16/6/2019
Libros

Paola Drigo. El largo invierno del incesto

Considerada como la última de los escritores veristas, la autora ambienta esta historia en la montaña friuliana

AHORA / Zita Arenillas - 16/09/2016 - Número 51
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Giovanni Verga (Catania, 1840 - 1922), uno de los mayores exponentes del verismo italiano, dejó incompleto su proyecto sobre i vinti [los vencidos], sobre aquellos que “la corriente ha depositado en la orilla, después de haberlos arrastrado y ahogado”, como dice en el prefacio de Los Malavoglia (1881), la primera de las que iban a ser cinco  novelas. En 1861 se había proclamado el Reino de Italia, es decir, la unificación bajo un mismo nombre de una enorme variedad social y económica. Y lingüística. En la primera sesión del Parlamento, Massimo d’Azeglio pronunció la famosa frase “Ahora que Italia está hecha, hay que hacer a los italianos”.

Los veristas, como los realistas, querían plasmar de la manera más objetiva posible el tejido social de esa nueva Italia. Los protagonistas  de sus textos son, sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres, los herederos de tradiciones seculares que empiezan a ver que la modernidad va (o debería) a cambiar sus vidas.

La novela de Paola Drigo (Castelfranco Véneto, 1976 - Padua, 1938) Maria Zef, que ahora ha sido traducida al español, fue publicada por primera vez en 1936. Ese mismo año salió Fine d’anno. Previamente se habían podido leer tres antologías de sus relatos. El crítico y periodista Arnaldo Bocelli, que no se calló su opinión poco positiva sobre Maria Zef, consideraba a Paola Drigo como la última de los escritores veristas. Pero mientras estos, y en especial Verga, dirigieron su mirada sobre todo a la Italia meridional (la unificación evidenció la brecha entre el norte y el sur), la novela de Drigo tiene como escenario la montaña friuliana, los llamados Alpes cárnicos.

Maria Zef es un relato desgarrador sobre el violento despertar a la edad adulta de una joven de 14 años

Maria Zef es un relato desgarrador sobre el violento despertar a la edad adulta de Mariùte (Maria), la protagonista, una joven de 14 años.  Ella es quien tira, como si fuera un caballo, de un carro en el que transporta la mercancía que tiene que vender. “Càndole, candolini, sculièri, menèstri, mujeres” (Cazos, cuencos, cucharas, cucharones), grita cuando entra en los pueblos. No va sola: con ella están su madre y su hermana pequeña, de unos cinco años. Durante el buen tiempo, las tres bajan de la montaña e intentan vender la mayor cantidad posible de utensilios para, a su vez, poder comprar la comida necesaria para pasar el duro invierno en su mísera cabaña, aislada de cualquier forma de vida que no sea la de las ovejas. Mariùte es alegre. Lo que más le gusta es cantar villotte, canciones tradicionales, y la gente le pide bises.

Pero un día su madre, que ya parecía enferma desde hacía tiempo, muere, y ella y su hermana Rosùte tienen que esperar a que las venga a recoger Barbe Zef (tío Zef), el hermano de su difunto padre, que vive con ellas en la montaña. Y Mariùte se da cuenta de que tiene que asumir, a su corta edad, todas las obligaciones y responsabilidades de su madre: matar chinches y escorpiones, limpiar la casa, remendar la ropa, cocinar, limpiar el estiércol amontonado en el aprisco... Pero la orfandad es solo el inicio de la desgracia de Mariùte.

Llegan el frío invierno y la nieve, que “tampoco medía con el mismo rasero a todos los pobres”; Rosùte, que es su única alegría y el motivo por el que soporta lo insoportable, tiene que ser ingresada en el hospital, pero las cuatro horas a pie que separan Forni de la cabaña no hacen posible visitarla; Barbe Zef vuelve a beber. Y sucede lo que era previsible, la brutal violación, que se repetirá en varias ocasiones. El paisaje, la naturaleza se trocan en metáfora de la nueva vida de Mariùte: Bosco Tagliato, una zona de árboles talados cuyas raíces “emergían a flor de tierra como enormes tentáculos”, es donde va a refugiarse cuando puede, porque allí siente la presencia de su madre: “Tal vez la vida fuera aquello, un desierto mutilado, para todo el mundo, no solo para ella... Tal vez hubiese que aceptar la vida incluso en medio de tanta soledad, de tanta mutilación...”. Sin embargo, Mariùte decidirá intentar salvarse. No como hizo su madre.

Maria Zef
Maria Zef
Paola Drigo
Traducción de Paula Caballero y Carmen Torres, Periférica,
Cáceres, 2016,
232 págs.