23/7/2019
Análisis

Europa central y Alemania: prosperar a la sombra del gigante

Los últimos 400 años la región ha soportado más peso del que le correspondía en la historia

Tomáš Klvana - 02/10/2015 - Número 3
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Europa central y Alemania: prosperar a la sombra del gigante
Una obra del proyecto “Checa las luces” en la ciudad de Brno.AFP PHOTO / RADEK MICA
A principios de septiembre, una agencia de publicidad de Praga utilizó una cita nazi de la época de la Segunda Guerra Mundial en el anuncio de una bebida alcohólica. En su infinita y creativa sabiduría, los directores de la agencia quizá pensaron que sería una buena idea animar el vídeo con algo “gracioso y controvertido”. Entonces se desató la tormenta. En medio de las protestas, la agencia perdió el cliente. 

¿Por qué sucede algo así 70 años después de la guerra? En una anécdota famosa, Henry Kissinger preguntó a Zhou Enlai qué pensaba de la Revolución francesa. “Demasiado pronto para opinar”, respondió Zhou. Los chinos debieron de disfrutar la mirada perpleja de la cara de su interlocutor. La muerte de algunos asuntos es sencillamente lenta.

En los últimos 400 años, Europa central, definida por Milan Kundera como la mayor diversidad posible en el espacio más pequeño posible, ha soportado en la historia más peso del que le correspondía. Este exceso continúa estando presente, influenciando la vida pública en lugares inesperados. La cita mencionada arriba era de Reinhard Heydrich, un artífice del Holocausto que Hitler destinó a Praga para pacificar el Protectorado de Bohemia y Moravia. “Los checos son bestias sonrientes”, dijo supuestamente (no hay evidencia documental). Seguro que no fue la única razón por la que el “carnicero de Praga” encontró, en 1942, una muerte temprana a manos de paracaidistas checoslovacos. 

Europa central fue definida como la mayor diversidad posible en el espacio más pequeño posible

Las tierras checas de Bohemia y Moravia fueron germanizadas y reconvertidas al catolicismo en el siglo XVII. El lenguaje y la cultura autóctonos protagonizaron un lento regreso dos siglos después y, hasta el final de la guerra fría, gran parte de la vida política y cultural checa se definió en contra de los alemanes. Justo después de la Segunda Guerra Mundial, unos tres millones de alemanes fueron expulsados de Checoslovaquia en un violento acto de castigo político. Durante 40 años la propaganda comunista utilizó a la “neonazi” Alemania Occidental como uno de sus emblemas de odio favoritos, solo después del imperialismo americano.

En los últimos 25 años de paz han mejorado muchas cosas. Las relaciones políticas checo-alemanas han sido casi ejemplares, gracias sobre todo a la paciencia, poco menos que infinita, de Berlín con las rebeldes políticas poscomunistas de Praga. Alemania es, con diferencia, el socio económico y comercial más importante de la República Checa. La checa es una economía abierta, orientada a las exportaciones, y gran parte de las ventas al exterior se realiza a través de empresas alemanas. Cuando la economía alemana estornuda, la checa se resfría. 

Dos casas editoriales germanas eran dueñas de varios periódicos y revistas checas. En algunos círculos de Praga se especulaba con conspiraciones sobre cómo los alemanes promoverían sus intereses políticos y económicos manipulando la prensa checa de su propiedad. En realidad, esto era una tontería. Las editoriales alemanas, como la mayoría en occidente, no estaban motivadas por la política sino por el incentivo más sencillo de todos: el dinero. Es lamentable que algunos de los principales medios de comunicación checos hayan comenzado a ser manipulados, política y comercialmente, después de que las editoriales extranjeras los vendiesen a empresarios checos.

Sobre todo en situaciones de crisis, los centroeuropeos buscan en Berlín a un líder político

Los ciudadanos checos de hoy ya no miran debajo de la cama antes de irse a dormir buscando alemanes furtivos, pero los fantasmas del pasado se despiertan con periodicidad. O, para ser más precisos, son despertados de forma deliberada. Los políticos populistas no se cansan nunca de usar la imaginaria amenaza alemana cuando les conviene. En la campaña presidencial de 2013, el actual presidente Miloš Zeman utilizó la carta antialemana de manera particularmente repugnante contra su rival, el ministro de exteriores Karel Schwarzenberg. 

