19/9/2021

Polariza que algo queda

Editorial - 10/06/2016 - Número 37
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La campaña electoral que se inicia el viernes 10 de junio parece diseñada por algunos de los contendientes para promover la polarización. A pesar de que fueron los partidos más centristas, Ciudadanos y PSOE, quienes más se esforzaron por lograr un acuerdo de gobierno durante la fracasada legislatura anterior, la estrategia de las dos formaciones más extremas, Partido Popular y Unidos Podemos, estaría logrando que ambas quedaran exentas de responsabilidades y en disposición de ser las más votadas y con atribución de más escaños. Es de imaginar la satisfacción de Unidos Podemos, convertida así en la fuerza principal de la izquierda cumpliendo el sorpasso que dejaría al PSOE en situación catastrófica. Cuestión diferente es que si así fuera, el máximo ganador sería el PP, cuyas probabilidades de mantenerse en el Gobierno, aunque fuera de una manera precaria, crecerían, una vez que otras fuerzas fueran presionadas para abstenerse para hacerlo posible. En el caso de que fuera el PSOE quien acabara la carrera en segundo lugar, cabría un acuerdo de gobierno con Unidos Podemos una vez se pasara del apocalipsis a la integración.

Sea como sea, el primer interesado en una campaña y un resultado muy polarizados es el PP, que comparte con Unidos Podemos el objetivo estratégico de la destrucción del PSOE. De manera que, paradójicamente, mientras trata de destruir el centro el PP insiste en presentarse como el partido de la moderación, de las clases medias, de la eficaz gestión de la economía. Queda fuera de discusión la legitimidad del PP, en tanto que partido valedor de los intereses y las ideas de muchos millones de españoles, pero tampoco puede discutirse que en estos últimos años —no solo los cuatro en que tuvo mayoría absoluta en el Congreso, sino en las décadas en que gobernó comunidades autónomas y ciudades— su comportamiento ha sido receloso de las libertades individuales, desinteresado en el bienestar de los más necesitados, sesgado por una visión elitista y clientelar del poder político y entregado a la siembra del antagonismo. La ley mordaza, la supresión de servicios públicos básicos para inmigrantes y desempleados y una inacabable lista de casos de corrupción así lo demuestran.

Esta campaña electoral parece particularmente vacía de ideas, de propuestas, de programas. Todo se ha fiado al poder de la escenificación. Aunque sea una tendencia en todas las democracias occidentales, se trata de un irresponsable error. Acabaremos pagando todos el vaciamiento de la democracia. Y eso puede beneficiar a los posicionamientos más radicales y menos abiertos a la búsqueda de transacciones. Si el próximo Congreso está tan fragmentado como auguran los pronósticos, lo más necesario será el diálogo y una genuina disposición a la moderación y el pacto. Si gana el espectáculo, ganarán los intransigentes de uno y otro extremo ideológico.