20/11/2019
Tecnología

GIF. La vida en bucle

Las imágenes animadas en repetición son un fenómeno en las redes sociales. Los creadores  indagan sobre sus posibilidades artísticas

Jaime Velázquez - 20/05/2016 - Número 34
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GIF. La vida en bucle
El trabajo del artista mexicano Jaime Martínez. (Monterrey, 1978) consta sobre todo de fotos animadas en las que mezcla diferentes formatos. jaime martínez
Cuando Ben Vine (Stourbridge, 1972) vio por primera vez un GIF animado trabajaba en un cibercafé para costearse los estudios. Fue a mediados de los 90, cuando las páginas web no eran más que interminables bloques de texto que los desarrolladores se empeñaban en adornar con colores chillones y letras blancas sobre fondo negro.

Entonces, al ver aquellos gráficos parpadeando, supo que estaba asistiendo a una revolución: el movimiento había llegado a internet. Años después, como director creativo de una agencia de publicidad, hizo de los GIF su medio de vida, diseñando banners para marcas que necesitaban llamar la atención en la web. Lo que nunca imaginó es que una década más tarde este formato fuera a convertirse en un vehículo de expresión de sus inquietudes artísticas.

El GIF —formato de intercambio de archivos gráficos, por sus siglas en inglés— es uno de los archivos fotográficos más antiguos de internet. Reinó en la red hasta que la capacidad de las conexiones telefónicas permitió el envío de vídeo e imágenes en alta resolución. Sin embargo, en la era multimedia, del streaming y de la realidad virtual, ha desbancado a otras tecnologías más complejas para convertirse en último fenómeno de las redes sociales.

Se trata de clips que apenas superan los cuatro segundos de duración y que se reproducen sin parar

Se trata de pequeños clips que apenas superan los cuatro segundos de duración, compuestos de una sucesión de fotografías, dibujos, gráficos o fragmentos de vídeo que se reproducen en bucle hasta el infinito. Son a menudo acciones casi inacabadas, la captura de un instante que se repite como un mantra con efectos hipnóticos. Como un disco rayado que delata de repente lo artificial de nuestra propia realidad, como si se hubiera producido un fallo en Matrix. Unos segundos aislados que de pronto adquieren sentido en sí mismos. Y en esa eterna repetición se aprecian detalles que hasta ahora habían pasado desapercibidos.

Su sencillez y la facilidad para confeccionarlos —cualquiera puede crear su propio GIF sin necesidad de grandes conocimientos técnicos— hacen que estos archivos se difundan rápidamente en las redes sociales, saltando de pantalla en pantalla. De Facebook a Instagram, WhatsApp, Telegram o Snapchat.

Una vivencia más humana

Desde los omnipresentes gatitos a imágenes de políticos o celebridades, los GIF son animaciones humorísticas que se consumen por mero entretenimiento, herramientas de comunicación política o de expresión de emociones que sobrepasan las barreras lingüísticas y culturales. En última instancia, el GIF es un reflejo de nuestra propia forma de entender el mundo. Recoge la ansiedad, la obsesión por lo instantáneo y la necesidad de poseerlo. La frivolidad, el juego, la sobreexposición a estímulos que se solapan y la conectividad.

romain laurent 

“Los dispositivos de conectividad, los aparatos que nos conectan a la red, han transformado lo que somos, nuestra forma de vida. Nuestra percepción del mundo, de recordarlo y de generar memoria”, explica Juan Martín Prada, profesor titular de la Universidad de Cádiz y autor del libro Prácticas artísticas e internet en la época de las redes sociales (Akal, 2015). “La importancia del GIF radica principalmente en el uso popular del formato. Sigue siendo un fenómeno muy amateur —añade—. Lo que tenemos que apreciar en este tipo de imágenes es su utilización por parte de todo el mundo; que todos se hayan convertido en productores y difusores de imágenes, gracias a la cantidad de aplicaciones para crear y compartir este formato. Lo interesante es ese uso social y masivo.”

