13/8/2020
Opinión

La nueva temporada del 'reality show'

Ni las apelaciones del independentismo a Mandela y Gandhi ni la minihuelga de hambre convocada por la ANC han servido para que la CUP votara a favor de la investidura de Artur Mas

Agustín Vela - 04/01/2016
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La nueva temporada del 'reality show'
Gabriela Serra i Frediani junto a Neus Montaner y otros miembros de la CUP durante la rueda de prensa del 3 de enero. Pau Barrena / AFP / Getty Images
La nueva temporada del reality show en que se ha convertido la política catalana ha empezado con mucha fuerza. Tras las votaciones del pasado domingo y el magistral empate con que concluyó después de tener a los espectadores en vilo durante 10 horas, ayer una asamblea de apenas seis ha bastado para rechazar la investidura de Mas, ignorando las apelaciones del independentismo a Mandela y Gandhi y la minihuelga de hambre (de 24 horas: no se sabe cuántos la siguieron inconscientemente con fines depurativos tras los excesos navideños) convocada por la ANC.

El escenario que se presenta es apasionante. El próximo episodio es la convocatoria o no de un nuevo pleno de investidura, que habría que realizar contrarreloj ya que el día 9 de enero caduca el plazo y habría que ir a nuevas elecciones. Si se convocara y Mas fuera el candidato, habría un momento televisivo glorioso: cuando los 10 diputados de las CUP voten y se compruebe si en el anticapitalismo también anidan Tamayos (con dos votos disidentes, Mas quedaría investido). La opción de que Junts pel Sí proponga a otro candidato (¿el apuesto Romeva?, ¿el emotivo Junqueras?, ¿algún tapado de última hora?) sería un giro de guión delicioso, pero parece improbable.

El próximo episodio es la convocatoria o no de un nuevo pleno de investidura; el 9 de enero caduca el plazo



Así pues, si el 10 de enero no hay presidente, a elecciones, cumpliendo la advertencia de Santa Teresa acerca de las plegarias atendidas: al grito de “volem votar” han seguido en apenas cinco años cuatro elecciones autonómicas más dos generales, dos municipales y unas europeas. La fecha lógica sería el 6 de marzo, día de san Marciano, apropiado patrón para lo que se avecina.

Mas ha asegurado que repetirá como cabeza de lista, lo que no ha aclarado es de qué lista. Parece complicado repetir el experimento de Junts Pel Sí sobre todo cuando en los cálculos de ERC está alzarse con la hegemonía del bloque nacionalista. La fórmula Democracia i Llibertat se dio un sonoro batacazo en las generales, y ninguna propuesta que contenga la palabra “Convergència” puede evitar un fuerte aroma a corrupción pujoliana. Junqueras, entretanto, ha dimitido por si acaso de la alcaldía de Sant Vincenç dels Horts, quizá con la mirada en otros sillones.

La opción de que Junts pel Sí proponga a otro candidato sería un giro de guión delicioso, pero parece improbable

El pobre Antonio Baños, que contaba con cuatro años de estabilidad, se ve arrojado de nuevo a la incertidumbre laboral. Al terminar la asamblea corrían rumores acerca de su dimisión, al fin y al cabo había apoyado la opción de investir a Mas (pese a haber afirmado durante la campaña que eso nunca, nunca, nunca ocurriría, a lo Florentino Pérez). En cualquier caso, la CUP sale de este trance dividida, remedando a su escala lo ocurrido con el PSC y CiU. ¿Repetirá candidato? ¿Se retirará a sus cuarteles de invierno? ¿Florecerán cien grupúsculos? 


Una interesante subtrama podría ser la afinidad entre la vilipendiada Anna Gabriel, líder de Endavant, la corriente de la CUP que más se ha opuesto a apoyar a Mas, y la alcaldesa Ada Colau, que atraviesa un tentador momento Midas. Debe de resultar atractiva la idea de formar una amplia coalición de izquierdas que permita abarcar al electorado de la CUP y al de Catalunya Sí que es Pot  (entre las dos formaciones sumaron 21 escaños en las anteriores elecciones). Tras el resultado de las legislativas, el apoyo de Colau se antoja un factor decisivo, y además permitiría que aparecieran en algún episodio estrellas invitadas como Varufakis, Sanders o Corbyn, y mucho Owen Jones. Aparte de las ramificaciones madrileñas con el ojo avizor de coleta morada. Nunca se sabe, pero como consecuencia el paso de Lluis Rabell por la primera fila de la política se antoja efímero, uno de esos secundarios que no llega a cuajar.

El cinturón rojo no es naranja

Sin embargo, Arrimadas, una de las favoritas del público, repetirá sin duda. Es menos seguro que repita su éxito. A menos incandescencia independentista, menos auge de Ciudadanos, como la campaña de las generales parece sugerir. El cinturón rojo no es naranja, al menos no automáticamente. Y si el voto se decide por cuestiones sociales, es probable que siga siendo rojo (aceptando el morado como una tonalidad del rojo). Otro que repetirá es Miquel Iceta, con un papel muy lucido, bailes incluidos, en la temporada anterior. ¿Será cierto que el PSC ha tocado suelo? ¿Volverán los antiguos votantes socialistas desengañados tras un breve sarampión? Si Iceta logra evitar caer en el “Yo ya lo dije” y presenta una propuesta atractiva, y si desde Madrid y Sevilla no le sabotean en exceso, cabe esperar que gane protagonismo.

El PP catalán en cambio no parece que vaya a interrumpir su marcha hacia la irrelevancia, en la que ya está instalada Unió. Y es una lástima, porque ambos podrían jugar un papel muy importante a la hora de restañar las heridas abiertas durante los últimos años, reclamar un papel digno del españolismo en la sociedad catalana y recuperar un catalanismo moderado. Porque necesariamente la nueva temporada de “El Prusés” va a ir de restañar heridas, reconstruir puentes, recuperar confianzas. Una emoción muy intensa (el independentismo) ha chocado con una realidad muy sólida (la pluralidad de la sociedad catalana). Hay bastantes heridos. Los intentos por volver al derecho a decidir que aglutinaba a una mayoría más amplia son comprensibles, pero su tiempo pasó. Un nuevo sistema político está naciendo y en marzo veremos quién se consolida y quién desaparece. 

Como nada sucede en el vacío, la situación catalana y la española se retroalimentan. Ahora, el fracaso momentáneo del independentismo reduce la presión para una gran coalición en Madrid. Y ver que se puede estar tres meses sin gobierno y repetir elecciones sin que pase nada es tranquilizador. Pero quedan muchas reformas y muchas conversaciones pendientes tanto en Cataluña como en España, y no parece que haya voluntad ni interlocutores. Habrá que seguir pegados a la pantalla.