El erizo y el zorro

Las ideas, aún

AHORA / Ramón González Férriz - 09/09/2016 - Número 50
  • A
  • a
Se habla mucho recientemente de “los perdedores de la globalización”. Son los hombres, por lo general blancos en países ricos, obreros industriales en paro y que en el pasado votaban a partidos de izquierdas, que, ante la internacionalización de la economía, han perdido casi toda esperanza de volver a encontrar un buen trabajo, son una carga familiar para sus mujeres empleadas y se refugian en posiciones de extrema derecha. Ante su vulnerabilidad, se vuelven xenófobos y racistas, acentúan su machismo y quieren un Estado que los proteja más ante cualquier amenaza, real o imaginaria. Esto explicaría el auge del populismo derechista en Europa y de Trump en Estados Unidos.

Es una explicación plausible. Pero aun en la era dorada de las encuestas que vivimos, es difícil saber si existe una causalidad tan directa. Simplemente, porque aún no sabemos muy bien cómo circulan las ideas, por qué unas triunfan y otras no. Las ideas y las cajas de herramientas que las contienen, las ideologías, son difíciles de cuantificar y comprender. Y además, nunca se sabe si están ahí a la espera de que un líder las ponga de moda o si apenas existen sin un líder que las abandere. ¿Por qué no hay extrema derecha en España, porque no hay espacio para ella o porque aún no ha encontrado el demagogo que las abandere?

Pero las ideas importan y siguen siendo ellas las que conforman el mundo en que vivimos. Ahora parece que se están alineando de manera distinta: la derecha, que había sido liberal en lo económico, se está cerrando hacia el proteccionismo; la izquierda, que tradicionalmente había sido dura con las religiones, titubea. ¿Por qué? ¿Porque las condiciones materiales han cambiado? ¿Porque hay nuevos líderes dispuestos a configurar ideologías distintas? ¿Porque las redes han roto las viejas alianzas partidistas de los medios? Todo puede ser. Pero está claro que las ideas siguen siendo lo importante. Aunque en realidad circulen, se propaguen y tengan éxito, en buena medida, por el capricho que casi siempre rige las decisiones colectivas.