18/9/2019
Opinión

Podemos y la ciudadanía digital

Un partido no profundiza en procesos participativos cuando aumenta las ocasiones de votar, sino cuando fomenta procesos democráticos de toma de decisiones con discusión pública

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Podemos y la ciudadanía digital
patricia bolinches
Recientemente hemos asistido a una consulta sobre los pactos de gobierno convocada por Podemos para que sus bases eligieran entre la opción apoyada por la dirección de un “gobierno a la valenciana” o, por el contrario, avalaran el pacto suscrito entre “Rivera y Sánchez”. El “aplastante apoyo” de las bases a la cúpula, tal y como han afirmado algunos medios de comunicación, se traducía en un 91,79% de los votantes que dijeron sí al planteamiento sugerido por la cúpula, con una participación del 40% del censo con derecho al voto, y un 72,2% de aquellos que han utilizado su cuenta en el último año, o los llamados “inscritos activos”.

La consulta convocada por Podemos se hace en un contexto en el que cada vez es más frecuente la participación política vía internet. Incluso ahora los líderes políticos prefieren canales de comunicación como Twitter para relacionarse “directamente” con los votantes porque eso potencia “su marca personal”. La participación por internet ya forma parte de nuestras actividades cotidianas porque el esfuerzo que requiere es muy pequeño, y cualquier usuario ordinario puede generar incluso contenidos propios a través de vídeos, fotografías y opiniones de naturaleza política y colgarlos en sus redes sociales personalizadas.

La participación por internet forma parte de nuestras actividades cotidianas: requiere un esfuerzo pequeño

En un extraordinario libro publicado recientemente por cuatro politólogos bajo el sugerente título de Turbulencia política (Margetts, John, Hale y Yasseri) se explica en qué sentido la preponderancia de las redes en nuestra sociedad genera este tipo de microparticipaciones masivas, consistentes en actos pequeños (tiny acts) como firmar, votar o compartir contenidos de naturaleza política susceptibles de circular viralmente cuando con una simple tecla los podemos trasmitir a través de nuestros móviles.

Este slacktivism o “activismo blando”, que incluye las consultas que pueda convocar un partido político vía internet, aparece como integrante de un modelo emergente de “participación política” que va caracterizando progresivamente la impronta de nuestra vida política. En la medida en que permite convocar a las bases con relativa facilidad y periodicidad, y brinda la posibilidad de efectuar una votación directa, las decisiones adoptadas al hilo de esa votación gozan de un plus de legitimidad porque “son las bases las que hablan”. Desde esa tradición roussoniana de la democracia en la que participación es lo opuesto a la representación y en la que cualquier mediación ejercida por el Estado, por un partido político o por un representante implica siempre alienación y, por tanto, déficit democrático, incrementar los mecanismos participativos en el proceso de toma de decisiones conlleva siempre incentivar las lealtades políticas. Sin embargo, este sueño roussoniano de democracia participativa se alimenta de cuatro falacias.

En primer lugar, las votaciones se plantean como ratificaciones de acuerdos que previamente ya se han tomado, y en cuyas discusiones políticas rara vez participan las bases. Más que a una “democracia participativa”, asistimos a una “democracia ratificativa”, en la que la cúspide de un partido político decide tanto el contenido de las preguntas como el momento en el que las formula. De la cúpula sigue dependiendo cuándo y cómo se convoca a las bases, haciendo susceptible de convertir la consulta en un plebiscito a favor del líder.

En segundo lugar, esta concepción de la dimensión participativa de la democracia se sostiene bajo la idea de que aquello que aumenta el grado de legitimidad en la consulta es el número de personas que votan, no la calidad de esa participación. Sin embargo, como sostiene Claus Offe, nadie garantiza una relación lineal positiva entre participación y juicio político informado. El desafío que plantean las redes sociales de internet en la actualidad no consiste en cómo incrementar el número de votantes o los espacios de participación, sino en cómo introducir procedimientos que permitan alcanzar a los individuos juicios meditados sobre las cuestiones políticas. Se trata de procurar un tipo de participación a los ciudadanos que no se limite a darles un mayor grado de poder, sino que realmente ofrezca oportunidades y capacidades para ejercer ese poder conscientemente (David Held).

Una cosa es votar y otra tener voz. ¿Qué influencia real y qué voz tienen las bases y círculos de Podemos?

En tercer lugar, esta democracia radical que brinda ese control directo de la política para la gente en realidad acaba reduciendo la ciudadanía al hecho de tener meras preferencias políticas. Pero ejercer la ciudadanía es algo más que tener preferencias políticas. Además de eso, es necesario saber defenderlas cuando las confrontamos con otras, justificarlas públicamente con argumentos y juicios políticos razonados o ponderar cuáles son las consecuencias derivadas de la satisfacción de esas preferencias porque se han contrastado con otras. Es lo que algunos teóricos de la democracia calificaron hace más de 20 años como la dimensión deliberativa de la democracia, precisamente para reaccionar a este entendimiento de la democracia que legitima las decisiones colectivas simplemente a través del voto o por la regla de las mayorías. La nueva esfera pública propiciada por internet plagada de esos “pequeños actos” participativos, en realidad se va despolitizando porque no cuenta con el elemento de la deliberación pública que es característica de lo político (Hannah Arendt).

Por último, tener la opción de votar es distinto de tener voz e influencia política. Defender el sufragio no es suficiente sin una estructura democrática que garantice una voz influyente (Stuart Mill). ¿Qué influencia real y qué voz tienen las bases de Podemos, sus círculos? En democracia, la exclusión toma primero forma de silencio. Una voz deja de ser escuchada porque no cuenta proporcionalmente o porque no es lo suficientemente fuerte como para ser oída. Un partido no profundiza en procesos participativos cuando aumenta las ocasiones de votar, sino cuando fomenta verdaderos procesos democráticos de toma decisiones que llevan a discusión pública cuestiones de poder político. Hablamos de procesos democráticos con ciudadanos activos y críticos, que reclaman información, transparencia y espacio para la deliberación. Frente a esto, tal vez ese modelo de ciudadanía digital va asentando una concepción de ciudadano de bajo perfil político que asiste más a un simulacro de participación, antes que a su auténtica realización efectiva.