14/10/2019
En palabras

El mar del Sur de China y la ‘trampa de Tucídides’

Georgina Higueras - 26/08/2016 - Número 48
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La Corte Permanente de Arbitraje (CPA), un semidesconocido organismo fundado en 1899, dormido entre 1946 y 1990 y con 121 países miembros, asestó el 12 de julio un duro golpe a las pretensiones chinas de controlar buena parte de las aguas y más de 250 islas, islotes, arrecifes y atolones del mar del Sur de China. Cinco expertos en Derecho Internacional Marítimo fallaron por unanimidad a favor de 14 de las 15 demandas interpuestas por Filipinas contra los “derechos históricos” chinos.

China sufrió un siglo de dominación extranjera por carecer de una armada que defendiera sus costas

Pekín, que anunció que no acatará la sentencia, estudia cómo responder a la bofetada jurídica que compromete su imagen como potencia defensora de la gobernanza global. El mar del Sur de China es el Mediterráneo del este de Asia y sobre sus agitadas aguas se cierne “la trampa de Tucídides”. Así es como se conoce la advertencia del historiador ateniense sobre la guerra inevitable entre un poder hegemónico (entonces Esparta y hoy EE.UU.) y la potencia cuya emergencia no soporta (Atenas y China). China tiene grabado a sangre y fuego que sufrió un siglo de humillación y dominación extranjera por carecer de una estrategia y una armada capaces de defender sus costas. Ahora, en pleno ascenso a superpotencia mundial, no está dispuesta a ceder en su reivindicación del 80% del mar del Sur de China, vital tanto para su defensa como para su poderío económico, ya que por él pasa el 70% de su comercio, incluidas las importaciones de crudo y gas.

Por su parte, EE.UU., alzado en el pedestal de garante de la libre circulación marítima, ha plantado cara a la ambición china y estrecha alianzas militares con los países que disputan esas aguas al gigante asiático: Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunéi.

Solo las islas generan zonas económicas exclusivas de 200 millas con control sobre los recursos

Taiwán mantiene las mismas reclamaciones que Pekín, basadas en el mapa publicado por el gobierno de Chiang Kai-shek en 1947. La CPA no se pronuncia sobre la soberanía de China o Filipinas porque no tiene jurisdicción para ello, pero dictamina que ninguna de las formaciones del archipiélago de las Spratly puede calificarse de isla, ni siquiera la mayor de ellas, Taiping (también conocida como Itu Aba), que ocupa Taiwán. El fallo es muy importante porque solo las islas generan zonas económicas exclusivas (ZEE) de 200 millas marinas con control sobre los recursos de pesca y del subsuelo, como gas y petróleo, según la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). A los peñones, rocas o arrecifes solo les corresponden 12 millas de mar territorial.

Precisamente uno de los grandes diferendos entre China y EE.UU. es que Pekín considera que en las 200 millas de la ZEE también está restringida la navegación de aviones y buques militares. UNCLOS no se pronuncia y EE.UU., que ni ha firmado esta convención ni es miembro de la CPA, sostiene que las restricciones a efectivos militares solo afectan a las 12 millas de mar territorial.

Además, la sentencia sienta precedente jurídico y puede alentar a Vietnam a llevar el caso de las Paracelso ante ese mismo tribunal, ya que la denuncia filipina solo se refería a las Spratly. Pekín declaró que el laudo arbitral no le obliga porque Filipinas actuó de forma unilateral cuando le advirtió de que no se sometería al arbitraje de la CPA. El entonces presidente Benigno Aquino lo presentó como la lucha de David contra Goliat, pero no mencionó su progresiva alianza militar con EE.UU., que culminó con el acuerdo por 10 años, alcanzado en abril pasado, que permite al Pentágono construir y utilizar cinco bases, una terrestre y cuatro aéreas. Pactaron también realizar maniobras conjuntas y de patrullaje en el mar del Sur de China. En 1991 el Senado filipino puso fin a la histórica presencia militar de EE.UU. en el archipiélago. La sentencia agita las conflictivas aguas e impulsa una carrera armamentista que puede ocasionar el accidente que encienda la mecha de la “trampa de Tucídides.