22/7/2019
Política

El PSOE se ensimisma en sus peleas internas

Los principales barones quieren que Susana Díaz sustituya a Sánchez antes de que se repitan las elecciones

AHORA / Rosa Paz - 08/01/2016 - Número 16
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El PSOE se ensimisma en sus peleas internas
La presidenta de Andalucía en el comité federal del PSOE.chema moya / EFE
Más que la operación “salvar al soldado Sánchez” de la se habló en algunos medios de comunicación días antes de las elecciones, parece que algunos barones socialistas estaban organizando una maniobra para liquidarlo. Políticamente hablando. Ante las pésimas expectativas electorales que manejaban tenían todo preparado para aprovechar el congreso ordinario del partido, que estatutariamente se tenía que celebrar en febrero de 2016, y sustituir a Pedro Sánchez por la presidenta andaluza, Susana Díaz.
 
Pero los resultados del PSOE el 20-D, que fueron malos —los peores de su historia reciente con solo 5,5 millones de votos, menos de la mitad de los obtenidos en 2008 y millón y medio menos que en el peor resultado anterior, el de 2011— abrieron, sin embargo, un resquicio para la negociación e incluso para intentar alcanzar un pacto de gobierno con Podemos y otros grupos que apoyarían o se abstendrían para permitir una hipotética investidura de Sánchez. 

La precipitación de Sánchez

El todavía líder del PSOE se aferró a esa posibilidad y, según algunos de los dirigentes que se mantienen neutrales y observan con estupor la batalla interna, cometió el error de anunciar públicamente su intención de posponer el congreso del partido a mayo y de presentarse a la reelección. “Se precipitó al intentar asegurar su posición en el partido y se equivocó al poner públicamente sobre la mesa cuestiones orgánicas que no interesan a los ciudadanos”, explica un veterano de otras guerras internas socialistas.  “Si él no hubiera sacado el tema, la batalla seguiría soterrada, no se vería”, añade. Es decir, que no estarían dando “el espectáculo lamentable”, como lo definió el exlehendakari Patxi López, que indigna y avergüenza a muchos militantes y votantes.
 
Fue esa declaración sobre la fecha del congreso, aparentemente inocua, la que desencadenó las hostilidades y la que desveló que la intención de los presidentes de Andalucía, Susana Díaz, Asturias, Javier Fernández, Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, Comunidad Valenciana, Ximo Puig, y Extremadura, Guillermo González Vara, era relevar al secretario general. Porque estos, lejos de aparcar la operación de sustitución, arreciaron en ella poniendo al descubierto sus objetivos, aunque los envolvieron con declaraciones sobre la imposibilidad de pactar con “un partido que aboga por la autodeterminación de Cataluña”. Curiosamente, salvo la andaluza, que se apoyó en Ciudadanos, el resto de los barones que ahora quieren evitar el pacto fueron investidos gracias al voto o a la abstención de Podemos. “Entonces los de Podemos no hablaban de referéndums de autodeterminación”, se justitica uno de ellos. 

Díaz, candidata

El empeño de esos barones en que el cónclave del partido se celebre lo antes posible —parece que ya no da tiempo a hacerlo en febrero— se debe a su intención de sustituir a Sánchez en la secretaría general y también en la candidatura a la Presidencia del Gobierno, de manera que si hubiera que repetir las elecciones generales en mayo, una hipótesis por la que ellos apuestan, fuera Susana Díaz la candidata. En su opinión, esa sería la única manera de hacer frente con ciertas garantías de éxito al asalto de Podemos, que el 20-D no consiguió el sorpasso pero podría lograrlo si se repiten las elecciones. De hecho, los que apuestan por la “solución Susana” creen que ella es la única con energía para hacer remontar al PSOE. No es una idea compartida por muchos socialistas que piensan que el discurso de la presidenta andaluza tiene fuerza en la mitad sur de España pero no en las comunidades del norte, y menos en territorios como Cataluña donde el PSC ha tenido un mal resultado con Carme Chacón de candidata.

El proyecto de sustituir ya a Sánchez por Díaz y que esta encabece las listas si se repiten las elecciones les parece temerario incluso a socialistas que no son especialmente entusiastas de Sánchez. “¿Susana candidata? ¿Y si pierde? ¿Y si tiene peor resultado que Pedro?”, se preguntaba un miembro de la ejecutiva

Algunos socialistas creen temerario que Díaz sea candidata en mayo: “¿Y si tiene peor resultado que Pedro?”

preocupado por cambiar de caballo sin terminar la carrera y, además, por la posibilidad de que un fracaso de la andaluza deje al PSOE sin recambio de futuro.

Pocos creen ahora que esa operación vaya a triunfar en estos momentos. “Sánchez va a sobrevivir”, asegura un notable socialista, y lo argumenta: “Adelantar el congreso con el panorama político que tenemos, sin gobierno en España y con la repetición de las elecciones en Cataluña, es una locura, y si alguien se atreve a plantear esa posibilidad, que no creo, el comité federal no lo va a aceptar”.
 
Se salve o no el actual secretario general, lo cierto es que la bronca interna ha mostrado la existencia de un partido dividido en dos mitades, con los principales barones territoriales enfrentados abiertamente a Sánchez y a su equipo —en particular al secretario de Organización, César Luena—, y con un nivel de rencor tan elevado que complica cualquier posibilidad no ya de reconciliación, simplemente de reconducir la situación, aunque parece que en los últimos días se ha aplacado un poco la furia.

Ni con Rajoy ni con el PP

Los dos bloques solo parecen coincidir en una cosa: no pactarán con el PP, ni apoyarán con su voto ni facilitarán con su abstención un gobierno de Mariano Rajoy ni de ningún otro candidato de ese partido.

