6/12/2019
Economía

Empléese usted mismo

La economía freelance aumenta, no así la protección de los trabajadores que la integran

Andrés Ortega - 12/02/2016 - Número 21
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Empléese usted mismo
Trabajador ‘freelance’ en EE.UU. MLADEN ANTONOV/AFP/Getty Images
Son los autónomos los impulsores de la nueva economía, o es esta la impulsora de una nueva forma de trabajo (que no de empleo)? En Estados Unidos, que suele ir por delante en muchas de estas tendencias, los denominados freelancers —autoempleados con mucha menor protección y regulación aún que nuestros autónomos— suman ya 53 millones (frente a 104 millones de asalariados). Aunque en España el término freelance se suele reservar a los periodistas que colaboran con los medios de comunicación sin estar en plantilla, el fenómeno se ha ampliado a casi todos los sectores. La crisis, el nuevo tipo de trabajo de la llamada economía gig (de los pequeños encargos), la revolución tecnológica y el deseo de muchos de no tener jefes y poder adaptar sus horarios a sus necesidades están impulsando esta forma de ocupación que, sin embargo, comporta diversos problemas.

Según un informe del Centro de Investigaciones Pew, 3 de cada 10 trabajos en EE.UU. están en manos de los autoempleados y de los que a su vez contratan estos: los 14,6 millones de autónomos suponen un 10% de la fuerza de trabajo de EE.UU. (146 millones), y a su vez proporcionan empleo a otros 29,4 millones de trabajadores (20% del total). Es decir, que el sector representa casi la tercera parte de la fuerza laboral. Y eso se produce, como en España, cuando el porcentaje de autónomos ha descendido desde el 12,2% en 1994 a un 10% en 2014 (si bien al mismo tiempo han crecido las actividades con empleados).

No tienen salario mínimo, cobertura sanitaria, prestaciones por desempleo ni vacaciones pagadas

Cuando la perspectiva de empleo se redujo a raíz de la recesión de 2008, muchos vieron en el freelancing una manera de lograr nuevos ingresos. Ahora la situación ha cambiado y algunas investigaciones señalan que una mayor satisfacción con el trabajo y el no tener que someterse al horario laboral estricto —en EE.UU., de 9 a 5— han impulsado este tipo de actividad. Según el estudio Freelancing in America 2015— encargado por el sindicato de freelancers (Freelancers Union, que se presenta como “federación de no afiliados”) a la empresa Edelman Berland—, más de la mitad de los freelancers encuestados señalan que empezaron a hacerlo por elección, no por necesidad, porque la economía ofrece ahora ese tipo de flexibilidad. Y la mitad de ellos, además, no aceptaría ahora un empleo fijo, incluso si lo encontraran.

Su perfil también es interesante. Muchos son emprendedores. Según este informe, un 38% de ellos son mileniales, es decir, pertenecen a la generación de los nacidos entre los 80 y los 2000. Uno de cada 10 asiáticos en EE.UU. es autoempleado. Y un 60% de los freelancers que dejaron empleos tradicionales para convertirse en autónomos dice ganar más que antes.

EE.UU. y la confianza digital

Según Gregorio Martín Quetglas, catedrático de Ingeniería de la Universidad de Valencia que acaba de terminar un libro sobre la robotización, el empleo de este tipo “se ha presentado como una especie de milagro basado en la confianza entre habitantes digitales, olvidando que su aparición ha coincidido con la crisis”. New York Magazine, en respuesta a unas alabanzas publicadas en la revista Wired sobre la confianza digital, señalaba que “no es una cuestión de confianza devenida, se trata de desesperación”. 

Sostiene Martín Quetglas que “cada vez aparecen más personas dispuestas a trabajar de forma libre, sin estatus de empleado alguno, prestas a contestar al mensaje digital de un desconocido”. “A la práctica de la uberización —añade— acuden cada vez más personas con dificultades que intentan aumentar sus ingresos pasándose a este tipo de trabajo informal. El éxito de estas empresas parece basarse en su comprensión de tendencias tales como el empoderamiento individual a través de internet, la tecnología de las aplicaciones móviles, la digitalización de las relaciones sociales y los nuevos hábitos de vida.”

