25/4/2017
Libros

Gay Talese. El patinazo del periodista

El libro más reciente del maestro del nuevo periodismo es un reportaje con un único testimonio: el del voyeur que espiaba a las parejas que se alojaban en su hotel

Jaime G. Mora - 23/09/2016 - Número 52
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Gay Talese. El patinazo del periodista
Gay Talese en su estudio. Allan Tannenbaum / Polaris / Contacto

La primera vez que Gay Talese propuso a la revista The New Yorker publicar la historia de Gerald Foos, en 1993, sabía que no sería posible, por mucho que a la entonces directora, Tina Brown, el reportaje le entusiasmara. Talese era un escritor de no ficción, y su obligación era poner nombre y apellido a cada uno de sus protagonistas, garantizar que todo lo que contaba era real. Foos, el propietario de un motel equipado con falsos techos para poder espiar a sus huéspedes practicando sexo, no le daba permiso para identificarlo. Talese lo había conocido 13 años antes y, con interrupciones, mantuvo contacto con él hasta 2013, cuando Foos le dijo que estaba preparado. Sus delitos ya habían prescrito.

Talese, un maestro del nuevo periodismo, publicó finalmente el reportaje en abril de este año, en lo que fue un avance del libro anunciado para dos meses después: El motel del voyeur, que llegará a España el próximo año editado por Alfaguara. El impacto fue inmediato. Lo último de Talese combinaba una historia potente, una altísima calidad narrativa y la sensación de que el autor había forzado al máximo los límites éticos. ¿Acaso su condición de periodista justificaba ocultar las actividades de Foos? ¿Tenía derecho Talese a subirse al falso techo con Foos, como hizo en una ocasión? Steven Spielberg compró los derechos del reportaje del año para rodar una película.

En enero de 1980, Talese recibió una carta de Foos. El protagonista del libro le explicaba que regentaba desde 1966 un motel en el que podía “satisfacer sus tendencias voyeristas” y su “interés en las distintas formas en que las personas desarrollan sus vidas, social y sexualmente, y para responder a una vieja pregunta: ¿cómo se comporta sexualmente la gente en la privacidad de sus habitaciones?”. Foos escribíaen unos diarios todo lo que veía e invitaba a Talese a que lo conociera, con la condición de que mantuviera el secreto. Quería contar su historia, pero reconocía que no tenía el talento suficiente y temía ser descubierto. “¿Puede un hombre así ser una fuente fiable?”, se preguntó Talese al leer la carta.

El escritor viajó al motel, participó en una sesión voyeur y pidió a Foos que le dejara leer sus diarios

Pese a sus dudas iniciales, el escritor viajó al motel, participó en una sesión voyeur y pidió a Foos que le dejara leer sus diarios. El propietario del motel estuvo años enviándole a Talese sus notas, que empezaban en los años 60 y acababan a finales de los 80. Foos se consideraba un pionero en la investigación de los hábitos sexuales. Por eso registraba estadísticas de las parejas que espiaba —sus rasgos físicos, la talla de ropa, sus trabajos— y relataba lo que veía. Foos decía haber visto de todo en las habitaciones: robos, violaciones, incestos… incluso un asesinato.

Cuando Talese leyó la escena del asesinato, seis años después de que ocurriera, optó por no denunciarlo porque había firmado un contrato de confidencialidad, y no se planteó si aquello lo hacía culpable de un delito de obstrucción a la justicia, aunque más tarde sí investigó por su cuenta. No encontró nada relacionado con el supuesto crimen y dedujo que se había perdido en los archivos policiales. Una conclusión endeble para alguien de su experiencia, más aún teniendo en cuenta que apreció numerosas inexactitudes en los diarios de Foos. Por ejemplo, Talese descubrió que el voyeur adquirió el hotel en 1969 y no en 1966, el año en el que empiezan los diarios. El autor lo atribuye a una confusión de las fechas.

Sin credibilidad

Un trabajo de verificación más exhaustivo, elaborado por el periódico The Washington Post, reveló que Foos vendió el motel en 1980 y no lo recompró hasta ocho años después. Numerosas historias del voyeur están fechadas en esa década. “No voy a promocionar este libro. ¿Cómo lo voy a hacer si su credibilidad se ha ido por el retrete?”, fue la primera reacción de Talese. Luego dijo que en una próxima edición corregiría los datos erróneos. Pero el daño ya estaba hecho para alguien que comienza algunos de sus libros así: “Los nombres de los personajes de este libro son auténticos, y las escenas y hechos descritos en las páginas siguientes ocurrieron en realidad”.

Talese ha prestado su firma para contar unos hechos producto de la imaginación de su única fuente

Mientras que el reportaje que publicó The New Yorker mantiene un sobrio equilibrio entre la exquisita narración de Talese y las citas de Foos, esa duda acerca de la ética del periodista hace que en el libro esa mesura desaparezca. Un tercio de la obra son las escenas más sorprendentes de los diarios de Foos, que se lleva una parte de los ingresos por las ventas. Y la escritura obscena del voyeur, claro, no tiene nada que ver con la excelencia de Talese. Varios capítulos están escritos casi al completo por Foos. Con 84 años, Talese se presta a publicar bajo su firma una enumeración desagradable de hechos que probablemente sea producto de la imaginación de su única fuente.

Es difícil encontrar algo malo en la obra de Talese. Su biografía es la historia de sus fracasos, los reportajes que no llegó a publicar, porque no consiguió armarlos o porque sus editores los rechazaron. En Honrarás a tu padre (1971) consiguió llegar a la intimidad de la mafia. Con La mujer de tu prójimo (1981) asombró por lo lejos que llegó en su investigación: participó en orgías y llevó las cuentas de centros de masajes. Hay cierto consenso en que “Sinatra está resfriado” (1966), el perfil del cantante que publicó en Esquire, es el mejor que se ha escrito nunca. Siempre supo distinguir cuándo un tema se podía contar en las páginas de una revista y cuándo merecía ser desarrollado en un libro. ¿Qué necesidad tenía de cerrar su carrera con un libro escrito a cuatro manos con un mentiroso?

The Voyeur's Motel
The Voyeur's Motel
Gay Talese
Grove Press, 2016, 233 págs.