14/12/2019
Europa

La crisis de los refugiados incendia Europa del Este

Once años después de la ampliación hacia el Este, los valores de los países centroeuropeos aún no concuerdan con los de la UE

Dani Rovirosa - 02/10/2015 - Número 3
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La crisis de los refugiados incendia Europa del Este
Refugiados a la salida de un tren en Macedonia. Milos Bicanski / Getty Images
La Unión Europea ha conseguido aprobar la reubicación de 120.000 refugiados, una medida adoptada en tiempo récord —tan solo dos semanas después de que fuera presentada—. Lejos de verse como un logro, la solución adoptada en la crisis de los refugiados ha evidenciado la división entre el eje franco-alemán y los países del Este. El reparto de asilados se ha logrado sin el consenso buscado ya que Hungría, Eslovaquia, la República Checa y Rumanía votaron en contra.

Once años después de la gran ampliación hacia el Este, que pretendía simbolizar la unión de Europa tras la caída del Muro de Berlín, algunos países se niegan ahora a aplicar las decisiones comunitarias alegando la defensa de unos valores que no concuerdan con los de la UE. 

Lo resumió hace unos días el ministro de Asuntos Exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn: los países de Visegrado “tienen la percepción de que lo que se decide en Bruselas es un diktat. Habiendo pasado décadas bajo una dictadura, no aceptan cosas que vienen impuestas de Bruselas”. Y añadió que “en los países del Este (…) existe la percepción de que el extranjero, ese que tiene otro color de piel, religión, cultura… es considerado como algo que está ahí para descomponer la sociedad”.

La Comisión podrá iniciar procedimientos de infracción si sus gobiernos se niegan a acoger refugiados

El mejor ejemplo lo ofrece el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, al justificar la construcción de su valla fronteriza y decir que solo acogerá a refugiados de religión cristiana para proteger “las raíces de la cultura europea”. Ante estas convicciones, fue el presidente francés, François Hollande, quien respondió de forma más contundente: “Europa es un conjunto de valores y principios y los que no comparten sus valores ni respetan sus principios deben replantearse su presencia en la Unión Europea”.

No es el único líder europeo que ha advertido de una posible expulsión. Otro socialista, Gianni Pitella, líder del grupo parlamentario socialdemócrata en la Eurocámara, ha propuesto suspender del partido al primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico. Este quiere llevar el reparto de refugiados a los tribunales y ha prometido que mientras sea primer ministro “las cuotas obligatorias no se aplicarán en territorio eslovaco”. Unas palabras que para Pitella “han avergonzado a toda la familia progresista”. La decisión definitiva sobre su eventual expulsión todavía no se ha tomado.

El reto de los países del Este

No es la primera vez que los líderes de los países del Este disienten de la postura franco-alemana. En 2003, un año antes de que se hiciese efectiva la ampliación, algunos apoyaron al expresidente estadounidense George W. Bush en su guerra preventiva contra Irak. Francia y Alemania no la secundaron, pero el 30 de enero de ese año se dio a conocer la “carta de los siete”, firmada por España, Reino Unido, Italia, Dinamarca, Portugal, Polonia y Hungría a la que después se sumó la República Checa, en la que estos países respaldaban la tesis de Estados Unidos. 

Los países de Visegrado “tienen la percepción de que lo que se decide en Bruselas es un diktat” 

Asselborn pidió  “paciencia” por el reto que plantean los países del Este, “porque hace solo 10 o 12 años que (…) están en la UE”. Para obligarles a cumplir lo pactado, la Comisión Europea podrá iniciar procedimientos de infracción si sus gobiernos se niegan a acoger refugiados, lo que significa que en última instancia podrá llevar a un Estado ante el Tribunal de Justicia de la UE. “Prefiero enfrentarme a un procedimiento de infracción que aceptar el dictado de una mayoría”, dijo el primer ministro eslovaco Fico ante esta posibilidad.

La medida no se aplicará de inmediato. Habrá que esperar hasta noviembre, el mes en que Grecia e Italia deben terminar los centros de registro de inmigrantes, imprescindibles para determinar quién tiene derecho al asilo y quién no. La decisión se tomó en una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno en la que los líderes europeos intentaron pasar de puntillas ante sus diferencias y centrarse únicamente en aquello que ahora mismo les une respecto a la crisis de refugiados: el control de las fronteras exteriores.
Turquía es un actor fundamental a la hora de lograr este propósito. Allí se encuentran cerca de dos millones de refugiados, mayoritariamente sirios, que podrían emprender el viaje hacia las islas griegas, rumbo hacia el norte de Europa. 

Por eso la mayor parte de los 1.000 millones que los Veintiocho destinarán a apoyar a los países vecinos de Siria irán a Ankara, con la intención de que el Gobierno frene su salida. Los presidentes de las instituciones europeas tendrán la ocasión el lunes 5 de octubre de discutir sobre ello con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, durante su viaje a Bruselas. La visita servirá para comprobar si el desembolso, así como los contactos diplomáticos de las últimas semanas, logrará dar sus frutos. El encuentro se produce en un momento en que las relaciones con el país musulmán están prácticamente paralizadas. Cuando se cumplen 10 años desde que se iniciaron las negociaciones para la adhesión, solo se ha cerrado uno de los 35 capítulos del acuerdo y Bruselas rechaza ahora la represión a los kurdos.

Mientras tanto, Francia puso de manifiesto la falta de una postura común en la UE sobre cómo poner fin a los cuatro años que dura ya la guerra civil en Siria al iniciar sus bombardeos contra  Estado Islámico. A más largo plazo queda la negociación de una posible salida diplomática al conflicto. Los países de la UE no terminan de ponerse de acuerdo sobre si Bashar al Asad debe formar parte o no de un hipotético gobierno de transición.