La versatilidad de este tipo de imágenes en bucle es su principal baza. El éxito de Giphy.com, una plataforma de exhibición y creación de GIF, muestra las dimensiones del fenómeno. Creada hace tan solo tres años, cuenta con 150 millones de usuarios únicos mensuales y más de 600 artistas registrados. Recientemente, han creado en Los Ángeles los primeros estudios dedicados a apoyar a los nuevos creadores.

“Después de 20 años, la tecnología ha permitido que el antiguo formato sea extraordinariamente fácil de buscar, crear y compartir. Antes se utilizaba para incrustar imágenes de baja resolución en la web, pero ahora no solo tiene mejor calidad, sino que se ha convertido en un lenguaje visual propio”, asegura Simon Gibson, director de adquisiciones y marketing de Giphy. “Lo apasionante es que puede representar tanto la alta cultura como la cultura de masas. Su potencial reside en la utilización de contenido existente en internet que es altamente reconocible y que supera las barreras del lenguaje. Esa cultura global compartida hace que todo el mundo los pueda entender y se convierta en un vehículo de expresión personal. Nos aporta mucho más que una imagen estática o una sucesión de palabras. Es una vivencia visceral, irresistible, y en último término, más humana.”

Un medio artístico

En el apartamento de Ben Vine, junto a la plaza de Antón Martín, en Madrid, las cámaras de fotos se mezclan con los juguetes de su hijo en un desorden genuino. Apasionado de la fotografía analógica, Vine experimenta con la estereografía, el vídeo y las imágenes en bucle. Los negativos de película pasan después al ordenador para cobrar sentido. Uno de sus GIF fue elegido entre los mejores del premio internacional Motion Photography Prize sobre fotografía en movimiento, organizado por Google+ y la galería Saatchi de Londres en 2014.

En su ordenador el artista inglés trabaja la captura de ese instante que tiene valor en sí mismo, y perfecciona el bucle hasta que sea imperceptible el inicio y el final de la acción. El resultado son imágenes estáticas con un movimiento interior.

A. L. CREGO

“El vídeo es muy narrativo para mí y la belleza de la fotografía está en que capta un instante. Una foto que captura por ejemplo una mirada logra atrapar una emoción. Es buscar una verdad. En el vídeo eso se pierde en la historia más amplia que quieres contar. El GIF es un territorio diferente que no es ni lo uno ni lo otro”, explica Vine acerca de la posibilidades artísticas del formato. “Prima la estética, el juego visual. Hay algo inquietante cuando haces un retrato en GIF de alguien que está mirando a cámara, que te devuelve la mirada. Cuanto más dudas de si está animado o no, más impactante puede ser un movimiento de respiración, de los ojos o los párpados.”

Como él, una generación de creadores procedentes de la fotografía, las artes plásticas y el net art, explora desde hace apenas cinco años ese terreno inesperado que ha abierto este formato de masas en el que cabe todo. La fotógrafa neoyorkina Christina Rinaldi, ganadora del Motion Photography Prize con un GIF de un limpiacristales fregando un escaparate, incidía en una entrevista en el movimiento en bucle como el verdadero aspecto enriquecedor de su instantánea.

Sobrepasa las barreras lingüísticas y refleja la ansiedad y la obsesión por capturar el instante

Pese a las dificultades, el GIF ha entrado en los espacios expositivos convencionales, como el Museo de la Imagen en Movimiento de Nueva York, y en numerosas exhibiciones colectivas como la del colectivo 15folds, que se suceden en galerías alrededor de todo el mundo. Desde el Cinemagraph, una estilización de la fotografía animada introducida en 2011 por los artistas Kevin Burg y Jamie Beck, pasando por los loops de patrones geométricos de Pi-Slices, un joven de 17 años que ha atraído la atención del colectivo de artistas GIF Artists Collective, a las imágenes de los fotógrafos Romain Laurent y Ryan McGinley, que ha explotado también el formato como medio publicitario. O los trabajos de la canadiense Lorna Mills, que ha sabido llevar el GIF al ámbito de la instalación artística.

