4/4/2020
Política

El Gobierno cae en la deslealtad institucional contra Sánchez

Los ministros intentan asustar a socios y mercados con un ejecutivo de izquierdas

Juan Luis Gallego - 12/02/2016 - Número 21
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El 17 de septiembre de 2014, el todavía ministro de Defensa, Pedro Morenés, comparecía ante la comisión correspondiente en el Congreso de los Diputados. La coalición internacional contra Estado Islámico o anti-Dáesh, impulsada por Estados Unidos y que acabaría contando con el apoyo de 66 países, estaba entonces en ciernes, mientras el Gobierno español, titubeante, ponía límites a su implicación. Por eso, Diego López Garrido, entonces portavoz del PSOE en materia de Defensa, aprovechó la presencia del ministro para reprochar al Ejecutivo su ausencia en los preparativos de la alianza, a la que, dijo, se estaba incorporando por la “puerta de atrás” y con una evidente “falta de liderazgo”.

A esa alianza a la que el Gobierno se sumó “arrastrando los pies”, según declaraciones a AHORA del propio López Garrido, es a la que se refería el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, cuando el pasado día 3 dijo haberse visto “obligado” a informar a sus colegas de que “un posible gobierno de coalición del PSOE con Podemos, si prevalece la tesis del segundo, podría llevar a que España sea el primer país de los 66 en salir de la coalición”. Nada que ver con el pacto antiyihadista suscrito en La Moncloa y al que Podemos, efectivamente, como IU, CDC, ERC o PNV, ha preferido no sumarse.

Al día siguiente de aquellas declaraciones, García-Margallo se ratificó en su advertencia, pero  quiso aclarar una cosa: “No fueron declaraciones oficiales”, es decir, no las hizo en el plenario de la reunión, en la que se encontraban representantes de los países firmantes de la coalición, encabezados por el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, sino “en los márgenes de la conferencia”. Lo otro, reconoció, “hubiese sido absolutamente inadmisible”.

No ha sido esa la única vez en que los actuales ministros en funciones salen al exterior a arrojar dudas, “oficiales” o no, sobre un hipotético gobierno de izquierdas en lo que parece una estrategia encaminada a buscar apoyos externos a su intento de frustrar cualquier alternativa a un gobierno del PP, intentar que desde el exterior presionen al PSOE para un ejecutivo de gran coalición y utilizar también el contexto internacional como altavoz de sus críticas. Una práctica que no se da en otros países democráticos.

Deslealtad

“Es una falta absoluta de fair play político, y más viniendo de un Gobierno en funciones”, declara a AHORA un exministro socialista. A su juicio, el protocolo en coyunturas similares pasaría por construir “una comisión bilateral” entre el Gobierno saliente y el entrante en la que abordar conjuntamente las cuestiones más importantes. “Es cierto que en esta ocasión no existe aún ese gobierno entrante, pero el Gobierno en funciones debería mostrar el máximo respeto a todos los partidos con opciones de sustituirle. Lo que están haciendo es desleal desde el punto de vista político”, añade.

El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, ha sido otro de los embajadores de esa estrategia, en su caso utilizando como altavoz el periódico británico Financial Times. En una entrevista publicada a principios de este mes, De Guindos defendió la “gran coalición” (PP-PSOE-Ciudadanos), que Rajoy ha puesto sobre la mesa, porque “daría mucha confianza, generaría mucha credibilidad, impulsaría la inversión y la demanda interna, mejoraría la reforma del mercado laboral y seguiría adelante con la reestructuración del sector bancario”. Y aprovechó para advertir contra los supuestos peligros de un gobierno de izquierdas con la presencia de Podemos. “Lo que resultaría extremadamente perjudicial para las perspectivas económicas —dice— sería un gobierno de izquierda radical” que, en su opinión, “intentaría derogar la reforma laboral, se desviaría de la senda de la reducción del déficit y empezaría a aumentar el gasto rápidamente.” Declaraciones en el exterior de un ministro en funciones muy difíciles de distinguir del argumentario habitual del PP.

García-Margallo y De Guindos critican en foros internacionales la aspiración del PSOE de pactar con Podemos

López Garrido, que fue secretario de Estado para la Unión Europea entre 2008 y 2011, cree que esta estrategia demuestra “muy mal estilo”. En el caso de García-Margallo y la alianza antiyihadista en concreto, afirma que sus declaraciones “debilitan la posición de España en un tema tan sensible”, cuando lo aconsejable en política exterior es que el Gobierno busque siempre “una posición común, con el apoyo de la oposición”. Afirma que estas actitudes son “fruto de la desesperación” de quienes se ven ya “en un callejón sin salida” y sin posibilidades de gobernar.

En España, pero en la línea desleal, el ministro en funciones del Interior, Jorge Fernández Díaz, aseguró que ETA espera “como agua de mayo” un gobierno de PSOE y Podemos con el apoyo del PNV.

Lo que hacía Aznar

Las críticas del PSOE por la actitud del PP en el exterior vienen de lejos. Las fuentes consultadas recuerdan las ocasiones en las que el expresidente José María Aznar utilizó sus visitas al exterior para dejar un reguero de críticas al entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. De hecho, el primer episodio se produjo, cuando nada más llegar el socialista a La Moncloa y ordenar la retirada de las tropas de Irak, Aznar decidió llamar a George W. Bush para criticar la decisión.

Las acusaciones de “deslealtad” que este comportamiento suscitó no impidieron al expresidente popular calificar al gobierno de Zapatero como “el peor de la democracia” y advertir de que España estaba en riesgo de “balcanización” (en el periódico La Nación, de Argentina, en septiembre de 2005) o tildar de “irresponsable” su gestión de la crisis y acusarlo de “perjudicar el potencial crecimiento de la economía” (The Times, julio de 2011). Entonces, era un expresidente quien salía al exterior para arremeter contra un gobierno