24/2/2020
Política

Entre los nacionalistas y el PSOE

Rajoy está dispuesto a ser reelegido con la ayuda de quienes atacaba hasta esta misma semana, Convergència, PNV o los socialistas, pero estos condicionan su ayuda a que Ciudadanos torne su abstención en un voto favorable a la investidura

AHORA / Rosa Paz - 22/07/2016 - Número 43
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Entre los nacionalistas y el PSOE
Francesc Homs pasa ante Rajoy después de su intervención en la sesión plenaria del pasado mes de marzo. Javier lizón / eFE
Si el PP y Ciudadanos, como confirman en los dos partidos, están negociando los presupuestos de 2017 pero no la investidura de Mariano Rajoy —en la que el partido de Rivera jura que se abstendrá—, algo no encaja. Porque no se pueden aprobar las cuentas del Estado si no hay un nuevo gobierno y no lo habrá si previamente el Congreso de los Diputados no elige a la persona que ostente la presidencia. Y esa investidura no es, por el momento, viable si el partido naranja no cambia su abstención por un sí al presidente del PP. Eso le permitiría a Rajoy contar con 169 votos —los 137 diputados del PP, más los 32 de Ciudadanos—, a los que se añadiría el de la diputada de Coalición Canaria. En total 170, a seis de la mayoría absoluta.

Y ahí se abrirían otras posibilidades. La colaboración de Convergència y el PNV, por ejemplo, que ya el martes permitieron con su abstención que la popular Ana Pastor fuera elegida presidenta del Congreso frente al socialista Patxi López y otorgaron entre ambos 10 votos (CDC tiene 8 diputados y el PNV 5) para la elección de los vicepresidentes primero —Ignacio Prendes de Ciudadanos— y tercera —Rosa Romero del PP— a cambio, al parecer, de que se permita a los catalanes tener grupo parlamentario en el Congreso y a los vascos en el Senado.

Librarse de la responsabilidad

En el caso de que Ciudadanos cambiara su voto al sí, existiría también la posibilidad de que el PSOE se abstuviera una vez se ha constatado —el martes fue evidente— que no hay alternativa de izquierdas viable. Pero la actuación de los nacionalistas les abrió a los socialistas la posibilidad de librarse de una responsabilidad que, en sus temores, piensan que podría no ser bien acogida por las bases y los electores, además de ser utilizada como nueva munición contra Pedro Sánchez por los barones y los notables críticos. A pesar, eso sí, de que la mayoría de esos rivales de Sánchez le reprochan ahora su insistencia en el “no es no” y abogan por permitir el gobierno del PP. “Si Sánchez decide abstenerse sus críticos estarán por el no, y si opta por el no los críticos defenderán la abstención. No tiene salida, así que tendrá que abstraerse de las batallas internas para tomar una decisión”, explicaba a AHORA un veterano socialista.

Solo 10 días

Todas esas posibles combinaciones están aún en el aire y se mantiene la ceremonia de la confusión, aunque PP y Ciudadanos, los dos partidos llamados a ser socios de legislatura —“si vamos a convivir...” le dijo el martes en el Congreso el ministro García Margallo a la vicepresidenta Saénz de Santamaría refiriéndose a Ciudadanos— parecen dar por supuesto que habrá investidura. Por eso negocian los presupuestos. Para adelantar lo que será el trabajo más urgente del nuevo gobierno y el recién constituido Parlamento. Para aprobar las cuentas públicas necesitarán también a los nacionalistas, porque en eso el PSOE no cederá aunque facilitara finalmente la investidura.

El PP negocia con C’s los presupuestos, pero no tiene aún asegurados los votos para formar gobierno

No consta, sin embargo, que haya comisiones de PP, Ciudadanos y nacionalistas negociando esa investidura ni que los populares hayan puesto sobre la mesa compensaciones para los apoyos posibles, pero Rajoy tiene escasos 10 días para convencer a Ciudadanos y a los otros grupos, sean estos los nacionalistas o el PSOE, de la conveniencia de facilitarle la elección el 5 de agosto. Menos aún si la próxima semana le tiene que decir al rey si está o no en condiciones de someterse a un pleno de investidura.

