13/10/2019
Opinión

Manos limpias sí ofenden

Editorial - 06/05/2016 - Número 32
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Durante sus dos décadas de existencia, Manos Limpias se presentó a sí misma como una organización de cruzados contra los eternos enemigos de España y de los españoles, de la religión católica o de casi cualquier cosa que afectara a la acusada susceptibilidad de su secretario general, Miguel Bernad. Una vez más, era el patriotismo como último refugio de los canallas, porque se trataba de una red basada en la extorsión y el chantaje, en colaboración con Ausbanc, presidida por Luis Pineda, convertida en opíparo negocio mediante el manejo de influencias en el funcionamiento de la justicia. Amenazas a empresas e individuos servían para combinar querellas del supuesto sindicato con campañas de publicidad negativa contra quienes se resistieran, insertadas en las publicaciones de la supuesta asociación de usuarios de banca.

La prensa llevaba tiempo hablando en voz baja del proceder delictivo de Manos Limpias y Ausbanc había sido ya expulsada del registro de asociaciones de defensa de los consumidores. Pero ambas organizaciones operaban con total impunidad incluso frente a algunas de las principales empresas que preferían pasar por el aro. Su modus operandi era conocido, había sido publicado en medios de comunicación y en libros y algunos de los amenazados se habían resistido valerosamente. Ahora esa impunidad parece haber llegado a su fin con el encarcelamiento de Bernad y Pineda tras una investigación cargada de indicios de criminalidad.

Buen momento para propiciar una reflexión y reclamar algunas respuestas de quienes en las élites políticas, judiciales y empresariales optaron por cooperar con los chantajistas en aras de librarse de sus represalias mediante el pago del impuesto revolucionario que les era exigido. Otra cosa es que el principio de “¡sálvese quien pueda!” mantuviera operativa la banda mafiosa con daño sobre los competidores.