25/8/2019
Internacional

Los no tan exitosos negocios del magnate

Su trayectoria está plagada de fracasos, leyendas oscuras y demandas colectivas

Dori Toribio - 09/09/2016 - Número 50
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Los no tan exitosos negocios del magnate
El hotel casino Trump Taj Mahal en Atlantic City, Nueva Jersey. J. Moore / Getty
Donald Trump presume de ser un empresario de gran éxito mundial que gana siempre. Asegura ser el mejor en “el arte de la negociación”, título del libro que escribió en 1987. Y promete llevar la misma experiencia que le ha llevado a amasar su fortuna a la Casa Blanca para que Estados Unidos “vuelva a ganar otra vez”. Sobre esta premisa se construye toda su candidatura presidencial. “Nadie ha tenido nunca más éxito que yo. Soy la persona de más éxito que jamás se ha presentado a las elecciones”, repite con rotundidad en sus mítines. Índices de ego y autoestima aparte, es cierto que su trayectoria empresarial está plagada de logros indiscutibles y éxitos millonarios. Pero también de leyendas oscuras, fracasos monumentales y demandas colectivas.

Muchos insisten en que la imagen empresarial que proyecta no se corresponde con la realidad y ni siquiera es tan rico como dice ser. “Tiene un imperio de bienes raíces que le ha ayudado a construir una fortuna personal de 4.100 millones de dólares, aunque él asegura que  es de más de 9.000 millones”, escribe la revista Forbes sobre el magnate, que presume de haber amasado su fortuna con el sudor de su frente, a partir de “solo un pequeño préstamo de un millón de dólares” que le dio su padre hace cinco décadas.

Muchos insisten en que la imagen que proyecta no se corresponde con la realidad y ni siquiera es tan rico como dice

Hoy, la trayectoria empresarial de Donald Trump cuenta con una larga lista de éxitos. Edificios de lujo, bodegas de vino, hoteles, campos de golf, casinos y hasta bebidas refrescantes bajo el sello de la Organización Trump, cuyo centro neurálgico está en la famosa torre de oficinas y apartamentos en pleno centro de Manhattan y valorada en cerca de 400 millones de dólares. A la lista de aventuras rentables hay que sumar programas televisivos como The Apprentice, un reality show estrenado en la cadena estadounidense NBC en 2004 en el que los concursantes competían por dirigir una de las empresas del imperio de Trump.

Pero el candidato presidencial republicano también ha dejado tras de sí un largo rastro de proyectos frustrados y polémicos. Uno de los más sonados fue el fracaso de la compañía Trump Entertainment Resorts, con la que dirigía el funcionamiento de sus famosos casinos en Atlantic City y Las Vegas y que se declaró en bancarrota en cuatro ocasiones entre 1991 y 2014. El multimillonario también protagonizó titulares negativos en 2008, cuando quebró su proyecto de apartamentos de lujo en Baja California y los compradores le demandaron, pero él culpó a la constructora y al “corrupto sistema judicial mexicano”. Donald Trump intentó después inaugurar su propia compañía aérea de lujo, Trump Airlines, con aviones de suelo de madera de arce, cinturones adornados con bisutería y baños chapados en oro, que se hundió en 1992, en los turbulentos años de la primera guerra de Irak.

Acusado de fraude

Pero hay uno de estos fracasos que puede llegar a empañar su carrera hacia la Casa Blanca el próximo otoño. Todavía está pendiente el juicio contra el magnate por el caso de la Universidad Trump, un programa de estudios inmobiliarios lanzado en 2005 que terminó en dos demandas colectivas de los alumnos por fraude en California y una más presentada por el fiscal general de Nueva York. Aún hoy Trump defiende aquel proyecto académico y asegura que todo es culpa del juez encargado del caso, Gonzalo Curiel, nacido en Indiana, a quien acusa de imparcialidad por su origen mexicano. Esas acusaciones recibieron críticas de toda la clase política, republicanos y demócratas, por sus tintes racistas y difamatorios, y quedará grabado como uno de los capítulos más negativos de la andadura electoral de Trump.

En el caso de la universidad o el de los casinos de Atlantic City, Trump dejó un rastro de daño bajo los pies de inversores, empresarios y clientes. Pero no tanto en los suyos. Sus compañías se hunden, pero él acaba ganando millones. El daño es ajeno. Y es justo ahí donde atacan con frecuencia sus adversarios políticos. “Conozco a muchos hombres y mujeres de negocios que han conseguido el éxito sin dejar un rastro de demandas, trabajadores sin cobrar y clientes con la sensación de que les han timado”, dijo el presidente Barack Obama en uno de sus discursos más duros contra el candidato presidencial republicano. “No hay ni un solo empresario de éxito en Estados Unidos que realmente crea que el hombre de negocios más grande del país sea Donald Trump.”