22/9/2020
Política

La investidura sigue en el aire

Rajoy esboza una crisis institucional con su espantada momentánea y Sánchez, acosado por los barones, pierde autonomía para desempatar la situación, explorar posibles pactos de gobierno y responder al órdago de Pablo Iglesias

AHORA / Rosa Paz - 29/01/2016 - Número 19
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La investidura sigue en el aire
Sánchez rodeado de periodistas en el Congreso de los Diputados. Mariscal / EFE

Se sabía que las negociaciones para formar gobierno iban a ir para largo, pero nadie sospechaba que se fueran a encallar antes de que los responsables de los partidos políticos se sentaran siquiera a hablar y menos aún que eso fuera a ocurrir por un simple juego de estériles tácticas partidistas. Pero es lo que pasó la pasada semana: que la ronda de consultas iniciada por el rey para proponer un candidato a la Presidencia del Gobierno fue bloqueada por dos golpes de efecto, el del líder de Podemos, Pablo Iglesias —que escenificó ante la prensa un órdago al PSOE, al que ofreció formar coalición con su autonominación como vicepresidente y la predesignación de media docena de ministros de su partido—, y la del presidente del PP y del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, que declinó la oferta del monarca, dejando átonitos a los españoles, pasmados a los dirigentes populares y esbozando una imprevista crisis institucional.

Tres tendencias en el PSOE

Mientras, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, sigue acosado por los principales barones de su partido, que quieren evitar que gobierne y prefieren provocar una repetición de las elecciones, y por los notables —Felipe González entre ellos— que quieren que facilite un ejecutivo del PP, bien en coalición con los socialistas además de Ciudadanos, bien con la abstención del PSOE y su permanencia en la oposición. Así que el partido al que los electores colocaron el 20-D en el centro del tablero, y de cuya decisión depende que la situación se

Lo preocupante es que los políticos siguen sin sentarse a buscar la fórmula para llegar a un pacto de gobierno

decante en una u otra dirección, se sigue inhabilitando a sí mismo enredado en sus disputas internas. A Ciudadanos, que sería necesario para formar un gobierno de un color u otro, las urnas no le dieron, sin embargo, un papel determinante para el arranque de la negociación.

Han pasado 40 días desde las elecciones. Tampoco es tanto si se tiene en cuenta que a José María Aznar le costó dos meses cerrar los pactos para su investidura en 1996. Lo grave es que la situación sigue empantanada sin que los políticos se sienten a negociar un programa de gobierno. Los analistas, y muchos ciudadanos, empiezan a percibir la falta de líderes capaces de afrontar situaciones difíciles. Como esta de ahora, porque la simple aritmética parlamentaria no da como resultado un ejecutivo y se precisa de lucidez, habilidad política y capacidad de renuncia.

Prima la astucia

Hasta el momento, la impresión es que los dirigentes de las fuerzas políticas se han movido con astucia pero sin más objetivo que su supervivencia personal temporal. El paradigma de esa actitud parece ser Rajoy, que sin haberse molestado en buscar apoyos para su investidura, aseguró que declinaba “por el momento” porque no tenía garantizado el éxito. Lo normal es que los candidatos que aspiran a la Presidencia del Gobierno busquen previamente los apoyos y se sometan después a las sesiones parlamentarias necesarias, aun a riesgo de perder si no han logrado los suficientes. Es lo que el pasado año hicieron la presidenta andaluza, Susana Díaz, que tuvo que acudir por tres veces a la investidura hasta que la consiguió, y Artur Mas, que lo hizo en dos ocasiones hasta que renunció a favor de Carles Puigdemont.

