14/10/2019
Opinión

El dilema de Rajoy

Editorial - 22/07/2016 - Número 43
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Tras siete meses de tanteo y dos elecciones generales de por medio, queda claro que nuestros principales partidos políticos han aumentando de modo notable su conocimiento en teoría de juegos. El más conocido de todos, el dilema del prisionero, demuestra que aunque la colaboración genera beneficios para todos, los incentivos particulares de cada uno suelen impedirla.

Después de las elecciones del 26-J, Rajoy parece tener todos los triunfos en la mano. En torno a su partido giraría la única posibilidad real de formar gobierno, y la negativa a permitirlo por quien fuere obligaría a unas terceras elecciones de las que el PP saldría previsiblemente aún más reforzado. Esto explica las amenazas de Rajoy a PSOE y C’s para que faciliten de inmediato su investidura o se preparen ya para nueva cita con las urnas en noviembre.

Encontrarse entre la espada y la pared suele incentivar el ingenio. Así, C’s parece haber encontrado una vía de escape que vuelve a colocar la pelota en el tejado de Rajoy, absteniéndose para facilitar su investidura sin exigir a cambio contrapartidas que les encadenarían como socios de un personaje políticamente tóxico. Albert Rivera pretende que el PSOE haga lo mismo. Parecería paradójico que una  cesión gratis total fuera más conveniente, pero a estas alturas de la partida la solución individual podría ser la más racional para los minoritarios, aunque la peor colectivamente hablando.

Un gobierno en minoría sin ningún pacto estable está condenado a la impotencia y a la permanente humillación parlamentaria. No es lo que España necesita en este momento de fuertes convulsiones internacionales, en el que nuestros compromisos con Europa nos obligan a adoptar decisiones inmediatas. Un gobierno en estas condiciones estaría forzado a convocar nuevas elecciones transcurrido el primer año, para el otoño de 2017, con el consiguiente desgaste para todos.

Así que lo que C’s —y quizás el PSOE— le están diciendo a Rajoy es que su órdago no vale. Que estarían dispuestos a investirle en la segunda votación, pero que si quiere un pacto digno de ese nombre el PP necesita ofrecer algo sustancial a los electores de estos dos partidos.  Y lo único sustancial que puede ofrecer es otro candidato. 

Así que la decisión final la tiene nuestro actual presidente en funciones. Tendrá que elegir entre el dilema de continuar un año más en una situación imposible, acumulando descrédito hasta límites insospechados, o pasar a nuestra pequeña historia nacional como el hombre que se sacrificó por la gobernabilidad de este país. Va a resultar, entonces, que el prisionero era Rajoy.