25/6/2019
Economía

El fin de los vientos de cola para España

Los expertos alertan del debilitamiento de las fuerzas positivas que impulsan a la economía española

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El fin de los vientos de cola para España
Coches con destino a China en el puerto de Barcelona. Andreu Dalmau / EFE
La economía española no seguirá contando a medio y largo plazo con algunos de los vientos de cola exteriores e internos que la han empujado durante los últimos años: bajo coste del petróleo y materias primas, tipos de interés excepcionalmente reducidos y unos salarios muy por debajo de la media europea que han aumentado simultáneamente la competitividad y el grado de desigualdad. Más pronto que tarde, todos dejarán de soplar.

Así lo advirtió a principios de junio la OCDE en su último informe de perspectivas económicas, al considerar que algunas de estas fuerzas positivas “impulsarán el consumo en 2016, pero luego se desvanecerán en 2017”. Y así lo advirtieron hace unos días los economistas que protagonizaron un debate sobre la incertidumbre económica en la última edición de la Trobada Empresarial al Pirineu, una especie de Davos que se celebra cada año en pleno Pirineo leridano.

“Impulsarán el consumo en 2016, pero se desvanecerán en 2017", advierte la OCDE en su último informe

El más claro a la hora de levantar la bandera de aviso fue el catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid Emilio Ontiveros, quien señaló que el crecimiento que experimenta la economía nacional, superior a la mayoría de países europeos, ha venido contando con una “complicidad en el debe” cuya presencia acabará, tarde o temprano, por desaparecer. No en vano, la coyuntura mundial ha ido alineando los elementos de tal manera que han cubierto algunas de las lagunas más importantes de la estructura productiva de nuestro país. Por ejemplo, el petróleo.

La casi absoluta dependencia energética del exterior se ha visto compensada por la política de los países productores, que han multiplicado la cantidad de petróleo que sacaban al mercado para hacer frente a la amenaza del fracking. Más allá de aspectos medioambientales, esta tecnología alimentó en EE.UU. la fantasía del autoabastecimiento cuando el barril de crudo cotizaba por encima de los 100 dólares y se cubrían los elevados costes de extracción. La reacción de una OPEP liderada por Arabia Saudí no se hizo esperar, hasta situar los precios en menos de la mitad. Sin embargo, a mediados de 2016, según el jefe de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, los precios podrían haber tocado fondo.

El segundo eslabón de esta cadena de favores para España corresponde a la política monetaria. Tras una respuesta muy tímida frente a la crisis que sobrevoló el continente europeo con motivo de los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal, el BCE ha llevado a cabo desde 2012 una política expansiva que ha mantenido los tipos excepcionalmente bajos, incluso en valores negativos. Esta había sido la hoja de ruta de la Reserva Federal de EE.UU. para hacer frente a las consecuencias de la caída de Lehman Brothers en otoño de 2008, con resultados que pueden verse hoy: un crecimiento del PIB del 2,5%, un nivel de paro que en mayo se situó por debajo del 5% y un incremento de los salarios del 2% anual. Llegado este punto, la máxima autoridad monetaria estadounidense decretó hace ya meses el final de la política de estímulo y ha anunciado una subida de tipos antes de final de año después de varios aplazamientos. Según Ontiveros, si Europa logra alejar el fantasma nipón del estancamiento, el BCE se verá abocado a seguir esta senda, entre otras cosas porque mantener un interés negativo en los bonos alemanes a 10 años está tensionando sobremanera las cuentas de algunas aseguradoras.

La banca, en apuros

Y esas entidades no son las únicas con problemas. El estrecho margen que ofrece el interés interbancario hace que el negocio clásico de las entidades financieras —tomar dinero y darlo prestado— sea cada vez menos rentable. “Los tipos de interés bajo son el paraíso para quien tiene activos, pero son una pesadilla para quien tiene pasivos”, recordó Emilio Ontiveros. Y esta es, precisamente, la situación en la que se encuentra gran parte de la banca europea, que podría estar de nuevo en apuros, atenazada por un exceso de liquidez en los mercados, por la presión que ha introducido la nueva regulación comunitaria en sus cuentas y por la persistencia de activos dudosos en sus balances. Ontiveros llegó a hablar de 900.000 millones en el alero de los bancos y cajas de la Unión Europea, de los cuales 360.000 millones corresponderían solo a Italia, donde la tasa de morosidad alcanza el 18,5%. En vista de este cuadro, el nerviosismo que provocó el anuncio de ampliación de capital del Banco Popular no sería sino una muestra de un estado de ánimo generalizado.

En cuanto a los costes laborales, nuestro país se ha beneficiado de la “marcada moderación” salarial aplicada gracias a los acuerdos de negociación colectiva que presidieron los años más duros de la crisis (con subidas plurianuales por debajo del 1%) y al posterior recorte en su alcance que supuso la introducción de la reforma laboral impulsada por el PP. Recientemente, CC.OO. y UGT han denunciado que, después de la crisis, el salario medio en España es un 40% menor que el de la eurozona, cuando antes la diferencia era de un 30% menos. Los asalariados habrían sido así los  únicos en cumplir con aquel paquete de recortes del 30/30/30 que debía aplicar España en paralelo también sobre su sistema financiero y su gasto público.

La fortaleza exterior

Sin embargo, tanto Ontiveros como otro de los ponentes de la Trobada, el profesor del IESE Alfredo Pastor, aseguraron que la competitividad de las empresas españolas no se ha ganado por este lado; y menos cuando no ha habido una reducción paralela de los beneficios empresariales, sino al contrario. “¡Ay de aquellas empresas que no hayan mejorado también en el lado del haber”, alertó Ontiveros para reclamar mejoras reales en la actividad comercial y en la generación de  valor.

Ontiveros: “Los tipos de interés bajos son el paraíso para quien tiene activos y una pesadilla para quien tiene pasivos”

Por su parte, Pastor subrayó que la “extraordinaria fortaleza” que ha exhibido el sector exportador español no se ha basado en estos salarios bajos, sino en una labor de apertura de mercados que se venía haciendo desde décadas atrás. Es más, el economista catalán apostó sin ambages por “subir los salarios” para mejorar la demanda interna, aunque también abogó por cambiar el sistema de protección al desempleo y limitar un acceso generalizado a las prestaciones. “Protegemos el puesto de trabajo, en lugar de al trabajador, cuando no sabemos cuáles serán los puestos de trabajo del futuro”, denunció. En esta línea, rechazó fórmulas como el contrato único o la derogación de las últimas reformas e incidió en la formación y la flexibilidad como únicos antídotos eficaces frente al paro.