25/4/2017
Libros

Luisgé Martín. El laberinto oscuro

El escritor madrileño publica una autobiografía honesta sobre la negación de un deseo

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Luisgé Martín. El laberinto oscuro
El escritor madrileño Luisgé Martín. Alejandro GarcÌa / EFE

La memoria biográfica de la España de los últimos años del franquismo y de la Transición no ha conseguido verterse por completo en la literatura. Quedan todavía algunos vacíos que autores como Luisgé Martín (Madrid, 1962) han venido a reparar. En El amor del revés, su libro más reciente, que se acaba de publicar en Anagrama, está, por ejemplo, la memoria de un niño al que en los años 70 le dijeron en su colegio religioso que al masturbarse expulsaría de su cuerpo un líquido blanco lleno de organismos invisibles, de seres humanos microscópicos. “Al cometer ese acto impuro salen fuera del cuerpo y quedan muertos. Ya no sirven para lo que tienen que servir. Y tú te conviertes en un asesino.” Doce años tenía el autor cuando el Hechicero Jaime —uno de esos “clérigos trogloditas” de la época— se dedicaba a exponer tan disparatados argumentos por los pasillos.

Es una crónica íntima y descarnada de cómo descubrió su homosexualidad y cómo la ocultó

El amor del revés es una autobiografía de una honestidad asombrosa que viene a romper el mito de que en España no es habitual encontrarse autores de autobiografías o memorias. José Ortega y Gasset dijo que no se escribían libros de memorias porque los españoles concebían la vida como un permanente dolor de muelas. Miguel de Unamuno afirmó, por su parte, que “acaso se deba a lo flacos de memoria que somos, ya individual, ya colectivamente, acaso también al poco, al poquísimo interés que aquí despierta el hombre”. Mucho más recientes son las palabras de Antonio Muñoz Molina: “En España, son raros los buenos libros de memorias, sobre todo de memorias escritas por hombres. Entre nosotros hay poco hábito de poner por escrito los propios sentimientos, la fragilidad masculina, la melancolía de lo que se ha perdido o lo que se malogró”. Antes que Luisgé Martín vinieron algunos otros como Max Aub, Dioniso Ridruejo, Carlos Castilla del Pino, Juan Goytisolo, Carlos Barral, Terenci Moix o Fernando Fernán Gómez. El autor de El amor del revés no le teme a los sentimientos ni a la melancolía, su libro es una crónica íntima y descarnada de cómo descubrió su homosexualidad y salió del laberinto oscuro que supuso negar su deseo y enmascararlo.

De cucaracha a ser humano

“En 1977, a los quince años, cuando tuve la certeza definitiva de que era homosexual, me juré a mí mismo, aterrado, que nadie lo sabría nunca. Como la de Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, fue una promesa solemne.” En los 29 años que pasaron hasta que se casó con un hombre en una ceremonia civil ante 150 invitados, “había sufrido una metamorfosis inversa a la de Gregorio Samsa: había dejado de ser una cucaracha y me había ido convirtiendo poco a poco en un ser humano”.

Una noche en París, leyendo unos versos de “Autobiografía”, un poema de Luis Rosales, se dio cuenta de todo lo que suponía vivir “sabiendo que jamás me he equivocado en nada, / sino en las cosas que yo más quería”. Desde 1977 hasta 1982, desde los 15 a los 20 años, no empleó ni una sola de las páginas que escribió para hablar de sus sentimientos o sus dudas, para contarse a sí mismo.

Intentando mantener la solemne promesa que se había hecho —callarse, fingirse otro—, no dejó ni una puntada de hilo de la que tirar para desenredar la madeja. “El secreto estaba guardado.” El silencio fue su mejor máscara. Cuando cualquiera le preguntaba por su vida sentimental, no mentía: callaba. Una de las máximas de François La Rochefoucauld, aquella de que “estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”, se convirtió en la esencia de su carácter.

En el libro se establecen correspondencias con dos importantes escritores de siglos distintos que han cultivado el género memorialístico: Proust y Knausgård. Luisgé Martín se sirve también de su memoria para recuperar y reconstruir momentos de verdadero dolor y pérdida, como cuando sentía terror ante la catástrofe que suponía que se conociera su homosexualidad: “Me venía entonces ese sudor frío que tienen siempre los que están cerca del desastre y sentía deseos de no estar vivo. Ese es uno de los recuerdos más extraños y perdurables que conservo: el deseo de no estar vivo”. En El jardín de la memoria, Lea Vélez escribe que cualquier historia puede contarse en 60 secuencias. Las esenciales, las que determinan cómo será la vida. Luisgé Martín imaginó muchas veces que la suya acabaría siendo una “sola secuencia de planos sucesivos sincopados. Tres minutos, cinco minutos. Con una música agria o taciturna. Con un fundido que se fuera a negro muy lentamente”.

Retrata también el enmascaramiento de la realidad que supuso el régimen de Franco para España

La investigadora Anna Caballé afirma en su artículo “Escribir el pasado, yendo al futuro” que, desde la muerte de Franco, “los españoles tenemos una enorme necesidad de que otros digan, recuerden, lo que nuestra cultura y nuestra sociedad han sido bajo las grandilocuentes y estúpidas proclamas que sirvieron para deformar durante tantos años la vida cotidiana”. En El amor del revés se retrata no solo el enmascaramiento de un hombre, sino el enmascaramiento de la realidad que supuso el régimen de Franco para España. El franquismo ha cristalizado en otras memorias, como Años de penitencia (1975), las de Carlos Barral. El editor y poeta se sintió empujado a escribir para representar sus recuerdos “de aquel mundo sórdido, de aquella interminable década como inscrita, toda ella, en el lomo de una repugnante cucaracha, grande como el mundo mismo”.

Luisgé Martín reflexiona, además, sobre el propio hecho de la escritura confesional y recurre a Edad de hombre (1939), una obra de Michel Leris, autor surrealista francés que defendió la tesis de la literatura considerada como una tauromaquia: “Concepción de la vida que compromete por su postura frente a los demás”. Martín se muestra en su autobiografía capaz de arrojarse a la escritura como el torero ante el toro: “Arriesgando su vida, exponiéndose a la cornada, corriendo el riesgo de que el lector encuentre en él lo vergonzoso o lo infame. Lo verdaderamente humano”. Y a la vez, consciente del peligro de tan temerario acto, no puede dejar de preguntarse: “¿Qué herida podría quedarme?”.

El amor del revés
El amor del revés
Luisgé Martín
Anagrama, Barcelona, 2016, 280 págs.