Con ese trasfondo de tensión interna, el equipo del secretario general, que cuenta con el respaldo del primer secretario del PSC, Miquel Iceta, y de algunas federaciones pequeñas como la vasca, la balear —Francina Armengol es la única presidenta autonómica que le apoya—, la gallega o la murciana, se dispone a entablar negociaciones con Podemos y otras fuerzas parlamentarias para explorar la posibilidad de alcanzar un pacto.
 
Aunque los críticos insisten en que la suma no sale, lo cierto es que el PP —que ha perdido un diputado al expulsar a Gómez de la Serna al Grupo Mixto— alcanza 162 escaños con Ciudadanos, insuficiente para una investidura porque el bloque en contra suma 187, pero el PSOE con Podemos e IU, que sumarían

Con el partido dividido en dos mitades, S`ánchez se dispone a explorar con Podemos un pacto de gobierno

161, podría contar con el apoyo y la abstención de diputados del PNV, Coalición Canaria —en Canarias gobiernan en coalición con el PSOE— o de Esquerra.
 
Eso que ahora les parece una aberración a los barones rebeldes es lo que hizo, por ejemplo, José Luis Rodríguez Zapatero con su geometría variable de pactos, sin que ellos —algunos ya son veteranos— se escandalizaran. De hecho, el bloque liderado por Díaz ve inviable cualquier alianza de las que se manejan: “Hemos perdido las elecciones. Tenemos solo el 22% de los votos. Los ciudadanos nos han echado a la oposición y tenemos que asumir que eso es así”, repiten estos líderes territoriales a los que se han sumado dirigentes como Tomás Gómez, el exsecretario general del Partido Socialista de Madrid que fue apartado por Sánchez poco antes de las elecciones autonómicas.
 
“No tenemos más que 90 diputados y con 90 escaños no se puede gobernar. Si lo hiciéramos quedaríamos a merced de lo que quiera Podemos.” Sostienen además que no pueden sentarse a negociar si Pablo Iglesias no retira el proyecto de referéndum para Cataluña, que hasta hace unos pocos meses defendía también el PSC. Esa línea roja la asumieron el secretario general y el comité federal, pero los barones críticos temen que si Sánchez consiguiera un pacto para presidir el gobierno se consolidaría en el liderazgo del PSOE, porque el poder es lo que más cohesiona los partidos. 

Recomendaciones de calma

Mientras eso sucede, hay un puñado de veteranos, experimentados en tareas de gobierno y oposición e incluso en antiguas guerras internas, algunos aún con influencia en el partido, que están preocupados por la imagen que transmite su partido, “inmerso en sus peleas y ajeno a los problemas de los ciudadanos”. Les inquieta además “la incompetencia” que creen observar en los cabecillas de los dos bloques, que con su pelea están consiguiendo que se

Los barones rebeldes temen que si el secretario general es presidente se consolide en el partido

difumine el batacazo del PP, el pinchazo de Ciudadanos y la debilidad de Podemos, “que ni come ni deja comer”. Por eso, coinciden en reclamar un poco de calma para sentarse a dialogar “con todos” en torno a un programa claro que, en su opinión, tiene que ser el PSOE quien plantee porque es el partido que ha quedado en la posición central tras las elecciones. Los puntos fundamentales para negociar serían Cataluña, el ajuste de las políticas económicas y sociales que permita un reparto más justo de las consecuencias de la crisis y una reforma de la Constitución que permita regenerar el sistema.
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Uno de esos notables comentaba que lo más grave es que enzarzados en la pelea interna están perdiendo la perspectiva de los problemas de la gente y se lamentaba de que “los que más dicen que piensan en España parece que no se preocupan por los problemas de los españoles y en cómo pueden empeorar en tantos meses con un gobierno en funciones que no va a resolver nada”. 

Cronología del desencuentro

Rosa Paz
Cuentan en el PSOE que el desencuentro entre Pedro Sánchez y Susana Díaz empezó el día en que el primero anunció que aspiraba a ser candidato a la Presidencia del Gobierno. Había pasado tan solo mes y medio desde que fuera elegido secretario general por el voto directo de los militantes —obtuvo el 49% de los apoyos frente al 36% de Eduardo Madina y el 15% de José Antonio Pérez Tapias—. Para conseguir esa victoria contó con el apoyo de la presidenta andaluza —que controla la federación más influyente del PSOE, con el 25% de la militancia— con la que, según ese relato, habría pactado que la elección se limitaba al liderazgo del partido y no al liderazgo electoral, que se decidiría posteriormente en unas primarias. Si el calendario le era favorable, Díaz podría presentarse a esas primarias, si no lo era podría condicionar en quién recaía esa responsabilidad. Pero una vez en la secretaría general, Sánchez consideró que no tenía porqué limitar sus ambiciones ni seguir sometido a los deseos de la baronesa andaluza y la alianza se quebró. Desde entonces, septiembre de 2014, se han sucedido las escaramuzas, las zancadillas, los enfrentamientos, a la espera de que el mal resultado electoral que auguraban los sondeos situara a Sánchez en la obligación de presentar la dimisión esa misma noche o de acudir al congreso ordinario de febrero sin esperanza alguna de ser elegido. Pero el secretario general se aferra a que el resultado fue mejor de lo que se vaticinaba y abre la posibilidad de pactar un gobierno. El sector de barones que encabeza Díaz cree que debe irse y que el PSOE no puede “arrastrarse” ante Podemos, que quiere arrebatarle la hegemonía de la izquierda. En estos meses, la presidenta andaluza ha conseguido sumar a su causa a los barones más importantes. Algunos eran viejos aliados, pero la presencia del asturiano Javier Fernández, uno de los referentes del partido,  ha sorprendido a casi todos.