18/3/2019
Análisis

La reconciliación de Obama: Cuba y Argentina

Ambas visitas tienen en común la ambiciosa aspiración de recuperar la presencia simultánea de EE.UU. en el Caribe y Sudamérica

La visita de Obama a Cuba marcó el ocaso definitivo de la guerra fría en América. Ninguna otra relación bilateral desde el estallido de la revolución cubana ni después del colapso de la URSS tuvo la singularidad de revelar de manera tan nítida la lógica de la guerra fría en cuanto al vínculo entre las dos superpotencias y los países en sus zonas de influencia. Tres rasgos fundamentales caracterizaron esa lógica: el predominio de la diplomacia coercitiva, la noción de soberanía limitada y la obsesión ideológica. Estos rasgos se expresaron en el despliegue de una política centrada en la amenaza y el uso de la fuerza, ya sea de modo abierto o clandestino, en el rechazo a que los estados adoptaran internamente el modelo político y económico de su preferencia y en el manejo de las relaciones exteriores hacia el país periférico, fundado en un sistema de creencias que desdeñaba la negociación y dominado por el dogmatismo.

La presencia de Obama en Cuba fue el testimonio del cierre del capítulo más largo de la guerra fría. En sus palabras: “Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. EE.UU. no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba. Cada pueblo debe forjar su destino”.

En segundo lugar, este hito histórico fue posible por transformaciones significativas—políticas, económicas, demográficas— tanto en EE.UU. como en Cuba que generaron las condiciones favorables para el diálogo. Un gran experto en materia de negociación, I. William Zartman, ha estudiado y comprobado que los espacios y ámbitos para la transacción se abren cuando existe un hurting stalemate; esto es, un estancamiento perjudicial que lleva a los líderes, como en este caso, a establecer contactos, reanudar conversaciones y asumir compromisos.

El fracaso de la tradicional política de Washington de hostilidad hacia La Habana llevó a Obama a impulsar un cambio de estrategia que se traduce en una nueva política de compromiso centrada, en esta primera fase de acercamiento, en las relaciones directas con la sociedad civil. A su vez y en lo fundamental, el Gobierno de Raúl Castro favoreció el deshielo con EE.UU. debido a la severa situación económica de la isla, la crisis política en Venezuela y el debilitamiento creciente de la épica antiestadounidense como instrumento de cohesión nacional y de apoyo a la revolución. La visita puso de manifiesto que aún existen grandes diferencias entre ambos países y cuentas pendientes como el levantamiento del embargo, la base de Guantánamo o los derechos humanos.

Washington pretende asegurar su presencia en la cuenca del Caribe y no perder negocios ante el avance de China

También hizo más visibles numerosos intereses que ambos países comparten y en los que ya cooperaban en materia de comercio, seguridad marítima, regulación de migraciones, operaciones antidrogas, impacto del cambio climático y desastres naturales. En tercer término, no se puede ignorar el papel desempeñado por América Latina a favor de este cambio. En los años 70 y 80, tan solo voces aisladas señalaban a Cuba como una parte indivisible de la familia de naciones americanas, la injusticia del bloqueo y la necesidad imperiosa de normalizar los vínculos cubano-estadounidenses. Desde el advenimiento de las democracias en la región hasta las últimas cumbres americanas, gobiernos de distinto signo dieron más fuerza y legitimidad a estos señalamientos, que pasaron a ser un reclamo ampliamente compartido. Si la región hubiera permanecido impávida frente al caso cubano, posiblemente la Casa Blanca se hubiese demorado más en iniciar el proceso de acercamiento.

En cuarto lugar, cabe tener en cuenta el peso que ha ejercido en este proceso la redistribución del poder e influencia globales. Está claro que la proyección y participación de actores extrarregionales en la región se ha intensificado, y que el mundo hoy da más juego a las políticas exteriores de los países del área. El paso dado en relación a Cuba demuestra que Washington pretende reasegurar su presencia en la cuenca del Caribe —su principal perímetro de defensa— y no perder negocios ante el avance de China y de otros países. Esto último también explica en buena medida que Obama extendiera su viaje a Argentina, con un nuevo Gobierno más en línea con los intereses de EE.UU.

Realizadas al final de la gestión de Obama, ambas visitas tienen en común una aspiración ambiciosa, a pesar de haber sido impulsadas por motivos diferentes: recuperar una presencia simultánea en el Caribe y Sudamérica, coincidiendo además con las serias dificultades del eje bolivariano y con el debilitamiento de la influencia de México en América Central y Brasil en América del Sur.