23/6/2017
Política

Quieren la cabeza de Sánchez

Los críticos con el líder del PSOE quieren forzarle a dimitir tras los resultados vascos y gallegos, pero temen que él se escabulla convocando una consulta a las bases sobre el no a la investidura de Rajoy o sobre un pacto con Podemos

AHORA / Rosa Paz - 23/09/2016 - Número 52
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Quieren la cabeza de Sánchez
Pedro Sánchez rodeado de mujeres tras un acto electoral en Vilagarcia (Pontevedra). lavandeira jr / eFE

Se acerca el 26-S, el día siguiente de las elecciones vascas y gallegas en las que durante un mes estuvieron puestas las esperanzas del desbloqueo político, con la sensación de que los resultados de los comicios no contribuirán a cambiar la situación. El convencimiento generalizado de que el PNV saldrá reforzado de las urnas aleja cualquier posibilidad de que sus cinco diputados vayan a votar la investidura del candidato del PP y presidente en funciones del Gobierno, Mariano Rajoy.

Así que tras estas semanas de paréntesis, todo parece volver al punto en que se encontraba el 2 de septiembre, cuando Rajoy perdió la segunda votación de investidura con 170 votos a favor y 180 en contra. O a una situación aún peor, porque hechos como el fallido nombramiento del exministro José Manuel Soria para un alto cargo en el Banco Mundial o la resistencia de Rita Barberá a dejar el Senado después de que el Tribunal Supremo haya decidido investigarla por blanqueo de dinero no ayudan a que Ciudadanos mantenga su apoyo. Aun suponiendo que lo haga, la suma no supera los 170 votos. Al PP le faltan otros seis a favor u 11 abstenciones para poder investir un presidente del Gobierno, sea Rajoy u otra persona que lo sustituya. Y ninguna de las dos cosas parece, por el momento, probable: que consiga esos votos o abstenciones —llamar “antipatriota” a Pedro Sánchez no favorece la posibilidad de lograrlos— o que Rajoy sea relevado. Los analistas ven cada vez más probable unas terceras elecciones.

Lo que vaya a ocurrir sigue dependiendo del PSOE. Mientras el PP transmite una imagen de unidad granítica —aunque está corroído internamente por la incapacidad de su líder para afrontar la corrupción y para obtener los apoyos que necesita—, la izquierda muestra sin pudor sus divisiones. La de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón sobre la estrategia de Podemos y la de los dos bandos del PSOE, que se preparan para otra batalla interna. ¿La última?

Que dimita el domingo

Por un lado están los barones y los notables críticos —la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, y los presidentes de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, Asturias, Javier Fernández, Comunidad Valenciana, Ximo Puig, Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, y Aragón, Javier Lambán, más los ex secretarios generales Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba— que quieren la cabeza del secretario general, Pedro Sánchez, si los resultados del 25-S responden a las previsiones. “Somos cuartos en el País Vasco, quintos en Cataluña, puede que terceros en Galicia... ¿qué es lo que nos va a vender Pedro tras el recuento? ¿Que hemos perdido menos de lo que decían las encuestas?”, se pregunta un dirigente crítico que recuerda las derrotas consecutivas: los 90 escaños del 20-D, los 85 del 26-J y lo que pase el domingo, “que no será bueno”. Así que en esa parte del PSOE no ven otra salida, “para no hundir más el partido”, que la de que Sánchez “dimita esa misma noche tras conocer los resultados y se forme una gestora que dirija el partido hasta el congreso”.

Los barones del PSOE que quieren la abstención tienen miedo de que no lo entienda la militancia

No parece que esa sea, sin embargo, la intención del líder socialista, a quien pueden no afectarle mucho las presiones de este domingo, acostumbrado como está a superar el chaparrón de coacciones que le está cayendo, de dentro y fuera del partido, desde las elecciones del 20 de diciembre. Cuenta con el apoyo del núcleo duro de la ejecutiva, la presidenta de Baleares, Francina Armengol, y el de los líderes del PSC, Miquel Iceta, y la del PSE, Idoia Mendia. “Está prácticamente solo”, dicen sus críticos, pero admiten que con Sánchez está la mayor parte de la militancia socialista que no quiere que el PSOE facilite la investidura de Rajoy ni de otra persona del PP. Muchos de esos militantes han ido acercándose a su líder como reacción a las presiones tan explícitas que recibe desde dentro del partido pero, sobre todo, de los poderes económicos y mediáticos.

Por eso el mayor temor de los discrepantes es que el líder socialista convoque una consulta a las bases, que saben que ganará. “Pedro es capaz de descolgarse el mismo lunes con el anuncio de un referéndum para que los militantes voten lo que sea, un acuerdo de investidura con Podemos o simplemente el no o la abstención a Rajoy”, señala uno de los barones críticos. Y de ahí la urgencia de plantearse cómo forzarlo a dimitir.

Las bases mandan

No lo tienen fácil. Porque, pese a la total incomunicación entre los dos bandos confrontados, Sánchez conoce las intenciones de sus oponentes y se prepara para responder. En parte está tranquilo porque sabe que en el comité federal, que ha convocado para el siguiente sábado, 1 de octubre, es difícil que los críticos se atrevan a defender la abstención en la investidura de Rajoy. No porque no la deseen —los presidentes autonómicos están desesperados porque no hay techo de gasto y no saben qué presupuestos tendrán para sus comunidades— sino porque temen que las bases no lo entiendan.

“Se ha llegado demasiado lejos con el ‘no es no’ y ahora no hay manera de rebobinar y explicarles a los militantes la importancia de que haya un gobierno y de que el PSOE actúe con responsabilidad”, señala a AHORA un notable del sector crítico, mientras que otro admite que “ahora los militantes te dicen que prefieren ir a unas terceras elecciones aunque sea para perder, pero para perder con dignidad”.

Podemos y los nacionalistas

Algunos oponentes de Sánchez piensan que puede estar fraguando un acuerdo para gobernar con Podemos

En lo que no se ponen de acuerdo los críticos es en saber cuáles son las intenciones últimas de Sánchez, salvo la de “permanecer en la secretaría general”. Unos piensan que intentará de nuevo ser investido con el apoyo de Podemos y de los nacionalistas e independentistas, dado que Ciudadanos, de momento, parece no estar dispuesto a participar en ese acuerdo. Un pacto que el comité federal del PSOE podría arrumbar, pero que el secretario general podría ganar en un referéndum a las bases.

Otros, sin embargo, consideran que esa hipótesis es inviable, porque creen improbable que a Podemos le interese alcanzar esa alianza con Sánchez. Los que descartan un nuevo intento de investidura piensan que lo que quiere su secretario general es ir a unas terceras elecciones, convencido de que el PSOE saldrá mejor parado en diciembre de 2016 de lo que salió el 20 de diciembre de 2015 y el 26 de junio pasado, porque Podemos, que ya perdió un millón de votos en esa última convocatoria, sigue perdiendo fuelle electoral. Si el domingo En Marea no superara al PSdeG-PSOE, esa previsión que atribuyen a Sánchez y a su equipo se vería reforzada.

En lo que sí parecen coincidir todos, los críticos y Sánchez y los suyos, es en atribuirse mutuamente la profunda división del partido, que atraviesa una situación de bloqueo difícil de resolver. Aunque en esta ocasión están convencidos de que a Susana Díaz “no le queda más remedio” que disputarle a Sánchez la secretaría general, temen que el actual líder le gane con el apoyo de las bases que tienen que votar, como ocurrió cuando fue elegido en julio de 2014, antes del congreso. Forzar su dimisión les facilitaría las cosas.