17/1/2020
Opinión

Paisaje para después de unas elecciones

Editorial - 01/07/2016 - Número 40
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En las elecciones del pasado domingo, el Partido Popular de Mariano Rajoy, definido en algunos autos judiciales como organización para delinquir, ha mantenido impasible el ademán.  Su jefe de campaña, Jorge Moragas, ha modulado una serie de encuentros con la gente que podía brindar el puñado de votos decisivo para los escaños discutibles. La victoria alcanzada será un caso de estudio para los politólogos y de meditación depresiva sobre la condición de nuestros conciudadanos tras ser inoculados con dosis masivas de miedo a los bárbaros. El logro de 14 escaños adicionales a los obtenidos el 20-D eleva la suma pepera de 123 a 137, es decir, le sitúa a una distancia de 52 sobre los aguantados por el PSOE, que ha resistido en segunda posición contra todo pronóstico.

  La traca de escándalos de corrupción explosionados durante la décima y la undécima legislaturas; la actitud pasiva durante el proceso de negociación para la investidura intentada por Pedro Sánchez y el deterioro de la situación económica a medio plazo para nada han pasado factura a las candidaturas del PP. La diseminación del miedo se ha hecho aplicando la dosis exacta para movilizar de modo preventivo contra Podemos, al mismo tiempo que se procedía a eliminar del escenario tanto al PSOE como a Ciudadanos. En todo caso,  la razón última de la supervivencia política de Mariano Rajoy reside en Pablo Iglesias y su partido.

Rajoy ha demostrado ser un superviviente, capaz de sobreponerse a adversarios internos y externos, abiertos o insidiosos, que habrían terminado con muchos otros políticos de talla. Vive estos días un momento dulce que le permitiría una renuncia triunfal a favor de un candidato irreprochable. Pero en vez de salir a hombros por la puerta grande por el momento parece inclinado a resistir, es decir, a enconar. Esa resistencia es la que terminó induciendo la proclama del “vale todo”, primero contra Adolfo Suárez y años después contra Felipe González.   

El nuevo Congreso que se constituye el 19 de julio acabará por investir al candidato que presente el Partido Popular con las abstenciones que sean precisas. Tendremos un gobierno en minoría, bajo condiciones y rigurosamente vigilado. Que sea cuanto antes. Los partidos que hagan posible la investidura saben bien que la oposición a la que quedan obligados para nada es irrelevante. Sus votantes deberán distinguir entre la ruptura del bloqueo y el indulto a los desfalcos y prevaricaciones pendientes de esclarecerse en los tribunales. Tendríamos así un gobierno del PP consentido que habría de conseguir los apoyos caso a caso. El país soportaría mal una interinidad indefinida.