La red como estado mental

En sus obras, Miller utiliza GIF cargados de ironía, humor, sexo y elementos pornográficos. Es la imaginería que puebla internet y las redes sociales. “Es la expresión de la red como una situación psíquica, como un estado mental, más que como un medio de comunicación —explica el profesor Juan Martín Prada—. Es delirante; un mundo donde todo se satura, se solapa y se superpone.” Como ha ocurrido a lo largo de toda la historia del arte —apunta Martín Prada—, no es más que una materialización de la manera en que el hombre construye su subjetividad, ligada para siempre al universo digital que es ya inseparable del entorno físico.

pi - slices

Consciente de ello, el artista A. L. Crego (A Coruña, 1988) ha basado sus creaciones GIF en el arte urbano. Son obras que, pese a estar en la calle, solo pueden ser vistas a través de una pantalla. En colaboración con creadores de murales y grafiti presentes en la ciudad, Crego ha creado animaciones que se incrustan en el paisaje físico. En sus GIF las paredes cobran vida.

“Me di cuenta de que el arte urbano ya no es tal. Debería llamarse también web art, puesto que la mayoría de las veces accedemos a él a través de la web y las redes sociales —cuenta el creador—. Entiendo internet como una extensión de la calle, una extensión del ser humano, no un lugar nuevo que estamos visitando. Es un ecosistema que hemos creado nosotros mismos, y es un mundo en el que todos caminamos de manera casi anárquica.”

El fenómeno GIF, más allá de su uso como mera herramienta de entretenimiento, es para A. L. Crego un reflejo de cómo se construyen el mundo y las relaciones con él. “Internet no es una bestia que nos va a engullir. Entiendo el temor de algunos que hablan de cómo la red nos está aislando, pero eso es porque no entienden la web como un anexo a sus vidas, sino como un mundo nuevo que existe fuera del mundo real —añade—. Todo esto hace que nos planteemos qué es lo real. La realidad virtual es tan auténtica como la otra.”

GIF: animando la web desde 1987

Jaime Velázquez
El formato de intercambio de archivos gráficos (GIF) fue creado en 1987 por la compañía americana Compuserve como un tipo de archivo pensado para la introducción de fotografías en color en la web arcaica. El primer GIF era una imagen de un avión. El formato fue diseñado para imágenes estáticas, aunque la versión posterior permitía la animación gráfica comprimida en pocos kilobytes.

La popularización del GIF no llegó hasta 1994 cuando el navegador Netscape habilitó una extensión que posibilitaba su uso en las páginas web con facilidad. La empresa creadora del formato fue adquirida en 1998 por America  Online, que dejó expirar la patente, dejando libre de derechos la creación de GIF.

Hasta finales de los 90 este tipo de archivos fue prácticamente la única herramienta existente para animar los contenidos online. Su sobreexplotación acabó por saturar la web y con la aparición de nuevos formatos el GIF acabó por asociarse con las web de baja calidad. La tecnología flash y el aumento del ancho de banda permitieron la introducción de vídeos cortos. A comienzos del nuevo milenio el archivo animado que había dominado internet parecía condenado a la extinción.

Sin embargo, la aparición de las redes sociales y la web 2.0, que convirtió a internet en un lugar de conversación, llevó al GIF a una difusión que jamás se hubiera esperado. La tecnología permitía imágenes de alta calidad y ver vídeos HD a través de la fibra óptica y los usuarios encontraron en el viejo GIF las cualidades que buscaban.

Es un formato fácil de crear y compartir para expresarse, como aquel bucle extraído del clip de “Thriller” en el que Michael Jackson come palomitas con cara de expectación. El video frame dio al GIF el rejuvenecimiento que necesitaba hasta convertirse en uno de los formatos más difundidos por la red.