23/7/2019
Internacional

La disputa por los medios de comunicación

La controversia con el Grupo Clarín ha definido la identidad del Gobierno de Cristina Fernández

Sonia Budassi - 16/10/2015 - Número 5
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En la novela de Antonio Tabucchi Sostiene Pereira,  la transformación del aburrido periodista Pereira no hubiese sido posible sin un contexto dictatorial. Y si no hubiera conocido a Monteiro Rossi, el joven comunista que plantea que la prensa debe denunciar el autoritarismo. 

Los dilemas alrededor de la censura son otros en años de globalización en países liberales como Argentina, donde la libertad de expresión es un valor respetado, aunque  las restricciones hoy se vuelven menos explícitas. En democracia, no solo dependen de la influencia del Gobierno. Intervienen intereses económicos, políticos, sindicales y empresariales, la autocensura.

En la Argentina kirchnerista se hizo evidente, más que antes, el propio mecanismo de enunciación de cada medio. Quienes cuentan con mayor visibilidad son los estatales y los privados “K” y “AntiK”. Expresiones como periodismo “independiente” o “militante” se colaron en conversaciones de ascensor, en una era en la que ya casi nadie es ingenuo frente a los mensajes mediáticos. El programa de televisión oficialista 678 se dedicó, desde su surgimiento en 2009, a denunciar el poder económico solapado bajo ciertas noticias, como en una clase introductoria al análisis del discurso. Luego se transformó en una tribuna condenatoria hacia profesionales o empresas de la oposición. Desde el otro bando reaccionaron en espejo. 

“El gran diario argentino”

“Y a mí no me interesa / Qué escribe Clarín / Cristina donde vayas te vamo’ a seguir”, dice una canción surgida de la creatividad militante. Al gobierno de Néstor Kirchner, como al de Cristina Fernández, sí pareció interesarles. Y mucho, a juzgar no solo por algunas medidas, sino por la relevancia dada a ese grupo mediático en sus declaraciones partidistas o en la televisión nacional. El viejo truco de elegir el adversario para así definir la propia identidad en la lucha por el sentido. 

En 2010 Pablo Cerioli,  director por el Estado de Papel Prensa —única productora de papel de periódico— hizo público un dicho que circulaba desde hacía años como chiste, rumor o temor: “Ningún gobierno resistía tres portadas de Clarín en contra”. En su libro Clarín, el gran diario argentino. Una historia (Planeta, 2013), el sociólogo Martín Sivak cita que, ya en 1960, Roberto Noble, su dueño, notó que no podría ser presidente. Pero desde el diario podría hacer presidentes. El politólogo Iván Schuliaquer, especialista en medios y gobierno en Sudamérica, afirma que la relación con Clarín es clave para entender el kirchnerismo; los movimientos de uno marcan al otro: “Había una especie de puja en una mesa de negociaciones que en algún momento se partió al medio. Esa pelea se volvió constitutiva de la identidad tanto del gobierno nacional como del gran grupo mediático”. 

En 2008 la confrontación pasó a ser directa y pública. El detonante: la Resolución 125, que imponía mayores impuestos a las exportaciones agrícolas. Multitudes se manifestaron a favor y en contra de la medida. Era llamativo observar, en Buenos Aires, personas con carteles en autos y camisetas con la leyenda “Yo soy el campo” o “Clarín miente”, sin importar si conocían las técnicas de producción de cereales o las mediáticas. La clave era la lucha política; se discutía la propiedad. Ante la reacción, Cristina Fernández delegó en el Congreso la decisión de implementarla: nunca se aprobó y el conflicto se redujo. “Los Kirchner descubrieron en el Grupo Clarín un pilar para el Gobierno de Néstor, pero después un desestabilizador para el Gobierno de Cristina”, dice Sivak en su libro. 

La relación con Clarín es clave para entender el kirchnerismo; los movimientos de uno marcan al otro 



En estos años se promulgó la Ley de Medios Audiovisuales, que busca evitar la concentración, adaptar la legislación a las nuevas tecnologías y permitir usos no mercantiles de la comunicación social. Por una demanda cautelar del Grupo Clarín —que la llamó “la ley para controlar los medios”— tuvo idas y venidas en tribunales intermedios. La empresa, principal competencia del Grupo Telefónica, tiene radios, canales y operadores de cable y televisión abierta, imprentas, editoriales y los diarios de las capitales provinciales, entre otras actividades. Era la sociedad anónima que más compañías debía vender para adecuarse a la nueva distribución del mercado. Cooperativas, gremios, minorías étnicas y ONG celebraron la medida, que contó con el aval de partidos políticos opositores, la Iglesia católica y la Corte Suprema de Justicia

En 2001, Sivak les preguntó a varios políticos cómo se sentían frente a Clarín. Carlos Corach, entonces senador nacional, dijo: “Nosotros gobernamos 10 años, pero Clarín gobierna desde antes y gobernará muchos más”. En los 15 meses anteriores a las elecciones de 2011, el diario publicó 347 portadas contra el Gobierno. Y Fernández ganó con el 54% de los votos.  Se confirma que es necesario desmitificar. Se ha desacralizado al comunicador como pulcro transmisor de la realidad, y tampoco los medios son omnipotentes. La disputa sigue siendo por quién determina la agenda.