16/2/2020
Análisis

El mundo, ¿a las puertas de la próxima recesión?

La caída de la producción industrial global no tiene por qué contagiarse a los restantes sectores de la economía, pero la probabilidad de que lo haga es bastante elevada

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La caída de las bolsas y del precio del petróleo durante las primeras semanas de 2016 ha extendido el temor  de que pudiera estar aproximándose una recesión global. Con mucha frecuencia, la caída de las bolsas antecede o es simultánea a la entrada en recesión de la economía. De ahí la preocupación.

Pero, también a veces, las bolsas provocan falsas alarmas de recesión, por lo que los argumentos a favor y en contra de semejante eventualidad son tan abundantes como variados y suelen convertir la discusión sobre el tema en algo completamente indigesto donde lo más probable es que los árboles (de los numerosos datos) terminen por no dejar ver el bosque del estado real de la economía. Un buen diagnóstico solo puede surgir de combinar los datos con una visión lo más estilizada posible.

El marco conceptual

Para que se produzca una recesión global es casi imprescindible que también tenga lugar en EE.UU., por lo que conviene centrar el análisis en ese país que, además, suele tener las mejores series históricas.

La caída de los beneficios empresariales y de la productividad son señales que preceden a todas las recesiones

Para empezar, ¿hay algo que todas las recesiones tengan en común y que siempre las preceda? Sí. La caída de los beneficios empresariales, por lo que esa sería la señal de alarma más importante en EE.UU. en este momento. Los beneficios de las empresas no financieras, tal como puede verse en el gráfico inferior, cayeron 7,06% en el tercer trimestre de 2015 (comparados con los del tercer trimestre de 2014). Si se toman los datos más recientes, del 4º trimestre de 2015, de las empresas que cotizan en bolsa, el mensaje es el mismo: caída de los beneficios de un 3,8%. En Europa, los beneficios de las empresas con cotización en bolsa (excluyendo las del sector financiero) también caen: un 1,5%. Lo mismo sucede con los beneficios industriales en China: cayeron  un 2,3% en 2015.

Otra característica que precede a todas las recesiones es la caída de la productividad. También esta se está dando en Estados Unidos.

Una tercera particularidad que suele anteceder a las recesiones es que los tipos de interés de los plazos más cortos superen a los de los plazos largos. Por ejemplo, que sea más caro endeudarse a  2 años que hacerlo a 10, cuando lo normal es lo contrario, que haya que pagar más por el dinero prestado cuando el periodo para devolverlo es más largo. En el gráfico superior se puede ver que eso aún no se ha producido en EE.UU. pero, si se compara la situación con la de hace dos años, se ve que esa es la dirección en la que se avanza, ya que en febrero de 2014 la diferencia  de coste entre ambos plazos era el doble que la de ahora.

Además de esas tres condiciones necesarias (o casi necesaria en el caso de los tipos de interés) para que haya una recesión (o un gran disgusto en bolsa o en los países emergentes), hay una condición que puede ser suficiente para que se produzca y es la caída de precio de las materias primas. ¿Por qué? Porque su propia depreciación o bien ya es un síntoma de que la economía se desacelera (y hay una menor demanda de ellas) o bien es el anuncio estruendoso de que se va a desacelerar porque hay un exceso de oferta de materias primas que llevará a aplazar las nuevas inversiones en el sector y al cierre de las explotaciones menos rentables. Pues bien, desde 2011 el precio medio de las materias primas ha caído un 36% y ya se han aplazado inversiones en el sector de la energía por valor de 400.000 millones de dólares.

Los datos

Todo empezó en 2010 con la imposibilidad de que la economía china siguiera expandiéndose al ritmo de antes. Desde entonces, su PIB ha pasado de crecer al 10,6% a hacerlo al 6,8% y algunas materias primas industriales, entre ellas el petróleo, acumulan caídas de precio superiores al 70%.

Con ello las economías de los países emergentes, que son los principales productores de materias primas, se han resentido gravemente, de modo que algunos, como Brasil y Rusia, ya están en recesión mientras los demás se desaceleran a la vez que sus monedas se deprecian mucho frente al dólar y se produce un éxodo de capitales.

Hay otra variedad de países emergentes que no exportan materias primas pero a los que la debilidad relativa de la economía china también perjudica. Por ejemplo Taiwán, que ya ha entrado en recesión; o la ciudad-Estado de Singapur, cuya economía se contrajo en el segundo trimestre de 2015 y cuyas exportaciones, al igual que las de Taiwán, caen de manera significativa por causa de la menor cantidad de productos elaborados que venden a China.  

El caso de Singapur es singular por su cualidad de centro dedicado al comercio y parece un ejemplo concreto de algo que todo el mundo da por hecho: que en el mejor de los supuestos, el comercio  mundial se ha estancado (es decir, no crece). Incluso, según algunos indicadores paralelos, como el índice Seco del Báltico, podría estar sufriendo una fuerte contracción. Y es que con solo tener en cuenta la firme caída del comercio exterior chino y su impacto en Extremo Oriente (también las exportaciones de Corea del Sur y Japón se están viendo muy afectadas negativamente) ya está justificado ese estancamiento, cuando no contracción del comercio internacional.

Lo que sí puede darse por hecho a estas alturas es que hay una especie de recesión industrial incipiente en EE.UU., pero también en Japón, en China o en Europa. En unos casos esa recesión industrial se manifiesta por la vía de que la producción ha empezado a caer en tasa interanual (como en China, la eurozona, Reino Unido, Japón, etc.) y en otros se vislumbra (anticipada a través de los índices llamados ISM o PMI). En EE.UU. esa recesión industrial se manifiesta también en la reducción de la cartera de pedidos industriales durante 14 meses seguidos (algo inaudito sin recesión)  o en que la acumulación de existencias está muy por encima del ritmo de las ventas.

Una recesión industrial global no tiene por qué contagiarse a los restantes sectores de la economía, pero la probabilidad de que lo haga es bastante elevada.

Los datos que neutralizan, en todo o en parte, este aparente deslizamiento hacia la recesión tienen que ver con la fortaleza del sector servicios, que si bien está deteriorándose tanto en Europa (desde hace seis meses) como en EE.UU. o China, aún está lejos de la recesión.

Los eventuales problemas de algunos bancos europeos serían el remate en una situación delicada

Otro dato muy importante que contraría la tesis de la recesión es que tanto en EE.UU. como en China el crédito al sector privado está creciendo y eso es algo inconcebible que ocurra durante una recesión. Pero estos datos a veces son engañosos, pues pueden estar reflejando refinanciación de créditos imposibles de pagar (China), o sustitución de créditos contratados inicialmente en dólares por otros contraídos en yuanes, o un menor acceso a los mercados de capitales por parte de las empresas energéticas.

Vehículo para el desastre  

Hay otra razón de peso, por más que sea muy abstracta, en favor del argumento de que la economía de Estados Unidos, y con ella la global,  pudiera entrar pronto en recesión: dentro de un año la actual expansión económica en Estados Unidos, con sus 92 meses de vida, será la tercera más larga de su historia (de entre el total de 33 expansiones documentadas).

En suma, las razones que apuntan a una recesión global son muy abundantes y la probabilidad de escapar de ella parece muy baja. En España, sin que haya otros factores específicos que el de la obligatoriedad de seguir reduciendo el déficit público, una recesión global terminaría por afectarnos. Los eventuales problemas de algunos bancos europeos serían el remate en una situación delicada. El vehículo para el desastre.