda para aprender a pensar, ni hay fórmulas sencillas para aplicar inmediatamente en cualquier situación, ni tampoco se van a encontrar recursos intelectuales para ganar todos los combates dialécticos. El fin de la mayoría de propuestas que se encuentran en el libro se dirige, por el contrario, a detectar errores, tanto en las ideas propias como en las ajenas. Aunque sean erróneas, tienen que ser ideas importantes y que merezca la pena que se les dedique tiempo. Solo así, desenmascarando ideas brillantes, se podrá aprender de los errores y se podrá progresar, algo que no ocurrirá si se ocupa el tiempo con ideas ridículas.

Transparencia

Como la transparencia es el mejor antídoto contra el error, buena parte de sus estrategias se dirigen a promoverla y garantizarla (el libro en sí mismo es también un ejercicio de transparencia, de modo que el autor pone en práctica precisamente aquello que predica). Existen razones de peso para adoptar esta estrategia. Tal como explica Dennett, en una discusión es muy posible que el origen de la discrepancia se encuentre entre esas creencias que ambos han asumido que comparten y a las que, por esa razón, ni siquiera han hecho referencia. Si esa creencia errónea no sale a la luz, no se podrá someter a su análisis, de modo que no se descubrirá y la discrepancia no podrá resolverse. De la misma manera ocurre en caso de que las posiciones irreconciliables se produzcan por sutiles diferencias en la interpretación de algún concepto elemental.

Este problema es especialmente grave en encuentros entre especialistas: si alguien trata de definir una noción considerada elemental, se suele interpretar como una intolerable falta de respeto entre colegas, de modo que se evita. Para sortear estos inconvenientes, Dennett ha promocionado encuentros en los que además de expertos se invita a un grupo reducido de estudiantes brillantes, cuya misión consiste en preguntar todo lo que no entiendan. Ante este público, los expertos se ven obligados a hacer el esfuerzo de exponer sus ideas de forma clara y explicitar todas esas suposiciones sobre las que se sostienen sus argumentos. De esta manera, los expertos asistentes pueden descubrir discrepancias precisamente en las ideas que creían compartir, sin sentirse gravemente ofendidos.

Este planteamiento se encuentra también en la génesis de este libro, cuyos contenidos se expusieron a un grupo de 13 alumnos a los que se pidió cuestionar todo aquello que no estuviera expresado con claridad. El resultado es magnífico, incluso en la descuidada traducción española (es una pena que un libro en cuya preparación se ha puesto tanto esmero llegue a los lectores españoles de cualquier manera).

Problemas filosóficos

En su afán por exponer las bambalinas, Dennett no puede evitar que la función se ponga en marcha. Es decir, mientras enseña sus recursos para pensar, acaba aplicando tales herramientas a los problemas a los que ha dedicado su vida. El resultado es que el libro recorre las principales tesis que ha sostenido a lo largo de su carrera. Es un excelente resumen de su pensamiento, escrito de forma clara y accesible, pero sin atajos.

El origen de una discrepancia suele encontrarse entre las creencias que se ha asumido compartir

Para convencernos de que no es necesario recurrir a sustancias inmateriales para explicar la conciencia, exprime al máximo la metáfora de la computadora, y no duda en dedicar un capítulo a enseñar a escribir programas —de manera sorprendentemente sencilla y práctica—, para dejar bien claro que se puede ser competente sin necesidad de comprender lo que se está haciendo, como las neuronas o un procesador, que no saben lo que hacen.

Dennett también defiende que el libre albedrío no es incompatible con la idea de que estamos sumergidos en un océano de relaciones causales. Ser libre no requiere, a tenor de Dennett, postular almas inmortales. Considera erróneo que otros científicos, partiendo de posiciones igualmente naturalistas como la suya, lleguen a la conclusión precipitada de negar la libertad. La máquina de causalidades que es el ser humano es también una entidad libre y moral. 

El libro invita a enfrentarnos a los argumentos propios, pero honestamente y sin trampas, utilizando herramientas de pensar y no el recurso fácil de manipular la posición contraria, o descalificar a todo el que nos lleve la contraria. No se trata de ganar: en muchas ocasiones, concluir que estábamos equivocados puede ser el mejor (y único) triunfo que se puede conseguir.

Bombas de intuición y otras herramientas de pensamiento
Bombas de intuición y otras herramientas de pensamiento
Daniel Dennett
Traducción de Laura Lecuona
FCE, México, 2015,
369 págs.