El príncipe Karel desciende de una antigua familia aristocrática cuyos orígenes se remontan al siglo XII y que ha tenido una importante presencia en Bohemia desde el siglo XVII. Cuando tenía 10 años huyó de la Checoslovaquia comunista, pero se mantuvo en contacto desde fuera de Viena, apoyó a los disidentes anticomunistas y justo después de la Revolución de terciopelo, en 1989, se convirtió en el primer jefe de gabinete del presidente Václav Havel. Pero tiene nombre y acento alemán que, unidos a una vasta riqueza, suponían un blanco jugoso para el populismo extremista de su oponente en la campaña. Zeman logró retratar a Schwarzenberg como un espía de los alemanes de los Sudetes, a quienes devolvería las tierras y propiedades confiscadas después de la Segunda Guerra Mundial. Era todo mentira, pero funcionó: el príncipe perdió de manera rotunda.

Inmediatamente después de la caída del comunismo, el presidente Havel pidió disculpas a los alemanes de los Sudetes por su expulsión de Checoslovaquia. Fue un paso en extremo impopular entre sus compatriotas checos. No querían oír hablar de los crímenes y la violencia que sus antepasados cometieron en 1945 contra miles de inocentes alemanes checos en un acto de venganza por los horrores de la guerra y la ocupación nazi.

Buscando el equilibrio

Sin embargo, la política exterior alemana tiende a mirar hacia delante y nunca ha permitido que asuntos del pasado compliquen las relaciones con Praga, y menos aún con Polonia, el líder político de Europa central. Como resultado, los checos y otros centroeuropeos buscan ahora en Berlín a un líder político. Esto es cierto sobre todo en situaciones de crisis. Durante las negociaciones del tercer rescate griego, Europa central se alineó con firmeza bajo la posición negociadora alemana. Lo mismo ocurrió con la crisis en Ucrania. Primeros ministros centroeuropeos como el húngaro Viktor Orbán, el eslovaco Robert Fico o el checo Bohuslav Sobotka pueden tener diferentes opiniones sobre la conveniencia de las sanciones económicas contra Moscú, pero, en público, nunca se desvían demasiado de la posición adoptada por la canciller Angela Merkel. 

Los checos intuyen que, de todos los occidentales, los alemanes son quienes mejor les entiden

El último conflicto entre los pequeños estados de Europa Central y Alemania sobre la necesidad de aceptar cuotas para alojar a los refugiados ha tensado las relaciones y revitalizado gran parte de la retórica nacionalista antialemana. El potencial para el desacuerdo existirá mientras dure la crisis, pero lo más probable es que no influya en las bases fundamentales de las relaciones políticas. ¿Hacia dónde se dirigirá esta sociedad de paso desigual en el futuro próximo? Dependerá mucho del tipo de liderazgo que Alemania asuma en la reforma de la política fiscal europea.

En los últimos 25 años, las élites checas han encontrado una nueva forma de relacionarse con Alemania. No están motivadas ya por odios de un pasado lejano, alimentados desde siempre por la propaganda comunista hasta el final del régimen. Alemania, en la posguerra, pasó de ser una fuente de miedo e inestabilidad a una democracia libre y próspera y un referente de la integración europea. Esta transformación se ha convertido para la República Checa en un importante ejemplo en su transición a la democracia. El sistema legal alemán, su estructura económica, los sindicatos, los gobiernos regionales, la supervisión de la radiodifusión pública, entre otros ejemplos, han servido a los checos de modelo para reformar sus instituciones.

Los checos también intuyen que, de todos los occidentales, los alemanes son quienes mejor les entienden. Esto —en un país de tamaño medio, con 10 millones de habitantes, con una lengua idiosincrásica que les aísla de occidente— es algo a tener en cuenta. Ha habido intentos, un tanto cómicos, de algunos políticos de derecha de reorientar la política exterior hacia Reino Unido, pero no se puede rehacer la geografía. Durante más de 1000 años han estado destinados a vivir al lado de los alemanes. Debido a circunstancias políticas y económicas fortuitas del último cuarto de siglo, están muy cerca de encontrar el equilibrio adecuado.