Algunos dirigentes del PP se asombran de que Rajoy no iniciara, al día siguiente de las elecciones, las negociaciones para convencer a Ciudadanos y el PSOE de que le apoyaran en la investidura. Piensan, de hecho, que el todavía presidente creía que ese trabajo lo harían por él los barones y los notables del PSOE, que acabarían por decantar a la mayoría de su partido a favor de un gobierno de gran coalición o del PP con un pacto de legislatura con el PSOE, y sustituirían a Sánchez en el liderazgo. Pero no ha sido así por el momento, lo que obliga a Rajoy a ponerse a buscar apoyos. Lo ha hecho con Ciudadanos —en la misma semana en que ha estallado otro escándalo de corrupción en el PP de Valencia— pero no con los socialistas, alegando que ya le anunciaron su negativa. El miércoles les lanzó una oferta desde la televisión: apoyará al PSOE en municipios y autonomías si no bloquean su investidura. La espantada de Rajoy ha visualizado la precariedad del PP que, aunque ha sido el partido más votado, no podrá hacerlo salvo que consiga la colaboración del PSOE.

Brecha constitucional

Sin embargo, su decisión de declinar la oferta del rey no solo parece a muchos un desplante al jefe del Estado, sino que también abre brechas que la Constitución no contempla: un escenario en el que nadie quisiera ir a la primera sesión de investidura, la que permite que empiece a contar el plazo de dos meses para repetir elecciones si no se forma gobierno. Si fuera así, el periodo de interinidad se podría prolongar indefinidamente.

Evitar esa situación sería uno de los  argumentos que llevarían a Sánchez a aceptar la oferta del rey si Rajoy vuelve a declinar la invitación. El monarca, que empezó el miércoles una nueva ronda con los representantes políticos, ha pospuesto la entrevista con el líder socialista —y por tanto también con Rajoy— hasta el martes, para darle tiempo al PSOE de celebrar su comité federal, previsto para este sábado. Esa reunión del máximo órgano de dirección del partido se convocó en plena guerra interna con la intención de fijar la fecha del nuevo congreso, pero se centrará únicamente en los pactos de gobierno.

El sábado se decidirá si Sánchez puede negociar con Podemos o si los principales barones lo vetan

Los presidentes de Andalucía, Asturias, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha intentarán impedir que Sánchez se siente a negociar con Iglesias. Primero porque creen que pactar con Podemos sería “el suicidio” del PSOE, segundo porque sintieron que Iglesias “humilló y ofendió” a su partido y a sus militantes con “su tono arrogante” cuando le planteó públicamente a Sánchez —y sin haber hablado previamente con él— formar un gobierno de coalición.

Hay otros secretarios territoriales, entre ellos el líder del PSC, la del PSE y la presidenta balear, que respaldan a la cúpula en su intento de buscar acuerdos con Podemos y Ciudadanos para intentar formar un gobierno. Les parece que, asdemás, es lo que esperan los militantes y los votantes de un partido que se presenta a las elecciones: que intente llegar al poder para intentar resolver los problemas de los españoles. A estos tampoco les gustaron “las fanfarronadas” de Iglesias, pero piensan que su actitud puede cambiar cuando se entable un diálogo en serio, “no sobre sillas sino sobre el programa de gobierno, sobre lo que hay que hacer”. Y luego están los veteranos que defienden la necesidad de “un acuerdo a la europea”, de un pacto que dé “estabilidad” al gobierno y permita “con un programa muy pactado en una legislatura corta” afrontar los problemas más acuciantes de España.

Si Sánchez también declinara

Así que Sánchez no lo tiene fácil. Podría pasar que en el comité federal triunfaran los que quieren intentar pactos para gobernar, pero también los que quieren evitarlos y repetir elecciones y que, por tanto, tuviera que ser él quien rechazara el martes la oferta del rey.  No parece que la correlación de fuerzas en el seno del PSOE esté aún a favor de grandes coaliciones, porque en lo único que todavía parecen coincidir la cúpula de Sánchez y los barones críticos es en el no al PP.

 La escenificación del líder de Podemos, no obstante, les dejó la duda de si realmente buscaba un pacto o pretendía, por el contrario, dinamitarlo. Porque también coinciden en que su intervención no facilita la posibilidad de entablar una negociación de gobierno.