6/12/2021
Política

Todo empantanado

Pasadas casi tres semanas desde las elecciones, los líderes de los viejos y los nuevos partidos no se han sentado a negociar un pacto de gobierno ni dan muestra de saber hacer nada distinto de lo que se hacía hasta ahora

AHORA / Rosa Paz - 08/01/2016 - Número 16
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Todo empantanado
Las carteras que los nuevos diputados están recogiendo tras acreditarse en el Congreso, preparados para el estreno el día 13.mariscal / efe
Algunos analistas sugirieron nada más conocer el resultado electoral que los españoles habían optado por un escenario parlamentario a la italiana, pero que se planteaba la incógnita de si los políticos, e incluso el país, estaban preparados para afrontar una negociación tan compleja. Sustituido el bipartidismo imperfecto, que tantas críticas había suscitado, por un pluripartidismo de difícil manejo, en el que la simple aritmética no basta para alcanzar los pactos, ni los líderes de los viejos partidos ni los de los partidos emergentes parecen haber dado con la clave que facilite los acuerdos. No hay costumbre. Sí la hay de pactos de gobernabilidad cuando solo se necesitan unos pocos votos para alcanzar la mayoría necesaria para la investidura. Pero no de complicadas operaciones que exigen determinación, solvencia y habilidad y quizás esa finezza (sutileza) de la que carece la política española, según dijo hace décadas el italiano Giulio Andreotti.

Pasadas casi tres semanas desde las elecciones del 20-D se desconocen todavía las capacidades de los líderes y sus partidos para dialogar, negociar y pactar. No se ha movido nada ni los políticos han dado muestras de saber hacer nada distinto de lo que se hacía hasta ahora: traspasarse la responsabilidad unos a otros, poner listones imposibles de asumir por los hipotéticos socios y atribuir la culpa de la parálisis a los demás. Ninguno, que se sepa, ha iniciado una conversación en serio para explorar posibles pactos y algunos, como los principales barones del PSOE en guerra con su secretario general, Pedro Sánchez, ya abogan por una repetición de las elecciones en mayo. Tampoco se los ha visto hacer un diagnóstico certero de lo que les ha ocurrido, que les ayudaría a plantearse qué deben hacer ahora: ni al PP, que ha perdido 63 escaños y 3,5 millones de votos, ni al PSOE —pese a la bronca interna—, que ha perdido 20 diputados y millón y medio, ni a Ciudadanos, que no logró su objetivo de ser determinante, ni a Podemos, que aun siendo el mejor parado, no consiguió sobrepasar a los socialistas. 

Necesita tiempo

El estancamiento es preocupante pero no alarmante, porque la negociación de pactos de investidura, de legislatura o para la formación de gobiernos de coalición lleva tiempo. Bélgica estuvo año y medio con un gobierno en funciones y no se sumió en el caos. Y el PP, por ejemplo, tardó dos meses en pactar con CiU la investidura de José María Aznar en 1996: las elecciones se celebraron el 3 de marzo y él fue elegido presidente el 4 de mayo. Tampoco ayuda a serenar la sensación de provisionalidad la imagen de Cataluña, que, tras tres meses esperando para formar gobierno, parece abocada a repetir eleccciones.

Lo más inquietante, con todo, es la sensación que transmite Mariano Rajoy, a quien corresponde iniciar las conversaciones como aspirante a la Presidencia de la fuerza más votada, de que no hay nada que hacer salvo esperar a que los demás partidos —en este caso PSOE y Ciudadanos— le faciliten la investidura

Las negociaciones para pactar la investidura, la legislatura o una coalición son largas, pero no han empezado

por responsabilidad de Estado o por las presiones que reciben de los poderes económicos, de Bruselas o de los mercados. Su estrategia parece clara pero no constructiva. Esta semana anunció que él “no se cierra a nada” y ofreció a los socialistas “amplias reformas”, entre ellas una de la Constitución que hasta ahora siempre había rechazado. Porque, según dice en público, un gobierno apoyado por más de 200 diputados (122 del PP, 90 del PSOE, 40 de C’s) puede hacer reformas de calado “que durarán años”.
 
