24/1/2019
Análisis

La política de la ficción

El 52% de los británicos votó en contra de una maliciosa caricatura de la UE sin escuchar a los expertos

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La política de la ficción
Nigel Farage, líder de UKIP, delante de un cartel con cifras sobre los colegios durante la campaña del Brexit en Clacton-on-Sea. JUSTIN TALLIS / AFP / Getty
A medida que empiezan a digerir el shock del Brexit, los observadores buscan etiquetas que den sentido a lo que acaba de ocurrir en la democracia más antigua y hasta hace unos días más estable del mundo. O, si se prefiere, lo que la más antigua y estable democracia del mundo se acaba de hacer a sí misma. A los banqueros les gusta bromear con que la mejor definición de un economista es alguien que está en desacuerdo con otro economista, y que la profesión predijo correctamente ocho de las últimas tres recesiones. En otras palabras, los economistas nunca se ponen de acuerdo. Excepto, increíblemente, sobre el Brexit.

Como publicaba la semana pasada el Financial Times sin poder contener el asombro: “Por una vez el consenso es notable”. Prácticamente todos los economistas coincidieron en que el Brexit sería un desastre para Reino Unido. Como modernas Casandras, lanzaron una alarma detrás de otra. Pero fueron ignorados. Y ahora sus peores pesadillas se han hecho realidad.

El Brexit obtuvo el aplauso de la gente equivocada, desde Putin hasta Trump, pero no importó

No solo fue ignorada la advertencia de los expertos económicos por un 52% de los votantes en la votación con mayor participación en décadas. Ese 52% de británicos tampoco hizo caso a los líderes de los principales partidos políticos, que pidieron seguir en la UE. Como lo pidieron al menos el 70% de los 650 miembros del Parlamento, el presidente de EE.UU., los líderes de Japón, China, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, India y todas las grandes democracias de Europa. También apostaron por quedarse 92 universidades, los jefes de las agencias de inteligencia MI5 y MI6, el Ejército, el Banco de Inglaterra, la iglesia de Inglaterra, el lobby bancario, miles de CEO de grandes empresas o la Asociación Médica Británica.

La libertad de expresar tu opinión se ha convertido en la libertad de escoger tus propios datos

Todos ellos dijeron que quedarse era lo mejor para el país, y aun así la mayoría de los votantes prefirió apostar por la campaña del Brexit, que no tuvo casi ningún apoyo de las autoridades o expertos independientes. En lugar de eso, obtuvo el aplauso de la gente equivocada, desde Vladimir Putin hasta Marine Le Pen, Geert Wilders o Donald Trump. Pero nada de eso importó. Uno de los líderes del Brexit y exministro de Educación, Michael Gove, declaró con orgullo que “la gente en este país ya ha tenido suficiente con los expertos”. Su compañero en esta aventura, el líder del UKIP Nigel Farrage, estaba tan entusiasmado durante la campaña que empezó a fumar de nuevo. No le preocupaba el cáncer de pulmón: “Creo que los médicos se equivocaron”, le dijo feliz a la prensa. Eso es una política completamente ajena a la verdad: la libertad de expresar tu opinión se ha convertido en la libertad de escoger tus propios datos.

Democracia vulnerable

Este es el auténtico y aterrador mensaje que ha lanzado el referéndum del Brexit. Confiar en la autoridad de un experto está en su momento más bajo, haciendo a la democracia extremadamente vulnerable a las reclamaciones populistas y a las desastrosas decisiones electorales. El problema no es que Reino Unido votara por salir de la UE. Si ese hubiera sido el caso haciéndolo de forma racional, la democracia se vería fortalecida. El problema es que la apuesta honesta se dejó a un lado, mientras la campaña en contra del Brexit prefirió las exageraciones y la que estaba a favor lanzó un increíble número de medias verdades y deliberadas tergiversaciones. En otras palabras, el 52% votó en contra de una maliciosa caricatura de la UE sin escuchar las desesperadas advertencias de los expertos. Este Brexit es un episodio deprimente, al menos para los partidarios de la democracia. Mientras tanto, las encuestas han fallado en las elecciones generales británicas, en la elección del líder laborista y en el referéndum. Y todo eso en 18 meses. Así que casi podríamos concluir: no te fíes de un experto en encuestas.