29/2/2020
Política

Rajoy se siente fuerte

Parece que esta vez habrá gobierno, que será del PP, que será en minoría y que no se constituirá pronto dada la dificultad de los populares de alcanzar pactos con otras fuerzas y porque Ciudadanos mantiene la exigencia de que se retire Rajoy

AHORA / Rosa Paz - 01/07/2016 - Número 40
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Rajoy se siente fuerte
Rajoy después de una reunión del comité ejecutivo nacional en la sede del PP el 27 de junio. JOSE JORDAN / AFP / Getty
Esta vez Mariano Rajoy no va a rehusar la invitación del rey para someterse a la sesión de investidura. Por el contrario, dicen en el PP que ahora tiene urgencia por formar un gobierno. Se siente respaldado por los electores que les han otorgado a él y a su partido 700.000 votos y 14 escaños más que los que obtuvieron el 20 de diciembre. Cincuenta y dos más que al PSOE. De hecho, el resumen del  26-J podría ser este: el PP sale reforzado, el PSOE tocado, Unidos Podemos noqueado y Ciudadanos debilitado, mientras los partidos nacionalistas se han quedado como estaban.

Esos son los mimbres con los que se organizará la legislatura que comienza el día 19 con la constitución de las Cortes, pero también los elementos con los que los dirigentes del PP tienen que conseguir forjar un pacto de coalición, de legislatura o simplemente de investidura. Están condenados al acuerdo, obligados a encontrar la manera de forjar alianzas. Pero no parece fácil. Ni, por tanto, rápido.

El peso del pasado

A los populares les persigue la actitud intransigente que mantuvieron en los cuatro años de mayoría absoluta de la X Legislatura y en los seis meses de la XI nanolegislatura. Llegan además marcados por una avalancha de casos de corrupción y por el uso partidista de las instituciones, como demuestra el intento del ministro del Interior, Jorge Fernández, de enfangar la imagen de los líderes independentistas con la ayuda del director de la Oficina Antifraude de Cataluña.

Para alcanzar acuerdos Rajoy tendrá que demostrar una capaciddad para el diálogo aún ignota

 Así que ahora ninguno de los socios posibles parece querer pactar con ellos. Ni siquiera Ciudadanos, que parecería haber nacido para espolearlos en su regeneración. Y eso que en esta ocasión no existe la tentación de formar un ejecutivo alternativo, porque todos los partidos saben que no hay condiciones para ello y el PSOE y su secretario general, Pedro Sánchez, han asumido que esta vez les toca quedarse en la oposición e incluso aprovecharla para reconstruirse, reforzarse y constituir una alternativa de izquierdas sin competencia.

La permanencia de Rajoy al frente del futuro gobierno es otro de los escollos. Porque Albert Rivera siempre puso como condición para un acuerdo con el PP un cambio en la candidatura a la Presidencia. Pero ahora el todavía presidente en funciones ve que su posición ha salido reforzada, y si ya antes consideraba que Ciudadanos no era quién para exigirle la retirada, ahora aún desprecia más esa petición. Tampoco desde su partido nadie le va a indicar la puerta de salida. Si no lo hiceron antes, cuando su liderazgo parecía debilitado, menos ahora, y eso que algunos dirigentes populares opinan en privado que si Rajoy se fuera voluntariamente “disminuiría la presión y se facilitaría un acuerdo de gobierno”.

Ciudadanos quiere compañía

A Ciudadanos le preocupa además cargar en solitario con el peso del acuerdo, más si tienen que tragar con la permanencia de Rajoy y no tiene garantías reales de que se van a adoptar medidas efectivas contra la corrupción. Por eso busca en el PSOE la complicidad y la compañía para forzar la salida de Rajoy y para armar un pacto a tres. El PSOE es, por cierto, el socio favorito también de Rajoy, porque si el líder del PP lograra la abstención de los diputados socialistas no tendría que trabajarse unas alianzas mucho más complicadas con Ciudadanos, Coalición Canaria, el PNV y, a lo mejor, otros nacionalistas, que en un juego de apoyos, abstenciones y ausencias al pleno podrían favorecer su investidura en una segunda votación, en la que no es precisa la mayoría absoluta sino simplemente tener más votos a favor que en contra.

