31/3/2020
Política

El fastidio de Rajoy

Sin apoyos suficientes para lograr la investidura, el líder del PP aparece más como un agente bloqueante que como el catalizador que puede garantizar la gobernabilidad del país

AHORA / Rosa Paz - 29/07/2016 - Número 44
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El fastidio de Rajoy
Rajoy en el comité de dirección del PP el martes pasado. tarek / Efe
Ha pasado un mes escaso desde las elecciones del 26-J y la euforia con la que Mariano Rajoy celebró su “victoria” aquella noche se ha ido transformando en penalidad, palabra que la Real Academia de la Lengua define como “trabajo aflictivo, molestia, incomodidad”. Una acepción que sirve para explicar no solo la penosa situación del presidente del PP y presidente del Gobierno en funciones, que se encuentra sin apoyos suficientes para ser investido, sino que también refleja cómo entiende su responsabilidad de negociar con otros grupos políticos las alianzas que le garanticen la reelección en el Congreso de los Diputados y la estabilidad posterior del gobierno. Rajoy no parece verlo como una necesidad inherente al resultado electoral, que le situó como el candidato del partido más votado —137 escaños frente a los 85 del PSOE—, sino más bien como un fastidio.

El inmovilismo

Pese al empeño de algunos dirigentes del PP —desde la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, al vicepresidente de comunicación del partido, Pablo Casado— en tratar de convencer a la sociedad española de la capacidad negociadora de su jefe, de su tendencia al pacto y la cesión para lograrlo, lo cierto es que en la X Legislatura, en la que gobernó con mayoría absoluta, se mostró incapaz de acordar nada con ningún otro partido y no aceptó sugerencias ni propuestas del resto de los grupos. Igual que en la nanolegislatura pasada, la undécima, en la que declinó la posibilidad de someterse a la sesión de investidura —pese a ser también el representante del partido más votado—, se negó a negociar apoyos o a abstenerse en la votación que podría haber llevado al líder del PSOE, Pedro Sánchez, a la Moncloa.

Si Rajoy no desbloquea la situación en los próximos días, en el PP pueden plantearse un cambio de candidato

Con su actitud, Rajoy contribuyó al bloqueo político y a la situación de interinidad que ahora achaca a los demás. Le aparecieron incluso nuevos casos de corrupción. Esta semana el PP ha sido procesado por destruir los ordenadores de Bárcenas. En aquel momento se alzaron algunas voces en el PP que pedían su sustitución en la candidatura. Ahora, reforzado por los resultados del 26 de junio, nadie se atreve aún a repetir esa exigencia, pero cada vez se extiende más la idea de que “Rajoy no ejerce una función catalizadora sino que más bien tiene un papel de agente bloqueante”. Puede ser, por tanto, que, si no desbloquea la situación en los próximos días, en su partido se convenzan de que él es el obstáculo para mantenerse en el poder y se planteen el cambio de candidato. Hay quien piensa en el PP que esa solución solo puede partir del propio Rajoy, pero esa hipótesis también se barajó sin éxito en la primavera pasada. En algunos sectores económicos y políticos se sugiere también otra opción para el desbloqueo: que el candidato a la investidura sea de otro partido. De nuevo Sánchez, como propusieron algunos portavoces, o un candidato de otra formación.

Presión y amenaza

Tras la segunda vuelta electoral, Rajoy está repitiendo la misma estrategia de la anterior: intentar que los demás grupos le otorguen la Presidencia del Gobierno sin pasar previamente por el esfuerzo de la negociación. Argumenta que los diputados de los otros grupos deben facilitarle la reelección como presidente por el simple hecho de ser el candidato del partido más votado, lo que en un sistema representativo como el español no significa haber ganado las elecciones. Gana quien forja una mayoría parlamentaria, bien porque la obtiene en la urnas bien porque es capaz de aglutinar los suficientes apoyos. De ahí que si Rajoy quiere seguir en La Moncloa necesite pactos que le garanticen la investidura y, posteriormente, la aprobación del techo de gasto y de los presupuestos.

Pero Rajoy, lejos de sentarse a negociar —envió a Ciudadanos un resumen del programa electoral del PP sin precisar en qué aspectos estaba dispuesto a ceder—, ha optado de nuevo por la presión. Una la ejerce directamente desde el Gobierno en funciones. Por ejemplo, la dirigida a los presidentes autonómicos del PSOE, a los que amenaza con la asfixia económica si no hay gobierno, techo de gasto y presupuestos pronto, y también la orientada a amedrentar a los pensionistas y a los funcionarios, a quienes advierte de la congelación de pensiones y salarios.

Otra forma de presión es la que ejercen otros por él. Si ya en los primeros meses del año desde el Ibex35, Bruselas y algunos notables socialistas se trataba de convencer a Sánchez y a la cúpula del PSOE de que facilitaran un gobierno del PP, esa presión se ha redoblado ahora. Y se extiende también a los dirigentes de Ciudadanos, llamados a ser socios de gobierno del PP.

A los nacionalistas

Desde círculos empresariales se trata de influir también en las cúpulas de los partidos nacionalistas, aunque la nueva dirección del Partit Demòcrata Català (antes Convergència) descarta votar tanto la investidura como los presupuestos. Lo primero era predecible. En el apoyo a las cuentas públicas, sin embargo, el PP tenía puestas sus esperanzas.

El líder del PP no negocia, pero presiona a otros partidos, al que más al PSOE, para que faciliten su investidura

La actitud de Rajoy sorprende a los partidos de la oposición, que no entienden cómo puede exigirles un apoyo sin molestarse siquiera en ofrecerles contrapartidas. Así lo ven en Ciudadanos, que además hasta hace pocos días insistía en el veto a un gobierno presidido por Rajoy. Modificar esa posición ya ha supuesto para ellos un cambio, aunque siguen viendo más viable apoyar a otro candidato del PP a la Presidencia. Pero la inacción del líder popular les mantiene de momento en la abstención, al igual que mantiene a los socialistas en el “no es no”, que tanto repite Sánchez. El líder del PSOE optó por desaparecer de la primera línea hasta su entrevista del jueves con el rey.

Responsabilizar al PSOE

Esa actitud de Rajoy también desconcierta a los suyos. Porque, más allá de su característico inmovilismo, no acaban de entender el enrocamiento de su líder, que parece convencido de que finalmente su estrategia de descargar sobre el PSOE la responsabilidad de lo que ocurra le dará buenos resultados.Bien porque los socialistas acaben por ceder, se abstengan y así él consiga la Presidencia, o porque si se repiten las elecciones —que serían las terceras en un año— los españoles culpen a los de Sánchez del empecinamiento de Rajoy.

Pese a que dirigentes del PP, envalentonados por la mejora electoral del 26-J, sostienen que si hay unos terceros comicios obtendrán ya la mayoría absoluta, esa hipótesis parece demasiado arriesgada. Entre otras razones porque es imposible predecir a quién atribuirá la ciudadanía la responsabilidad de una interinidad tan larga. Y porque en algunos sectores de la oposición se empieza a considerar también que ante un gobierno de 137 diputados, incapaz de aprobar siquiera los presupuestos generales y, por tanto, débil y seguramente breve, la vuelta a las urnas no tiene por qué ser la peor de las opciones.