14/12/2018
Literatura

Maya Angelou. Zambullirse en el cielo

El primer volumen de la autobiografía de la escritora y activista se centra en su infancia y adolescencia: el paso  a la edad adulta

Ana Llurba - 20/05/2016 - Número 34
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Maya Angelou. Zambullirse en el cielo
Maya Angelou. WATTIE CHEUNG / CAMERA PRESS / CONTACTO
Maya Angelou (Missouri, 1928 - Carolina del Norte, 2014) pertenece a esa constelación de personalidades del siglo XX cuyas historias de vida encierran las tensiones multiculturales que aún no han sido resueltas en Estados Unidos. A lo largo de su polifacética vida profesional Angelou (nacida Marguerite Ann Johnson) fue bailarina, cantante, actriz, escritora, periodista, guionista, directora y productora de obras de teatro y profesora universitaria. Y también activista por los derechos civiles: trabajó en campañas junto a Martin Luther King, y durante una estancia en Ghana conoció a Malcom X, con el que participó en la Organización de la Unidad Afroamericana. Un par de décadas después la invitaron a leer un poema en la toma de posesión del presidente Clinton. Además es mentora y amiga de la magnate mediática Ophra Winfrey.

Sin embargo, a pesar de las dudas que podrían crear semejante currículo vital y sus contactos con el poder en el primer título (que cubre solo los primeros 17 años de su vida) de su épica autobiografía de siete tomos, no hay lecciones de moral maniquea o sermones bienpensantes.

Sorprenden la total falta de autocompasión y la ingenuidad contagiosa de la narradora de estas memorias

La infancia emerge en Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado como un territorio inhóspito y salvaje, en el que una niña y su adorado hermano sobreviven, a pesar de la constante adversidad detonada por un mundo de adultos que no comprenden del todo.

A través de su luminosa escritura Angelou explora en su historia temas como la raza, el género, la búsqueda de la identidad, la familia, la pertenencia a una comunidad y un controvertido pasado histórico común. Su estilo directo, deudor de la tradición oral afroamericana, da cuenta de su valor testimonial.

Un mundo segregado

En la Tienda (así, con mayúscula porque era la única tienda regentada por una persona de color en kilómetros a la redonda) a cargo de la omnipresente matriarca de la familia, su abuela, la pequeña Marguerite se asoma a un mundo estrictamente dividido: el de la segregación racial en un pueblito perdido en medio de Arkansas. La ausencia de contacto entre razas es tal que la narradora hasta llega a sospechar de la existencia de “los blancos”: “Recuerdo no haber creído nunca que los blancos fueran de verdad reales. Muchas mujeres que trabajaban en sus cocinas compraban en nuestra tienda y, cuando llevaban de regreso a la ciudad la ropa limpia después de la colada, con frecuencia posaban sus enormes cestos en nuestro porche y mostraban lo bien que planchaban o lo ricas y opulentas que eran las prendas de sus patrones. Yo echaba un vistazo a los artículos que no exhibían. Sabía, por ejemplo, que los hombres blancos llevaban calzoncillos, como el tío Willie, y que tenían una abertura para sacarse la ‘cosa’ y orinar y que los pechos de las mujeres blancas no iban, como algunos decían, incorporados a sus vestidos, porque había visto sus sostenes en los cestos, pero no podía hacerme a la idea de que se tratara de personas”.

Un relato de iniciación

Estas memorias son un candoroso relato de iniciación en la complejidad de la vida adulta,  en la que una torpona e insegura niña se convertirá en una joven segura de sí misma. Y  lo conseguirá después de tomar conciencia de una forma atribulada de su triple condición subalterna (mujer, negra y pobre) a través de las experiencias más imprevisibles y desgarradoras: su pertenencia a una familia pobre y disfuncional; el precoz abandono de sus padres separados; su derrotero pendular entre Arkansas, San Francisco y de norte a sur, toda la costa californiana; fue víctima de una violación a los ocho años a manos de un novio de su madre, una estancia de un mes viviendo en un depósito de chatarra hasta su primer trabajo como cobradora en el tranvía de San Francisco (otro logro de superación de las barreras raciales) y, finalmente, un embarazo no deseado, con el consecuente nacimiento de su primer hijo. 

Lo que sorprende es la total falta de autocompasión y la ingenuidad contagiosa con que una autora madura (Angelou empezó sus memorias cuando tenía 40 años) consiguió dar autenticidad a la inocente mirada de la narradora infantil que descubre con veraz extrañamiento el atroz universo que la rodea.

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado
Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado
Maya Angelou
Traducción de Carlos Manzano, Libros del Asteroide, Barcelona, 2016, 348 págs.