Al rincón de la oposición

En el PSOE, a pesar de algunas voces de veteranos notables y de algún barón como el extremeño Guillermo Fernández Vara, la opinión mayoritaria es contraria a facilitar un gobierno del PP ni con su voto ni con su abstención, de ahí que le recomienden a Rajoy que busque los apoyos entre sus afines ideológicos. La decisión la adoptará el comité federal el día 9, pero no parece que vaya a ser distinta a la que defiende la mayoría de los dirigentes con poder real, aunque la presidenta andaluza, Susana Díaz, ha evitado pronunciarse claramente al respecto. Al menos por el momento, parece que los socialistas se retiran al rincón de la oposición para tratar de restañar sus propias heridas y no se muestran dispuestos a adoptar una decisión que avive su división interna y que no sea comprendida en su electorado.

También el PNV tendrá problemas para facilitar el gobierno del PP. Porque en otoño afronta las elecciones vascas y acaba de ser “sorpassado” por Unidos Podemos en votos y escaños, y porque nunca han tenido la más mínima sintonía con Rajoy. Su decisión, no obstante, dependerá de cómo se vayan desarrollando las negociaciones con ellos y con el resto de los partidos.

Pese a tantas dificultades, todo hace pensar que habrá gobierno, que será del PP, que no se constituirá pronto porque las exigencias de Ciudadanos son de momento inasumibles para Rajoy, que no será de coalición y que la persona que ostente la Presidencia tendrá seguramente que gobernar en minoría, apoyándose en acuerdos puntuales. Rajoy no ha descartado esa posibilidad, aunque para hacerlo tendrá que demostrar una capacidad para el diálogo y la cesión todavía ignota.

Gobernar, ¿para qué?

La cuestión fundamental, no obstante, es para qué va a gobernar el PP. Qué es lo que va hacer en la próxima legislatura, si va a mantener las políticas de recorte de los servicios esenciales para reducir el déficit que incumplió en 2015, por dónde va a meter la tijera para adecuar los presupuestos que elaboró en el verano del pasado año a modo de propaganda electoral, y que la Comisión Europea le recriminó, o si va a negociar con Bruselas el fin de las políticas de austeridad en las que, según dijo en campaña el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, se han “pasado cuatro pueblos”. Convendría saber si va a mantener a un ministro que elabora dosieres contra los rivales políticos o si va a adoptar medidas reales y no retóricas de colaboración con la justica para acabar con la corrupción.

La cuestión es qué políticas hará el PP, si mantendrá los recortes sociales y si acabará con la corrupción

Estos deberían ser algunos de los elementos de la negociación para los pactos de investidura: qué política social se va a hacer, cómo se van a aumentar los ingresos del Estado, qué se va a hacer para crear empleo y acabar con la precariedad y los bajos salarios, por ejemplo. Además de qué  políticas de regeneración y de qué solución para Cataluña que rompan el inmovilismo tradicional del PP.

Y mientras esto pasa, en Unidos Podemos han encargado un sondeo para intentar entender qué les ha ocurrido, adónde ha ido a parar el millón de votos que han perdido, si se han equivocado con la campaña de las sonrisas, como recrimina Juan Carlos Monedero, o si realmente en política cinco más uno no suman seis, como advertía Íñigo Errejón. O tal vez si su líder Pablo Iglesias sufrió en su estreno parlamentario un mayor desgaste de lo que pensaron. El caso es que su apuesta por superar al PSOE fracasó y han pasado de ser decisivos para la formación de un gobierno progresista a ser la oposición de la oposición.