18/11/2019
Política

Mas pierde apoyos

Sectores sociales, empresariales y mediáticos de Cataluña se alejan del president y de su “desvarío” independentista, y dirigentes de su partido empiezan a manifestar en privado su incomodidad

  • A
  • a
Mas pierde apoyos
El diputado de la CUP, Antonio Baños, junto a Artur Mas en la primera sesión del pleno de investidura.Toni Blair / EFE
Artur Mas ha ido demasiado lejos y ha llevado a su partido, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), a atravesar líneas rojas que, el antiguamente considerado nacionalismo moderado, no parecía programado para traspasar. Esa es la impresión que se destila de los comentarios que estos días se escuchan en sectores sociales y económicos próximos a ese partido, que observan con estupor cómo los 30 diputados a los que ha quedado reducida la representación parlamentaria de esa formación, más los de Esquerra Republicana (ERC) —los dos partidos concurrieron unidos en la candidatura Junts pel Sí— aprobaron, con los diputados de la CUP, una declaración de desconexión de España. También las consecuencias que eso está teniendo para Cataluña y su relación con el Estado.

Política, después del 20-D

Fueron 72 votos a favor frente a los 63 en contra —de Ciutadans, PSC, Catalunya Sí que es Pot (Podemos e ICV) y el PP— para una acción rupturista que supone una quiebra del modelo constitucional y representa la mayor crisis política e institucional desde la Transición. Le siguieron el recurso del Gobierno al Tribunal Constitucional, la suspensión por este de la declaración con la advertencia de que el incumplimiento tendrá consecuencias, además de las instrucciones de la Fiscalía a todas las fuerzas de seguridad, incluidos los Mossos, para que denuncien actos de sedición, entre otras actuaciones de las instituciones del Estado.

Una sensación de fracaso y frustración se extiende en amplios sectores tras la declaración rupturista

 
Una alternativa política para resolver el problema catalán —que se ha manifestado esta semana en esa declaración que algunos diputados de la oposición tildan más de “desvarío” que de desafío— no se producirá seguramente hasta después de las elecciones generales del 20-D. Y su concreción dependerá mucho de qué gobierno se forme después de esos comicios. Porque mientras el PSOE ofrece una reforma de la Constitución, que Ciudadanos apoya y Podemos define como proceso constituyente, el PP sigue sin concretar más alternativa que el recurso a los tribunales.

Cesión sin investidura

La prisa por aprobar la declaración rupturista, antes incluso de la sesión de investidura, fue una imposición de la CUP que, sin embargo, no ha garantizado la gobernabilidad sino que ha permitido visualizar el vacío de poder existente en Cataluña. “Esto es insólito: es la primera vez que una legislatura se abre con una declaración y no con una investidura”, asegura el líder del PSC, Miquel Iceta. Lo cierto es que pese a los requiebros de Mas, los 10 diputados anticapitalistas no confirman su continuidad en la presidencia, ni siquiera para los 18 meses del proceso de independencia, porque lo consideran “contaminado por 35 años de corrupción a la sombra de Jordi Pujol” y ha protagonizado “cinco años de gestión plagados de recortes sociales y privatizaciones”. Y ni el president ni, de momento, CDC parecen dispuestos a ofrecer otro candidato a la presidencia. Ni parece que vayan a aceptar tampoco la sugerencia de los anticapitalistas de proponer al independiente Raül Romeva, que encabezó la lista de Junts pel Sí.
 
En CDC siguen amenazando con una repetición de las elecciones autonómicas en marzo, una hipótesis que entusiasma en las bancadas de la oposición, pero hace temblar a los 72 de la declaración de independencia, porque temen perder fuerza electoral. “Porque la gente está cansada de tantas elecciones”, dicen en Junts pel Sí, pero también porque “muchos de sus votantes pensaban que su voto era para negociar, no para romper”, asegura el resto de los grupos.

Perdiendo apoyos sociales

En estas últimas semanas, cuando han concretado el proceso de ruptura en lugar de buscar una negociación, los soberanistas, en particular Artur Mas, han visto también cómo se diluían algunos de sus apoyos. Han perdido el respaldo de La Vanguardia, el diario catalán más influyente, y han escuchado la voz de instituciones que habían mantenido un prudente silencio durante todo el procés. Es el caso del empresariado agrupado en torno al Círculo de Economía. El martes, su presidente, Antón Costas, declaró que su institución “no puede apoyar decisiones unilaterales” sobre el futuro político de Cataluña y reclamó “respeto a las reglas del Estado de derecho” y a “la pluralidad social” catalana. 
El president, que asistió ya la semana anterior a la rebelión de la mitad de su Consejo de Gobierno —seis consellers que alzaron la voz contra la declaración de independencia—, ve cómo ahora dirigentes de CDC también expresan su malestar en privado. Su situación es límite con un partido desgastado por los casos de corrupción —que Mas negó y atribuyó al trabajo sucio de “las cloacas del Estado”— y que ha perdido 32 escaños en las últimas dos convocatorias anticipadas decididas por el propio president: pasó de 62 a 50 diputados en noviembre de 2012 y se ha quedado con 30 el 27-S.
 
Así que el sector moderado de CDC empieza a descartar el proyecto independentista y a recuperar la idea de negociar la celebración de un referéndum legal, una manera de intentar reconducir la situación y de colocarse en condiciones de negociar con el gobierno que resulte de las elecciones generales del 20-D. Un miembro de la dirección de CDC lo explicaba a AHORA: “Cada 50 o 60 años una generación de catalanes intenta la independencia sin conseguirlo. Este ha sido nuestro intento y no nos ha salido bien. Habrá que esperar otro medio siglo”.

Esa sensación de fracaso se ha ido extendiendo también en los últimos días pese a —o, tal vez, por— la aprobación en el Parlament de la declaración de ruptura. Ni siquiera a Mas se le vio contento en ese acto. Mucho menos a aquellos de sus consellers que, como el de Economía, Andreu Mas-Colell, hicieron patente su desagrado y no aplaudieron la decisión. 

Frustración

Así que lo que para los partidarios de la secesión tendría que haber sido un acontecimiento histórico acabó por simular una simple declaración de “insurgencia”, como lo definió el diputado de Sí que es Pot y dirigente de ICV, Joan Coscubiela, sin otras consecuencias que una sensación de frustración de quienes esperaban la independencia inmediata y también de quienes votaron a Mas convencidos de que así le reforzaban en una supuesta negociación con el Gobierno. Además de las anunciadas desobediencias al Tribunal Constitucional y las consecuentes medidas coercitivas que adopte este y, por tanto, de un aumento de la tensión política y un periodo de inestabilidad institucional en Cataluña, incluso si se llega a formar gobierno. Porque no será fácil administrar unos apoyos parlamentarios tan heterogéneos como los que conforman el grupo de Junts pel Sí y menos aún los de la CUP. Habrá también un empuje a las expectativas electorales del PP y Ciudadanos en los comicios generales del 20-D, como dijo el portavoz de Sí que es Pot, Lluís Rabell.