Responsabilidad de los otros

Él sólo apela a la responsabilidad de los otros. Como si el gobierno le tuviera que ser concedido por el simple hecho de ser el candidato del partido más votado. Si las demás formaciones no lo ven así —y de momento no lo ven así— se arriesgaría a convocar el pleno de investidura para la primera semana de agosto y no salir elegido en ninguna de las dos votaciones. En el calendario que maneja el PP, el pleno empezaría el día 2, el 3 sería la primera votación, que exige mayoría absoluta, y el 5 la segunda, en la que solo precisa más votos a favor que en contra para ser elegido.

Y los partidos que finalmente elijan permitir que Rajoy continúe en La Moncloa una legislatura más tienen también solo un puñado de días para explicar a sus bases y electores su cambio de posición. Tendrán que olvidarse rápidamente de los vetos a un gobierno presidido por Rajoy, del “nunca” con el PP que no atiende a las peticiones de los nacionalistas catalanes y vascos o del “no es no”, y argumentarlo con algo más que la necesidad de estabilidad gubernamental y de aprobar los presupuestos y la incoveniencia de ir a nuevas elecciones, que parecerían argumentos de suficiente peso pero que han perdido fuerza entre tanta pirueta política como ha habido en los últimos meses.

Un fenómeno natural

 Aunque a lo mejor optan, como hicieron el martes populares y nacionalistas, por escurrir el bulto de las explicaciones. Los nacionalistas ni siquiera han asumido su voto a los vicepresidentes de la Mesa y el PP intenta venderlo como un fenómeno de la naturaleza, acaecido sin que haya habido intervención humana para provocarlo.

Hay quien sostiene que Rajoy solo irá a la investidura si tiene garantizada su elección como presidente

Ahora, analistas y políticos de la izquierda piensan que es imposible un pacto del PP con los nacionalistas, especialmente con la antigua Convergència, transformada en el Partit Demòcrata Català (PDC), “que solo tiene un punto en su programa político, el soberanismo”, y que no ha recibido del Gobierno del PP respuesta política a sus peticiones sino únicamente judicial durante los últimos años. Sin embargo, lo que en Madrid se ve como inviable en Cataluña se observa como una jugada política que gusta a los veteranos de Convergència y les da a los nuevos dirigentes un margen de maniobra con el que no soñaban. Y si los diputados del PDC se apuntan a la abstención sería más factible la de los del PNV, aunque tienen elecciones vascas en octubre. Rajoy, que hasta el martes parecía ver a esos grupos como el enemigo a batir, tendría más problemas para explicar una hipotética alianza.

Bloqueo y presión al PSOE

En la oposición hay quien piensa que Rajoy solo irá a la investidura si tiene garantizado el éxito y que, en caso contrario, mantendrá la situación de bloqueo institucional, sin poner en marcha con el primer pleno de investidura el calendario de dos meses que marca la Constitución para designar presidente o convocar elecciones. Y que lo utilizará fundamentalmente como medida de presión al PSOE, al que apremian en esa dirección desde diversos sectores económicos, políticos, sociales y mediáticos.

Aunque públicamente los dirigentes socialistas insisten en el no a Rajoy, muchos de ellos admiten en privado la posibilidad de abstenerse. Intentan calibrar cuál de todas las decisiones —facilitar el gobierno del PP o bloquear su constitución— tendría mejores o peores consecuencias para ellos y para el país. Pero en cualquier caso consideran inviable esa abstención si Ciudadanos no vota sí. “No parece lógico que todo el bloque de derechas,  salvo el PP, se abstenga y sean los socialistas los que facilitemos la investidura también con nuestra abstención”, dicen en la dirección del PSOE. Lo que sí parece claro es que esa abstención, de producirse, sería sin pactos ni contrapartidas, solo para no prolongar más la interinidad, porque el PSOE pasaría inmediatamente después a la oposición “pura y dura”, aseguran.