16/9/2019
Política

Empantanados en el espectáculo

En programas como El hormiguero o Planeta Calleja, a los que acuden todos los candidatos menos Rajoy, que delega en Sáenz de Santamaría, exhiben habilidades que no son necesariamente las que se precisan para gobernar

AHORA / Rosa Paz - 11/12/2015 - Número 13
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Empantanados en el espectáculo
Sánchez, Iglesias, Rivera y Sáenz de Santamaría en el debate de Atresmedia el lunes. Ballesteros / EFE
Es la primera vez que las elecciones generales se disputan entre cuatro equipos que llegan casi empatados a la recta final. Ese parece ser el símbolo de los nuevos tiempos, al menos hasta que esa sensación de equilibrio se consolide o se disuelva con el recuento de los votos en la noche del domingo 20. Esa partida a cuatro es también el elemento que añade tal grado de incertidumbre al resultado que los líderes de los cuatro partidos en liza les hablan a los votantes como si cada uno de ellos pudiera llegar a la Presidencia del Gobierno. Pero todos saben que solo llegará uno y que el papel de los otros tres quedará relegado al de respaldo de quien lo consiga o a la pura oposición. 

En igualdad de condiciones

Es cierto que Podemos parecía haberse quedado rezagado en las últimas semanas, pero también lo es que hay encuestas para todos los gustos y que tanto el partido de Pablo Iglesias como Ciudadanos, el de Albert Rivera, están saboreando el éxito de ser considerados decisivos para la próxima legislatura. Los dos, aunque todavía no tienen representación en el Congreso de los Diputados, fueron convocados por el presidente del Gobierno para hablar del desafío catalán y de la amenaza yihadista. Ahora concurren a los debates en igualdad de condiciones con los líderes de los partidos tradicionales, PP y PSOE. Bueno, con el socialista Pedro Sánchez, porque Mariano Rajoy ha delegado en Soraya Sáenz de Santamaría. La

El resultado es incierto, porque los cuatro llegan casi empatados y se desconoce si los sondeos son fiables

vicepresidenta comparte con él los carteles electorales en Madrid —anverso Rajoy, reverso Sáenz— y hay quien ve en ese hecho una operación sucesoria. Nadie recuerda, o algunos prefieren no hacerlo, que en la campaña de 2000 los carteles en Madrid mostraban también a José María Aznar por una cara y a Rodrigo Rato por la otra.
 
Como la batalla está reñida y los emergentes han reventado los corsés de antaño, los cuatro candidatos principales, aquí también Rajoy, han entrado sin complejos en la carrera del espectáculo. A Sánchez le criticaron hace un año por ir a El hormiguero o a Planeta Calleja, pero ahora van todos, como al programa de Bertín Osborne, aunque solo ha llevado al líder del PSOE y al presidente del Gobierno, porque TVE no le dejó invitar a Iglesias.

En eso también la campaña está siendo distinta, aunque algunos dudan de que esté siendo mejor. Salvo para los consultores políticos que valoran la habilidad y la simpatía con la que se manejan sus clientes en situaciones inhabituales para la política. “Es verdad que esos programas sirven para dar a conocer a los candidatos y para que se vean rasgos de su personalidad que no suelen exhibir normalmente, pero está por ver que ayuden a los electores a apreciar los aspectos de su personalidad que necesitan para ser buenos gobernantes”, asegura un veterano socialista que teme que estas apariciones televisivas pueden transmitir una imagen de poca seriedad. En esta opinión coinciden también algunos dirigentes del PP. “Hay que reconocer que Rajoy fue al programa de Bertín, pero ha dejado que quien baile o monte en globo sea Soraya. Él se ha protegido del riesgo de hacer el ridículo”, comentan.