Efectivamente, los autónomos no han alcanzado su El Dorado, ni mucho menos. La economía freelance crece pero no así la protección de los que la integran. No tienen salario mínimo, ni cobertura sanitaria (que suelen conllevar los empleos fijos), aunque la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible que ha impulsado Obama les ayuda parcialmente si bien no permite el acceso a subsidios. Tampoco tienen prestaciones por desempleo, ni vacaciones pagadas, y se tienen que sufragar ellos mismos sus propios planes de pensiones. 

Hay actividades en este campo, como la participación en el sistema colaborativo de taxis Uber, que plantean nuevos problemas, pues los que participan prestan sus servicios pero la plataforma no se hace laboralmente responsable. De hecho, algunos de sus colaboradores han presentado una querella contra Uber. Varias empresas tecnológicas que se nutrían de freelancers los están incorporando a sus  plantillas por temor a casos similares.

En vez de agencias de empleo temporal están surgiendo plataformas que conectan a gente con tiempo dispuesta a trabajar con gente sin tiempo dispuesta a que trabajen para ellos en tareas específicas. Es el caso de Task Rabbit, especializada en actividades de limpieza o jardinería. Pero esta plataforma no funciona como un empleador, e incluso exige a sus clientes que asuman responsabilidades en casos de litigios.

Muchos trabajadores de la economía gig se encuentran en una zona legal incierta (por cierto, el término gig viene de los músicos en clubes de jazz en los años 20 del siglo pasado). Además, es un tema presente en la campaña de las primarias en EE.UU. Jeb Bush, uno de los aspirantes republicanos, se subió en julio a un taxi Uber en San Francisco después de que Hillary Clinton, demócrata, se hubiera comprometido a “acabar con los jefes que explotan a sus empleados clasificándolos erróneamente de contratistas”.

Los números engañan

En España y en el conjunto de Europa la situación es diferente: la actividad de los autónomos está más regulada. Los números engañan, sin embargo, respecto a una tendencia que también está llegando. Con la crisis, el número de autónomos que cotizan a la Seguridad Social se ha reducido al frenarse la actividad en sectores como la construcción, la agricultura, los transportes y la hostelería. Si en 2008 había más de 3,4 millones de autoempleados, ahora son 3,1 millones, según la última EPA (Encuesta de Población Activa) publicada a finales de enero. Además, en cuatro años se han creado más de 238.000 empleos, si así se pueden llamar, según un informe que publicó la ATA, la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos.

Gente con tiempo dispuesta a trabajar se ofrece a gente sin tiempo dispuesta a que trabajen para ellos

Aunque las cifras se están invirtiendo (23.300 autónomos más en 2015, 43.400 en 2014), un tercio de los autoempleados tiene menos de tres años de antigüedad en el régimen de autónomos. La precarización del empleo ha disparado su número en algunos sectores. En los últimos cuatro años, según los datos de ATA, 62.000 profesionales cualificados se han convertido en autoempleados: casi 30.000 científicos y técnicos, seguidos de profesionales sanitarios (12.440), docentes y profesionales de la comunicación y la información y de la administración de empresas.

También se ha producido una feminización de los autónomos. Según el informe de ATA, de 2011 a 2015 el número de mujeres que cotizan al régimen de autónomos de la Seguridad Social ha aumentado en 28.000, al tiempo que hay  15.000 hombres menos registrados. También se ha reducido en 46.000 el número de autónomos que no tiene asalariados a su cuenta (suponen 1,5 millones), pero han aumentado en 59.000 los que tienen empleados a su cargo, y ya suman 413.000. Además, ha crecido el número de inmigrantes autoempleados.

La legislación sobre los autónomos ha mejorado en España, pero sus colectivos piden avanzar más en la dirección de otros países, como en Francia, donde solo cotizan en proporción a lo que ingresan. También reclaman cambios en las bases mínimas y máximas actuales, pagar por lo que realmente se trabaja y ampliar la nueva tarifa plana de 50 euros al mes para los nuevos autónomos de seis meses a un año.

El perfil tipo del autónomo español que se extrae de los datos de ATA es un varón de 40 años, sin empleados, que regenta un comercio desde hace más de tres años y cotiza la base mínima a la Seguridad Social. Aún queda lejos de la tendencia observada en EE.UU.,  que supone una conversión del mundo laboral de la mano de las grandes transformaciones en curso. Como señala Sarah Horowitz, fundadora y directora del sindicato de freelancers, a medida que escasean los trabajos que sostenían a la clase media, “la economía freelance está revolucionando la manera en que vivimos y trabajamos”.  ¿Veremos también aquí más freelancers ante el crecimiento en España de la economía gig?