Ese gobierno no es, de momento, más que una ensoñación, porque Rajoy sabe que el PSOE no votará su investidura ni se abstendrá para favorecerla. Es lo único en que hay unanimidad entre los dos bandos socialistas en guerra, aunque desde el PP sugieren —quién sabe si para agitar más la división en el PSOE— que si la presidenta andaluza, Susana Díaz, se hiciera con el liderazgo del partido el pacto sería factible. Díaz y el resto de barones lo niegan.

Presidencia del Congreso

Lo primero que le va a ocurrir al PP es que el próximo miércoles perderá seguramente la Presidencia del Congreso de los Diputados, que recaerá en algún dirigente del PSOE. El exlehendakari Patxi López, por ejemplo. La composición de la Mesa de la Cámara mostrará la correlación de fuerzas favorable a la izquierda, pero salvo que los representantes de los partidos se sienten después a negociar un acuerdo de investidura o de gobierno, esa imagen quedará inmediatamente velada.

Renunciar a propuestas

“Si los ciudadanos han acabado con el bipartidismo imperfecto porque quieren más diálogo y más pacto en la política española tienen que saber que eso quiere decir que hay una parte de los programas de los partidos que no se van a poder cumplir”, explica un exministro socialista, que lamenta la sensación de embrollo y desorden que están transmitiendo los partidos que, a su juicio, deberían estar negociando sobre un programa de gobierno que afronte los problemas de los ciudadanos. En su opinión, la situación no es fácil pero tampoco dramática, y es habitual en otros países europeos.

Alcanzar un conseso, si fuera posible, exigirá que los partidos que lo consigan renuncien a algunos de sus planteamientos. Y esa disposición tampoco se está percibiendo de momento.
 
Tras el previsible fracaso de Rajoy en la investidura, llegará el momento del PSOE, que ha quedado en una posición central en el tablero de manera que cualquier desenlace pasa por su decisión: que gobierne el PP con su abstención, formar un gobierno de izquierdas o la repetición de las elecciones.

Aznar tardó dos meses en ser investido en 1996. Bélgica estuvo año y medio con un gobierno en funciones

Si el líder socialista —pese a la oposición interna— se lanza a buscar un acuerdo con Podemos e IU y el apoyo o la abstención de Ciudadanos (que de momento se decanta por un gobierno del PP) y los nacionalistas, tendrá que negociar un programa concreto, la política económica y social, la sanidad y la educación públicas, por ejemplo. No será fácil si las fuerzas políticas siguen manteniendo posiciones maximalistas. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, decidió la misma noche electoral colocar una línea roja —ahora dice que no pone límites infranqueables— en el referéndum para Cataluña, un punto que el PSOE considera inasumible, aunque el PSC lo defendió hasta hace pocos meses.

Rehuir el acuerdo

Podría parecer que son estrategias de negociación, alejadas de los objetivos prioritarios que estas fuerzas marcaron en los últimos meses —y volcaron en sus programas electorales— más centrados en medidas de rescate de los ciudadanos afectados por la crisis económica y las políticas de recorte, pero transmiten la sensación de que están rehuyendo el acuerdo, no se atreven a sentarse a hablar o se están preparando para atribuir al oponente la responsabilidad de un fracaso. Los expertos consideran, de hecho, que una repetición de las elecciones favorecería al PP y a Podemos, que podría conseguir el buscado sorpasso, que no logró el 20-D. Un nuevo bipartidismo con el PSOE en tercera posición y Ciudadanos casi desaparecido. Aún es pronto para hacer quinielas, porque lo normal es que las negociaciones lleven al menos tres meses.
 
La única fecha clara es la de la constitución de las Cortes, el próximo miércoles. A partir de ese momento se abre el periodo de consultas del rey con los líderes y no hay plazo para celebrar la sesión de investidura. Lo lógico es que el primer intento lo haga Rajoy y que si no logra ser investido dé paso a Sánchez o a otro líder que se considere con posibilidades. Si no hay gobierno, dos meses después de la primera sesión se convocarán unas nuevas elecciones.