Modificar la opinión pública

Las últimas encuestas han logrado cambiar las impresiones ciudadanas. Si hace un par de meses se había extendido en algunos sectores la impresión de que el PP y Ciudadanos no sumarían mayoría absoluta y que se abría la posibilidad de un gobierno encabezado por Sánchez, porque tiene más posibilidades de alcanzar pactos con distintos partidos, ahora la impresión generalizada es la de que la formación de Rivera apoyará a los populares para gobernar. Aunque él lo niegue, porque descartar pactos poselectorales está en el manual de campaña de todos los candidatos. Algunos sondeos sitúan incluso a Ciudadanos en segunda posición, por delante del PSOE.
 

Predicciones difíciles

No obstante, los expertos demoscópicos insisten en la dificultad de hacer la ponderación de los datos que se obtienen del muestreo, porque el elemento fundamental para llegar a un vaticinio más o menos acertado es el recuerdo de voto. En esta ocasión hay dos partidos  nuevos que no concurrieron en 2011, así que esa variable esencial no existe. “No sé cómo están haciendo la ponderación de voto las distintas empresas, pero sí se aprecia que en las encuestas encargadas por medios de la derecha el PP aparece mejor valorado y en los otros peor”, afirma un analista electoral.

El sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) —teóricamente el más preciso porque se hace sobre más de 15.000 entrevistas personales— dice que hay todavía un 41% de votantes indecisos, lo que dejaría el resultado de las elecciones muy en el aire. En ese dato, más el desconocimiento de cuáles son los elementos que se han utilizado para ponderar los

El PSOE se aferra a que es el primero en voto más simpatía en el CIS, a cinco puntos de los partidos emergentes

resultados, basa el PSOE su queja contra las últimas predicciones del CIS, que le colocan en segundo lugar, a ocho puntos del PP,  y con Ciudadanos pisándole los talones con menos de dos puntos de diferencia. Los socialistas aducen que el dato de voto directo más simpatía les coloca en primera posición con el 18,9% de los votos, seguidos del PP con el 18,6% y, ya a más distancia, de Podemos con el 13,8% y de Ciudadanos con el 13,6%.
 
La esperanza del PSOE está, de hecho, en ese dato, en conseguir conservar las posiciones en las provincias pequeñas donde no está tan claro que los emergentes tengan fuerza suficiente y en tratar de no perder demasiado en las grandes. En todos esos territorios tienen la competencia de Podemos pero también la de Ciudadanos, que podría arrebatarle escaños y también votos. De ahí el empeño de Pedro Sánchez en demostrar que el de Rivera es un partido de derechas. “Tienen posiciones menos rancias que el PP. Son menos de derechas desde el punto de vista cultural pero incluso más de derechas desde el punto de vista económico”, asegura un dirigente del PSOE.

Que el PSOE lucha por mantener su posición —mejorarla si puede— ante el empuje de los emergentes es un hecho, pero sorprende la aparente tranquilidad del PP, que parece conformarse con que las encuestas le sitúen como la fuerza más votada, aunque sea a costa de un gran descalabro electoral y de perder entre 50 y 70 escaños. 

Pactos poselectorales

Ese resultado obligaría además al PP pactar con otras fuerzas para seguir en el poder. Y la única formación con la que podría hacerlo parece ser Ciudadanos, que podría exigir un cambio de candidato a la Presidencia del Gobierno. Incluso si no llegara a tanto es evidente que no sería un acuerdo fácil, solo hay que recordar las condiciones que el partido de Rivera puso para la investidura de Susana Díaz en Andalucía y la de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid. Si además no se forjara un gobierno de coalición, el ejecutivo del PP tendría que desplegar capacidades de pacto, desconocidas hasta ahora, para no quedar a merced de las mayorías parlamentarias alternativas que se pudieran conformar y que podrían forzar al gobierno del PP a adoptar políticas que no comparte.
 
Esa inestabilidad política se daría además en una situación económica complicada para cualquiera que llegue a La Moncloa, porque la UE ha recordado en plena campaña electoral sus exigencias de más ajustes para reducir el déficit de 45.000 millones. Y ni el crecimiento ni la creación de empleo parecen tirar lo suficiente como para que los ingresos públicos vayan a mejorar lo suficiente.