14/10/2019
Opinión

La frivolidad de Cameron

Editorial - 17/06/2016 - Número 38
  • A
  • a
La convocatoria de un referéndum sobre la permanencia o salida de Reino Unido de la UE ha sido una imperdonable frivolidad del primer ministro conservador, David Cameron, y la campaña previa de estas semanas se ha situado en la linde de la vergüenza. Los defensores del Brexit han utilizado los argumentos más inverosímiles, las posturas más chovinistas y los datos más tergiversados para asegurar que, fuera de la UE, el país alcanzaría un esplendor utópico: miles de millones de libras se quedarían en casa para financiar programas sociales, las leyes hechas en Westminster en lugar de Bruselas protegerían a los británicos de la maldad tecnocrática de los continentales y, por encima de todo, la barrera alzada contra los inmigrantes, molestos e insalubres, evitaría que se pervirtiera la identidad nacional. Se trata de argumentos fantasiosos, pensados para despertar el revanchismo de una sociedad tan asustada como las de los demás países desarrollados ante los grandes cambios demográficos y económicos.

Los favorables al “Remain” tampoco han sido brillantes. Cameron, que ha hecho campaña por la permanencia, ha sido desafiado desde el interior de su partido e incluso de su gabinete ministerial —singularmente por figuras como Boris Johnson, exalcalde de Londres, o Michael Gove, titular de Justicia— y ha recurrido a la siembra del miedo sin transmitir en momento alguno interés auténtico por pertenecer a una Unión reformada y mejorada, a la que ha intentado poner al servicio de Reino Unido mediante chantajes. El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, al que correspondía un papel crucial en la actual campaña, ha estado ausente y su defensa de la UE ha sido tibia y desganada. 

Las últimas encuestas dan ventaja a los partidarios del Brexit. Sería deseable que las urnas desmintieran los sondeos. Pero en cualquier caso, con este referéndum Cameron habrá dañado aún más el proyecto de esa unión cada vez más estrecha que es la seña indeleble de la UE y avivado el peligroso fervor nacionalista. Son muchos los defectos que tiene la UE, pero el coste de la no Europa sería catastrófico. Como ha repetido Gordon Brown, Gran Bretaña, en vez de aspirar a salir de la Unión, debería intentar liderarla. Esta campaña confirma la deserción de ese propósito. Como decían los partes meteorológicos cuando la niebla se cernía sobre el Canal de la Mancha, el continente puede quedar aislado, pero estará obligado a explorar las oportunidades surgidas al desaparecer las interferencias permanentes impulsadas por Gran Bretaña desde hace décadas.