15/12/2019
Análisis

Dinamarca ha perdido el rumbo… Y el corazón

Katharine Jones - 05/02/2016 - Número 20
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El mensaje es tan claro como visceral: los refugiados no son bienvenidos en Dinamarca. Todos los recién llegados, la mayoría sirios, eritreos y afganos que huyen de la guerra y la persecución, tendrán que pasar por un indigno e invasivo cacheo al llegar, además de permitir que registren su equipaje. Los refugiados solo podrán quedarse con hasta 10.000 coronas danesas (1.340 euros) en bienes y dinero. Lo que supere esa cantidad les será requisado y vendido por las autoridades.

El rechazo a esta decisión, que para muchos recuerda a las prácticas nazis, ha resonado en todo el mundo. El Gobierno danés afirma que esto contribuirá a pagar los costes de las ayudas a los peticionarios de asilo, unos 15.000 en 2015. Pero los refugiados no llegan cargados de dinero y ordenadores. La mayoría tiene poco más que la ropa que lleva puesta. Incluso si comienzan su periplo con algo de dinero, lo habitual es que desaparezca durante sus largos viajes.

Y mientras la consigna sobre el dinero está clara, la de los bienes es más vaga. En respuesta a las críticas internacionales, la ministra danesa de Inmigración, Integración y Vivienda enfatiza que podrán quedarse con objetos de valor sentimental como alianzas de boda o compromiso, retratos familiares, medallas… Todos ellos están exentos de la nueva ley, pero no los relojes, los móviles o las computadoras.

¿Qué pasa con el resto de objetos? Si un retrato familiar está en un marco de plata, ¿se pueden quedar con la foto y vender el marco? En la práctica, los refugiados tendrán que conformarse con lo que los agentes decidan que es sentimental o no. Y puede que esto acabe siendo un proceso traumático.

El primer ministro danés señala que es una cuestión de principios, que quienes se puedan permitir mantenerse deberían hacerlo. Aun así, las autoridades obligan a los peticionarios de asilo a vivir en centros austeros y aislados, centros que son supuestamente costosos, aunque no se haya publicado ninguna cifra al respecto. Los refugiados tienen prohibido trabajar si están alojados en estos lugares. Seguramente preferirían poder mantenerse por ellos mismos, pero el Estado danés no se lo permite.

Esta ley dice mucho sobre el momento que vive la sociedad danesa y tendrá un efecto dominó en Europa

La realidad es que esta medida pretende ser disuasoria, atemorizar a los potenciales refugiados que tengan pensado dirigirse a Dinamarca. Como Suecia, Austria, Alemania y otros países europeos que han endurecido los controles en sus fronteras, con el miedo y el sentimiento antiinmigrante extendiéndose por el continente, Dinamarca ha puesto una marca en el suelo. Ya no hay ninguna duda sobre su posición en la que hoy es la principal crisis en la UE.

Además de confiscar bienes, Copenhague ha incrementado el tiempo necesario antes de que los refugiados puedan solicitar la reagrupación familiar, algo que según Amnistía Internacional pisotea las leyes internacionales con las que se ha comprometido el país. En realidad, Dinamarca lleva más de una década cultivando la xenofobia. Desde 2002, los sucesivos gobiernos han endurecido los controles y recortado las ayudas a los peticionarios de asilo. En las elecciones de 2015, el sentimiento antiinmigrante estaba en el centro del debate.

El actual Gobierno en minoría llegó al poder con el apoyo de la plataforma antiinmigrante. Incluso la oposición socialdemócrata, dirigida por la ex primera ministra Thorning-Schmidt, se unió a ese coro durante la campaña. Así, no es posible separar este sentimiento —el 70% de los daneses nombran la inmigración como una de sus principales preocupaciones— de la escalada de islamofobia en Dinamarca.

La nueva ley dice mucho sobre el momento que vive la política y la sociedad danesa. Y más allá del impacto que tendrá en los refugiados, lo que es seguro es que tendrá un efecto dominó en Europa. Una respuesta común a la crisis de los refugiados parece más lejana que nunca, mientras las perspectivas a largo plazo del acuerdo de Schengen, que se mantiene a duras penas en el corazón del debate europeo, parecen frágiles. Al hacer esta elección, los daneses le han dado la espalda a los compromisos de su país con las leyes internacionales. Cualquier recuerdo de Dinamarca como uno de los principales campeones de la Convención de Ginebra y como un país de tolerancia se ha desvanecido en el recuerdo y desaparecido en los archivos.