14/12/2019
Pero ¿qué broma es esta?

El photocall de Zarzuela

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El photocall de Zarzuela
GALLARDO
Hemos asistido en tiempo real a la doble ronda de consultas del rey Felipe VI con los representantes de los grupos políticos del Congreso de los Diputados. La primera ronda baldía concluía el viernes día 22 de enero con el pepero Mariano Rajoy anunciando que había declinado la propuesta de su majestad de presentarse a la investidura. La segunda, cerrada el martes día 2 de febrero con la aceptación por el socialista Pedro Sánchez del encargo de presentar su candidatura a la Presidencia del Gobierno, recibido a través del presidente de la Cámara Patxi López. 

Todo se ha hecho en primera y segunda vuelta siguiendo la estricta pauta preceptuada en el artículo 99 de la Constitución para el caso de celebración de unas elecciones generales. De manera que el rey ha ido recibiendo en el Palacio de la Zarzuela a los líderes según el orden creciente de sus escaños yendo de menos a más hasta culminar en ambas ocasiones con el del PP, Mariano Rajoy. Pero enseguida debemos señalar que las normas legales aplicables al caso nada dicen sobre el ceremonial y la puesta en escena. Sobre el ceremonial ya advertía Shakespeare en La vida del rey Enrique V que es el factor diferencial entre los reyes y los simples particulares, señalando que consiste en “una situación, una condición, una forma que crea en los otros hombres el respeto y el temor”.

En la primera ronda de las consultas que comentamos el público de a pie ha observado la disposición del ceremonial. La entrada sucesiva de cada uno de los líderes, desnudos de papeles, carteras o mochilas, por una puerta de la sala de audiencias acompañados de un asistente de la Casa que los iba  depositando ante un tapiz, asignado para cumplir las funciones de photocall. Enseguida se veía tomar posiciones junto a la puerta opuesta al ayudante militar de turno, quien procedía a abrirla retirándose al mismo tiempo a un lado para dar paso al rey. Su majestad aparecía con andar decidido e iba al encuentro de su interlocutor para estrecharle la mano mirándole a los ojos y posar en su compañía frente a las cámaras de TVE y del fotógrafo de la agencia Efe, únicos medios acreditados a estos efectos. Leves variaciones fueron introducidas en la segunda ronda porque esta vez era el rey quien se anticipaba entrando primero y situándose delante del mismo tapiz a la espera de la llegada de sus sucesivos huéspedes y saludarles. 

Llegados aquí, recordemos que todo acto, convocatoria, inauguración, clausura, rueda de prensa, debate, encuentro o solemnidad debe ser pasado por el correspondiente photocall. En el principio era un recurso que funcionaba como telón de fondo en las comparecencias de los entrenadores de fútbol ante los periodistas para que lucieran mejor los logotipos de los patrocinadores del club. Pero su contagio ha sido infinito con consecuencias letales ya que estas traseras están en el origen de la Gürtel y demás empresas subsidiarias encargadas de montar semejantes decorados a la menor ocasión con la facturación inflada que obra en las causas instruidas en los juzgados competentes.

Asombra la docilidad con la que todos, en la ocasión que sea, se dejan llevar para el posado delante del photocall correspondiente, sin discutir qué imagen y, en su caso, qué logotipos les quedarán adosados. Tantos remilgos para unas cosas y tanto dejarse llevar para otras. Asombra también el desinterés por el tapiz que tanto protagonismo ha tenido. La Casa del Rey hubiera podido escoger entre la prodigiosa colección textil de Patrimonio Nacional para dar a entender algún mensaje, pero ha preferido que todo transcurriera sin alterar la decoración de la sala de audiencias. Yendo a la cuestión, aclaremos que el tapiz se titula Alejandro, antes de partir a la campaña en Asia, reparte sus riquezas entre sus amigos, que está fechado hacia 1550 y que se tejió según cartón del pintor Michel de Coxie, conocido como el Rafael de la pintura flamenca, que era un católico convencido y abanderado de la Contrarreforma en aquellos tiempos del protestantismo rampante. Cuenta Plutarco que un estratego preguntó a Alejandro qué le quedaría después de repartirlo todo y que el macedonio le respondió: “Dentro de mí, la esperanza; fuera de mí, el mundo entero”. Este podría ser también el caso de otros repartos como el de las carteras ministeriales efectuado por Pablo Iglesias.  

Las paredes oyen. Los tapices las insonorizan pero sus escenas hablan. Por eso, los tapices con escenas de caza se consideran contraindicados para estas salas de palacio, ante el riesgo de que las cornamentas representadas pudieran entrar en resonancia con las de los distinguidos invitados. Además, en tiempos de laicismo creciente los paños con motivos bíblicos pueden despertar otras susceptibilidades, así que por exclusión los motivos tomados de la historia, siempre que sea  suficientemente antigua, y los mitológicos sin desnudos ofensivos para ayatolás han terminado por convertirse en los más neutros para servir de fondo sin levantar molestias a los ojos más delicados.

Toda revolución necesita una plaza, como hemos visto en las primaveras árabes y en Kiev. Incluso, a una escala inferior, puede decirse lo mismo de las movidas como la del 15-M, inexplicable sin la Puerta del Sol. Del mismo modo, toda victoria necesita un balcón y resulta inexplicable que en el chaflán de Génova con Zurbano siga teniendo que improvisarse uno de mecanotubo cada vez que acaece un triunfo electoral del PP corpore insepulto. En todo caso, todo acuerdo necesita una mesa donde las altas partes contratantes estampen su firma, una lámpara de techo y un tapiz o cuadro que aporte entonación simbólica. El candidato socialista a la investidura, Pedro Sánchez, ha elegido la sede del Congreso de los Diputados para las negociaciones con todas las fuerzas políticas. Es el mejor lugar y tiene todos los elementos escenográficos necesarios.